jueves, 24 de octubre de 2013

¿Nos aliamos con el viento?


Después de unos días revueltos con el viento muy presente y la lluvia a la vuelta de la próxima curva, ayer, los “tres” enseguida nos pusimos de acuerdo. No fue necesario quitar muchos minutos al partido de la jornada.

Las App’s  pronosticadoras del tiempo, los maldonados, los florenci rey, todos decían lo mismo: -“temperaturas suaves propiciadas por el aire recalentado procedente del SE”-

Si queremos volver con el aire pegando con fuerza en el sillín, la solución es muy sencilla, sólo tenemos que orientarnos hacia cualquiera de los “sures” de Pamplona. Al principio nos preguntaremos de quién fue la idea de airearnos tanto y cuanto, pero después, todos nos apuntaremos a levantar el dedo diciendo: ¡yo! ¡yo! ¡yo he sido el listo! cuando disfrutemos de los platos gordos y las coronas pequeñas y se nos acerquen las imágenes de Iruña por cualquiera de los accesos de “abajo”.

Bien, la cita, para no perder la costumbre, en Cizur. Se nota que el año camina hacia el invierno y nuestros eternos amigos los peregrinos de Santiago ya no son tantos; apenas dos orientales y tres o cuatro desparramados de producción nacional. Sin duda que hemos aprendido a introducirnos en la bocanada del viento y, tras unas cuantas miradas al negro del pavimento y a las escolleras de potasa, nos hemos encaramado en el alto de Subiza. En Campanas hemos tenido que compartir ruta con los habituales de la general, ya se sabe: camiones, furgonetas y automóviles haciendo “el calamar”. Luego dicen que es malo fumar ¡peor resultan los tubos de escape que, sin descanso, acompañan hasta el cruce de Artajona!

El viejo campamento del Carrascal casi ni mirar; el culpable era el viento: ya no nos pegaba de cara o de costado, empezaba a acariciarnos el jopo y, con su suave roce, hacía que por Olcoz se adivinase que la subidita siguiente iba a ser movida. Así, con alguna que otra bronca de algún que otro “bocas”, hemos bajado la Txapela y ya en Artajona el aire era un amigo del alma, un querido amigo de los de toda la vida, un amigo como Dios manda.

En Puente la Reina, justo en La Conrada, la Federación Navarra de Ciclismo acaba de abrir otra delegación para atender a los numerosos ciclistas que se acercan a comer los pintxos que, tan amablemente, te sirven en la terraza del bar.

 

Desde el pueblo de mi padre, subiendo a Orendáin, nos dirigimos a casa. Resulta una ruta muy amistosa, abrigada y con la justa medida para dejar pasar el airecillo necesario para que mires con orgullo el GARMIN y veas que los dígitos de la velocidad serían la envidia de Míkel Azparren en su Camino de Santiago del pasado mes de Agosto.

Hemos intentado subir la cuesta de Arguiñáriz pero, cuando apenas llevábamos un kilómetro de carretera descarnada y un rebaño numeroso de ovejas a nuestro lado, ha empezado a lloviznar: amiguitos ¿nos piramos de aquí?

No ha hecho falta preguntar otra vez, hemos vuelto a nuestra velocidad de crucero y, por el Oeste (Mendebaldea) nos han visto entrar los aficionados al ciclismo, los otros ¡no!, esos no nos han hecho mucho caso.

¡Oye, buena vuelta! 85 kilómetros dan mucho para contar pero ahí queda resumido.

Hasta pronto. Bs.

 

 

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