Las
Vueltas Ciclistas a la Zona Norte de Pamplona se suceden sin descanso. No me
preocupa lo más mínimo porque sé a qué es debido: las circunstancias mandan y
nos indican por dónde es conveniente atacar el entrenamiento del día.
Cuando me siento en el banco de
costumbre a esperar a la panda, poco a poco empiezan a desfilar de cara los
peregrinos a quienes, desde la Universidad, he conocido de culo; alguno saluda
muy sonriente y otros, la mayoría, desfilan con la altanería propia del… ¿tímido?
No se está nada mal en Cizur a las 8 y media. No hay excesivo ajetreo, se nota
que estamos en julio y que las vacaciones han despoblado el lugar. Si no fuera
por la obligación ciclista, sería capaz de pasar toda una mañana en el banco
con Iñaki y Toño hablando de ciclismo y mirando de reojo el verde potente de mi
amiga la sequoia.
A lo lejos se divisa a un tío con maillot
fácilmente reconocible. Por detrás tiene el aspecto de un chaval pero en
realidad es un camaleón con ganas de despistar su verdadera edad: Félix
Hernando. En Irurzun nos despedimos; él sube Madoz y nosotros, con la querencia
de los últimos días, Aizcorbe. Hay unos carteles que avisan de que la travesía
de Cía está cortada por obras. Supongo que vosotros habríais hecho lo mismo que
nosotros, es decir, seguir sin hacer ni puñetero caso de los “avisos” y ¿qué os
hubiera ocurrido? Os lo cuento: todos pie a tierra con vuestras zapatillas de
suela de carbono, bicicleta al hombro y saludando educadamente a los del casco blanco. Estos buenos señores han
levantado todo el pavimento del pueblo dejándolo como una pieza de la Cuenca de
Pamplona dispuesta para las labores agrícolas. Os recuerdo que Cía solamente
tiene una calle y os aviso de que el carbono soporta muy bien las aristas de
las piedras y que la brea vieja mezclada con arena no castiga en exceso el
brillo de las Sidi, que conste.
Después de descifrar el laberinto de
Músquiz, Oscoz, Eraso, Latasa y Urriza, poco a poco se instala una idea en el
cerebro: “en estos momentos me gustaría muchísimo más tomarme un café con hielo
en Jaunsarás que pedalear con estos dos mamelucos”. ¿Sabéis una cosa? Esos tíos
estaban pensando exactamente lo mismo que yo, así que los tres mamelucos
estábamos poniendo un ritmillo bastante majo para llegar, cuanto antes, a
repostar. El café da alas y, con algún que otro momento en el que hemos
aflojado un poco el pedaleo, poco, nos hemos presentado en casa con tiempo
suficiente para que estas noticias salgan en la edición de la tarde.
Han vuelto a salir 95 kilómetros. El
GARMIN es terco y siempre que damos esa vuelta señala, con pelmaza precisión,
que la Vuelta Ciclista a la etc. etc. tiene ese kilometraje, así que no le deis
más vueltas a la Vuelta.
Hasta pronto. Bs.
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