lunes, 16 de marzo de 2015

El nuevo ciclismo ya está aquí.



Estamos metidos de lleno en la temporada ciclista. Ayer terminó la París-Niza y todavía continúa la Tirreno-Adriático. Cualquier domingo de estos nos sentaremos como clavos delante del televisor para ver la primera de las grandes “clásicas”, la classicissima,  La Milán-San Remo. 

Esta carrera me pone los pelos de punta: el pelotón es interminable. Parece como si todos los equipos se pusieran sus mejores galas y lucieran sus colores fosforitos luchando por las primeras posiciones. Seguramente la lluvia aparecerá y, como si nada, bajarán por estrechas carreteras en busca del Poggio. Los Pasos de Turchino y Cipressa mejor ni nombrarlos: ¡quedaron atrás!

Esto es ciclismo del bueno, del auténtico, con solera, del de toda la vida. No tiene nada que ver con las nuevas carreras que poco a poco, como los supositorios, nos han ido metiendo en el calendario y que no hay tío que las siga (creo). Hablo de las que se celebran a principio de año en USA, Argentina, Australia y países árabes. Carreras que sirven para cubrir expedientes y que, de no buscarlas en páginas especializadas, difícilmente encontraríamos noticias de ellas.

Bien, dejémoslas estar; por lo menos sirven para que los ciclistas afinen su estado de forma y puedan con todo lo que se les viene encima.

No sé qué puñetas he escrito hace un momento de unos ”supositorios”, pero de la misma manera nos han ido metiendo una serie de cambios en el ciclismo y veo que no hay más remedio que aceptarlos. Por ejemplo, considero que la creación de las carreras con el título Uci Pro Tour reservadas para los equipos de igual calificación y a unos pocos invitados de menor categoría, no han beneficiado a nuestro deporte; eso sí, se le ha dotado de una alcurnia, de una posición que hace unos años no tenían. Ahora las carreras lucen de una seriedad, de una elegancia, de un saber estar más propia de las películas inglesas que de una carrera ciclista.

Atrás quedaron los “desgarramantas” de nuestros antepasados asaltando los bares en busca de lo que hubiera por los mostradores al grito de “esto lo paga Torriani”. Los maillots de lana o de poliéster capaces de encender el fuego. Las sempiternas zapatillas de color negro. Los inhumanos “desarrollos” que servían tanto para llanear, subir o bajar sin posibilidad alguna de facilitar la labor según la que tuvieran que afrontar. 

No hay duda; nadie querría volver a los tiempos pasados; tiempos de penurias en los que, según veo en fotografías de no hace tanto, nadie se arrugaba por echarse la bicicleta al hombro y salvar montañas de nieve y circular por caminos de “txirri-txirri”. La etapa de ayer de la Tirreno-Adriático resultó una verdadera excepción cuando tuvieron que subir los últimos kilómetros del Terminillo nevando. Estoy seguro de que, si no llega a ser porque la nevada fue a última hora y no había margen de maniobra, la carrera se habría suspendido o modificado.

Me gustaría terminar esta crónica apuntando otro detalle que me ha sorprendido: el mundo anglosajón se ha impuesto en el ciclismo. No sólo porque haya buenísimos equipos de y con ingleses, australianos, norteamericanos y alemanes; las carreras, aunque se celebren en Italia, se editan en inglés. Estoy esperando a la Vuelta al País Vasco para ver cómo sustituyen el Lasterketa Burua por el Front of the Road; los equipos ya no se llaman Movistar, pongo por caso, ahora se dicen Movistar Team, (también pongo por caso); flat-tire significa pinchazo; Back of the peloton, Blue jersery group, Leader of the road, Last kilometer; cuando el helicóptero hace una visita turística por los alrededores del pueblecito italiano en cuestión, el letrero de rigor nos informa, en inglés, de las características del lugar: habitantes, industria, sitios de interés, cuándo se fundó, las maravillas de su circo romano, etc. Yo cuando oigo a alguien expresarse en ingles no entiendo nada, ahora bien, cuando leo semejantes parlamentos, me entero de todo, así que no puedo hacer otra cosa que dar las gracias a estos nuevos tiempos ciclistas que nos están invadiendo y nada, a cultivarse.

Hasta pronto. Bs.

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