Todos sabemos que el ciclismo es
un deporte muy celoso. No le gusta compartir protagonismo con ninguna otra
actividad deportiva y, a lo sumo, ha permitido que lo anuncien en el mismo
cartel junto con la natación y el pedrestrismo, hablo del triatlón. He querido retar a mi deporte jugando a
albañil y lo he pagado caro: me encuentro más encorvado que el Jorobado de
Notre Dame.
Entre papeleta y papeleta de
antiinflamatorio, periódicos y tablets, he caído en un pensamiento recurrente:
el ciclismo vintage. No sé a vosotros,
pero ¿os dáis cuenta que, de una manera
natural, aquellos ciclistas que durante años leemos sus nombres en los diarios,
los oímos nombrar en la TV y, algo menos, en las emisoras de radio, de repente se
esfuman y los olvidamos? La pescadilla comienza a rodar y a morderse la cola;
conforme desaparecen unos, van
apareciendo otros y estos, a su vez… ¡en fin! El ciclo de la vida.
Sucede que, un día, haciendo
sitio en el trastero, decidimos tirar al contenedor de “papel y cartón” unos
cuantos metros cúbicos de antiguos Miroir de Cyclisme y los más actuales ejemplares de Ciclismo a Fondo. El remordimiento se apodera de nosotros y, con el
fin de descargar la conciencia, antes de arrojarlos al ciclo de la pasta de
papel, echamos una última ojeada a nuestro olvidado tesoro ciclista. Nos damos
cuenta de la evolución que han tenido los
componentes de las bicicletas, lo delgaditas que eran entonces y lo gordas que
se han puesto ahora. Casi nadie llevaba casco, a lo sumo chichonera de cuero.
Todos los ciclistas tenían su propia fisonomía, ¡ya no! ahora presumen de cara
uniformada, encuadrada por el casco y sus agresivas gafas. Me viene un pasaje
de una canción de Franco Battiato que dice:
-“Hay quien se pone unas gafas de sol por tener más carisma y sintomático misterio”-
-“Hay quien se pone unas gafas de sol por tener más carisma y sintomático misterio”-
En esas estaba cuando he cogido
un montón de ejemplares de los años 93 y 94 (siglo XX). El número uno del
ciclismo mundial era un muchacho que nació en mi tierra, en Navarra. Tengo la
impresión de que no le hubiera importado demasiado haber nacido en cualquier
otro lugar del mundo pero, sus características personales y su educación, son
inequívocamente de aquí; se nota que su entorno familiar y geográfico es de
Navarra. Hablo de Miguel Induráin.
Por aquella época había un buen
número de ciclistas rusos y, entre tantos, lo lógico era que saliera algún sargento,
teniente o capitán del ejército soviético dispuesto a ponerle las cosas tiesas al bueno de Miguel. Me
acuerdo de Ugrumov y de los locutores de la SER rezando en directo para que
Piotre no se pusiera de líder en el Giro del 93 desbancando al de Villava. Al
año siguiente le tocó el turno a Eugeny Berzyn, se llevó el Giro de calle y
truncó la racha de mi paisano en Italia. Por cierto, en los foros de internet a
los más osados les gusta preguntarse cuando le tocará a Miguel Induráin
aparecer en algún escándalo de doping. Son gente ruin, cainitas los llamo yo,
personas con el colmillo retorcido y perteneciente a la familia de los suidos
(cerdos). No nos desviemos del tema, Berzyn; ¿dónde estás Eugenio? ¿qué tomaste
aquel año? ¿se acabó la pócima? ¡pobre!
Hubo más exsoviéticos por
aquellas fechas: Konyshev, Tchemil, Poulnikov. ¿Qué fue de ellos? La inexorable
pescadilla seguía rodando y poco a poco fueron engullidos por su propia boca.
Todo eso ha venido a mi memoria
cuando hoy hacia sitio en las estanterías del trastero.
Hasta pronto. Bs.
En Marca se preguntaron lo mismo sobre Berzin hace un tiempo: ¡vendedor de coches en un pueblo italiano! Ahí lo vamos a encontrar... Por cierto, la foto no tiene desperdicio, cualquiera diría que hizo deporte en su vida este muchacho... http://www.marca.com/2011/06/30/ciclismo/1309448989.html?a=ORA1f5c6148b2a98d8c590137e8bbddccde&t=1382024981
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