jueves, 9 de mayo de 2013

Ella y nosotros

Se había convertido en una cuestión personal, ella se sabía más fuerte que nosotros y no lo podía permitir.
Estoy seguro de que todo lo que os cuente os sonará a conocido, es natural; al fin y al cabo vivimos en Pamplona y nuestro radio de acción siempre gira alrededor de Iruña ¡no puede ser de otra manera! El día que traslademos nuestra residencia a Ochagavía subiremos a la Virgen de las Nieves mucho más frecuentemente de lo que lo hacemos ahora, es natural.
Empiezo: Los Tres de Castilla, como un clavo a las 9 de la mañana en Cizur ¿lo recordáis? Peregrinos, madres que llevan los hijos a clase, gente con “cara del que sabe” al trabajo, niñas con minifalda a cuadros al colegio de Miravalles, la sequoia que tenía un color rojizo y va tomando un tono verdoso que inspira confianza, en fin, nada fuera del orden establecido.
El escalador ha querido mostrarnos su poderío en el llano y nos ha llevado al cruce de Anoz a buen ritmo, algo menos que cuando lo hizo Rufino, pero se le ha acercado mucho. En la cuesta se me ha ocurrido continuar con el ritmo que traíamos y, en Irurzun, me han echado una bronca “que dios tirita”: chulo, alardes, fascista (están llenos de complejos). Me han engañado y, de buenas a primeras, me he visto subiendo el Puerto de Madoz; reconozco que ha sido una verdadera delicia hacerlo y, mucho más, bajarlo rumbo a Lecumberri. Lo que sigue todos lo conocéis: Ventas de Urriza, fotos en la subida y café en Jaunsarás. Todo se ajusta a la costumbre, todo el lugar está enclavado de lleno en una zona magnética que hace imposible que el GARMIN señale en las cuestas arriba menos de 33 kms/hora y en el llano 45; es una verdadera locura muy agradable de vivir: la “catalina” suena con rabia, estamos listos para sortear los baches, el relevo llega pronto y, así, alcanzamos el cruce de Ciáurriz.
Ahí estaba ella, sabía que estábamos a su merced y no lo ha desaprovechado, primero nos ha obligado a ponernos el chubasquero y por Sorauren hubiera sido necesario el traje de buceo. No hacía demasiado frío y la venganza no ha sido completa. Llevábamos tres días sorteándola pero hoy lo ha conseguido: calados y la bicicleta llena de porquería. A veces, por ejemplo hoy, pienso que andar bajo la lluvia no resulta tan malo como parece y estoy decidido a hacerle un corte de mangas a esa prepotente: ¡ya no haces tanto daño como en el invierno! estamos en primavera y eres necesaria para mantener el verdor del campo ¡nada más, aquí y en Benabarre!. Nos ha faltado un poco para alcanzar los 100 kilómetros de recorrido, 27 kms/hora de media y, otra vez, velocidad máxima de 72 kms/hora bajando el Alto de San Migueltxo. Nada nuevo bajo el sol. Toño, tomo nota y sopesaré la idea de cambiar la tortilla francesa por la txistorra de Larrasoaña.
 Hasta pronto. Bs.

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