jueves, 5 de marzo de 2015

Ciclismo, las "clásicas" y un tal Ian Stannard



España no es un país para viejos ¡perdón! España no era un país para poder ver ciclismo del bueno.

Desde que era un niño me las he apañado para enterarme de los asuntos del ciclismo. Al salir de clase en el viejo colegio de San Luis, parece como si estuviera esperándome alguna edición de la Vuelta Ciclista a Navarra. Hace tanto tiempo de esto que sólo me acuerdo de algún nombre: Carlos Echeverría, José Miguel Chasco, Ramón Mendiburu… y muchas imágenes. La primera Vuelta Ciclista a España de la que tengo memoria de haberla seguido a través de los periódicos fue la que ganó el belga Franz de Mulder en el año 1960. Al volver del colegio hacia mi casa en el casco antiguo de Pamplona, nada había en el mundo que me apartara de los ventanales de la tienda de “Impermeables El Búfalo” para diseccionar los cartelones que exponían con la clasificación de la etapa y, lo más importante, la general; estábamos en el año 1961 y Angelino Soler ganó la “vuelta” de ese año a un francés que se llamaba Mahe.

Años más tarde, cuando trabajaba en un almacén de géneros de punto y no sé cuántas cosas más, a las tardes del mes de julio la “Voz de Navarra” retransmitía en diferido la etapa del “Tour” del día anterior. Durante esa hora, todos trabajábamos en silencio; cada uno de nosotros nos imaginábamos una realidad diferente de lo que nos narraba la locutora de la radio. Los ciclistas españoles perdían media hora en el llano y la recuperaban con creces al llegar la montaña: lo de siempre en aquellos tiempos.

El calendario ciclista desaparecía de mi mente y, a lo sumo, lo despertaba alguna carrera cercana en la geografía o la medalla de bronce de Ramón Sáez (Tarzán)  en el “mundial de ciclismo” o los “mundiales de San Sebastián” de 1965. Aquello fue lo más grande que hasta ese momento había vivido: mi padre me llevó en su lujoso Seat 600 D a Lasarte y de allí, hasta que la carrera terminó, no me movió ni tan siquiera la lluvia. Era tanta la emoción que sentía que correteaba de arriba abajo sin perderme detalle: las piernas de Fernando Manzaneque; la musculatura de un tipo rubio que atendía al nombre de Rudy Altig y que disputó el triunfo a un inglés que se llamaba Tom Simpson, digo se llamaba porque murió dos años más tarde en el Mont Ventoux ¡Qué día!

Estamos en el año 2015 y yo estoy hablando del año 1965. Durante mucho tiempo el ciclismo español, no digo que fuera malo, pero se ceñía a carreras por etapas con las consabidas excepciones que siempre ocurren y, que normalmente, las escribió Luis Ocaña.
En los antiguos “Miroir de cyclisme” que ya no guardo, el único corredor español que asaltaba los primeros lugares de las clasificaciones de carreras ciclistas internacionales, totalmente ignoradas por todos nosotros, era Ocaña.

Poco a poco los ciclistas españoles han ido haciéndose hueco en gran número de pruebas, pero siempre han prevalecido las carreras por etapas. De esto, quizás, tenga mucha culpa la poca atención que ha prestado a nuestro deporte la RTVE. Sus retransmisiones se han ceñido a la “Vuelta” y al “Tour”. Si la cosa iba bien, a algún “Giro” por culpa de Induráin o Contador; tendremos que añadir la cita obligada con los “mundiales” y algún detallito con algún “monumento” de las clásicas. Los aficionados al ciclismo hemos tenido que espabilar acudiendo a “internet” para poder ver de “extranjis” alguna carrera que daban en tal o cual cadena. Lo dicho: España no es un país para ver ciclismo del bueno.

¡En fin! Dicen que no hay mal que dure cien años y en éste año parece ser que vamos a gozar de las mieles del triunfo: RTVE nos ha preparado un calendario del que no se salva ni el Tato. Están todas las carreras del calendario nacional e internacional: clásicas, vueltas, pruebas UCI Pro Tour y cualquier otra cosa que se menee ¡Ya era hora!

Hasta que lleguen las “vueltas” con sus etapas más o menos anodinas, todas cortadas por el mismo patrón de bloqueo de la carrera en beneficio del sprinter o escalador de turno, yo empezaré a gozarla con las “clásicas”. Se trata de una manera distinta de hacer ciclismo; los bloqueos de los equipos no son tan aparentes como en las pruebas por etapas; se disputan por lugares que aquí los denunciarían a la guardia civil: caminos agrícolas adoquinados, secos o húmedos; “muros” con pendientes casi imposibles de salvar y que los “culogordos” los solucionan sin rubor. Los corredores de aquí se han hecho un hueco en una serie de pruebas de este tipo aun cuando el mejor que había, Antonio Flecha, recientemente se ha retirado y nos ha dejado sin aspirante válido para la Paris-Roubaix, por ejemplo.

Sigo echando piedras al tejado de la RTVE pues, durante décadas, nos ha privado del espectáculo ciclista que se da todas las primaveras en Italia, Bélgica, Holanda y Francia: carreras de un solo día en las que siempre hay algún escapado y que, casualidades de la vida, casi siempre llega en solitario después de haber dejado la piel en el suelo de los adoquines y disimular su cara con el maquillaje de la tierra. 

No puedo pasar por alto la carrera que se disputó la semana pasada en Gante (Bélgica). Se llama Omloop het Wieuwsblad. Para qué voy a decir otra cosa: no tenía la menor idea de su existencia, y bien que me pena. Se trata de una carrera en la que los ciclistas van entrando en faena para lo que se les avecina en estas próximas fechas. La carrera en cuestión la ganó Ian Stannard. Tampoco lo conocía hasta el otro día. Me dejó con la boca abierta. Este ciclista pudo con tres auténticos monstruos de un mismo equipo: Boonen, Terpstra y Vandenbergh. Al admirado Ian empezaron a lloverle los ataques (en realidad fue uno solo de Boonen y el postrero de Terpstra en el sprint) y los solucionó con resistencia, valor, confianza, perseverancia y muchas otras cosas más, todas buenas.

La fisonomía de estos atletas difiere mucho de la de los especialistas en “Vueltas”: Purito, Contador, Nibali, Froome y un largo etcétera. Aquí teníamos a un ciclista inglés robusto, aunque delgado, con tripa, con calva incipiente en su cabellera pelirroja y una sonrisa de buena persona con la que dejaba entrever que “no esperaba ser el jefe de fila de las próximas carreras” ¡Menos mal! Si no ya teníamos el ganador de alguna de ellas ¡veremos!

Espero que esta nueva temporada televisiva no la trunquen el año que viene y abran el abanico de las “clásicas” para siempre.

Hasta pronto. Bs.

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