domingo, 23 de marzo de 2014

Mientras unos corren la Milan-San Remo, otros...



Desde el primer momento estuve desconfiado con las predicciones de los sucesores de Mariano Medina. Me lo tomé como un reto en el que, de salir ganador, se lo restregaría por los morros a semejante panda de alarmistas.


Parece ser que, desde hace una semana, los ordenadores de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) comenzaron a vaticinar que este weekend la cuestión de andar en bicicleta iba a estar bastante chunga. Los hombres del tiempo, y las mujeres también, se encargaron de ir metiendo el miedo en el cuerpo y así, poco a poco, ir haciéndonos a la idea de que el sol que disfrutábamos era cosa pasajera, que lo verdaderamente importante no era el presente sino el futuro. Poco importaba que en el Valle de Ultzama la temperatura era la ideal; que la hierba creciera sin descanso; que los árboles, sin darnos cuenta, cogieran un tono verde que asombra; que subiendo el puerto de Velate el sol nos comiera los brazos cuando atravesaba las mangas negras del maillot de moda. ¡No! Lo verdaderamente guay era saber que una borrasca, negra como un pecado mortal, iba a jodernos vivos este fin de semana. Esto me hace caer en la cuenta de lo conveniente que resulta no saber la hora ni el día en la que se muere el personal. ¿Os imagináis lo chusko que resultaría oír en el telediario, con una semana de antelación, la hora del fallecimiento de cualquiera de vosotros? ¿Saber que, por mucho que fueseis alegres por la vida, el viernes por la tarde comenzaríais con un dolor en el costado y que el domingo por la mañana… RIP? ¡Pues eso!


A lo que vamos; los sosos han acertado. ¡Si supieseis lo bonito que resultaba ver caer los copos de nieve por el barrio de Iturrama! Igual que en San Juan, Mendillorri, Rochapea, San Jorge, Chantrea, Echavacoiz, Mendebaldea, Azpilagaña, Ermitagaña, Bustinzuri, La Milagrosa, Casco Viejo… ¿Tal vez me he dejado alguno? Me imagino cuántos estábamos mirando a través de los visillos como cualquier vieja con el corazón partío, dilucidando si seguir con la cara de bobo pegada al cristal o largarse al gimnasio a oler un ratillo a sudor ajeno.


Poca gente se ha decidido por la segunda opción; apenas 20 humanos estábamos dándole al músculo. El amigo “escalador” suele decir a las del paseo fluvial que “el andar engorda” y tiene razón: a la mayoría de los que estábamos allí (hablo en género neutro) les sobraba una catarbada de grasa, así que lo mejor será no acercarse a esos lugares, no vaya a ser que el sobrepeso se coja yendo al gym y no al revés.


Estiramientos, algo de pesas, levantamiento de peso con las piernas, hay que trabajar los abdominales, un poco de bicicleta y bastante más de remo. El momento glorioso de la mañana ha venido cuando he conseguido dejar atrás a una coetánea de Los Brincos luchando en el banco de la trainera de Orio ¡glorioso! ¡ahí te quedas, montón de humo! Todo esto lo he pensado sin acritud, no seais malos.


A la salida del horno he creído conveniente ir a visitar a las chicas de la Rochapea y tomarme un café con palmera mientras me enteraba de que hoy mi querido Real Madrid se las verá con el equipo del país chiquitín de ahí arriba a la derecha. ¡Cuánto meacolonias hay por el mundo!


Hasta pronto. Bs.


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