El lunes pasado aparecí en Villafranca del Bierzo, lugar muy cercano geográficamente a la provincia de Lugo pero con un pequeño inconveniente para llegar a ella: hay que subir O Cebreiro.
Durante los días previos a mi partida las noticias no eran halagüeñas en cuanto al tiempo meteorológico, por TV asomaban los peregrinos de Santiago como sombras debajo de los copos de nieve; yo tuve mucha suerte, no vi la nieve y, en su lugar, no ha habido otra cosa que sol. ¡Sí, en Galicia! Sol y más sol. ¡Joder! Ya no sabía que forma tenía, era redondo, amarillo, daba luz, tenía alegría el jodido, encima su calor no era atosigante ¿qué más podía pedir?
Delante de mi tenía 88 kilómetros por recorrer y de los que no tenía la menor idea de cómo serían. La guía del camino decía que, cada nada, había algo: un alto, una venta, un monte (y otro), un pueblo, una fuente, bosques de eucaliptus. Si alguien se ha perdido, volvemos a empezar: un alto, una venta, un monte, ... Esta diversidad ayudaba mucho para alcanzar la meta que estaba bastante lejos o, al menos, me lo pareció.
En esta crónica de hoy es mucho más importante lo que se ve que lo que lo que se lee, así que os pido disculpas y cambio la tecla por el archivo de fotografías que hice viendo el Fin de la Tierra.
Se tiene la costumbre de quemar el calzado que te ha ayudado a llegar hasta allí. Existen unas "barbacoas" para la quema y, la verdad, no todos queman zapatos, he visto calcetines, calzoncillos, en fin, lo que tenían a mano. En esta fotografía de al lado veo el disco de un freno ¿véis? lo que tenía a mano el peregrino.
¡Qué cosas tiene la vida! He regresado a mi tierra desde Fisterra, había oído que por allí las cosas eran duras, muy duras. Miro por la ventana y, si no fuera por el green de la Vuelta del Castillo, pensaría que el Fin de la Tierra está aquí.
Hasta pronto Bs.
Pensaba que ibas a hacer crónica de cada etapa desde Villafranca del Bierzo. La foto panorámica me encanta.
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