Estoy en pleno síndrome postvacacional. No recuerdo cual era mi estado de
forma en el mes de junio, pero seguro que me permitiría algún alarde de los que
ahora no puedo ni soñar en hacerlos.
Ni mucho menos estoy desesperado ¡estaría bueno! Hace tiempo que no sueño
en participar en la “Vuelta”, ni tan siquiera en el “Tour” y las montañas del “Giro”
han crecido demasiado, así que espero poder volver en breve a casa de una
manera decente, sin que los vecinos murmuren y digan –“¿Has visto al del quinto, qué pena de hombre?”-
Todos los años compruebo que en los meses de julio y agosto es un
privilegio andar en bicicleta por Pamplona. Se nota que mis paisanos se “han ido a Tudela”, a Puente y a
cualquier otro pueblo de esos que no aparecen ni en el mapa ¡mejor! La Vuelta
del Castillo está en plena etapa de recuperación sanferminera y por cualquier
rendija del carril-bici aparecen brotes de los árboles que lo limitan. Me paro
en todos los semáforos en rojo y los escasos trabajadores con los que me
encuentro, piensan –“¡mira qué majo el
ciclista este!”-
Voy por el barrio de la Rochapea y aquí la cosa sigue parecida: poca gente
por las calles, algún técnico en electrodomésticos con la furgoneta en el carril-bici,
los perros aliviándose por el camino del Plazaola y los soldados recuperando su
maltrecha figura camino del cuartel.
Bueno, diviso el puerto de Marcaláin, lo subo y lo bajo, llego a Lizaso y
me tomo un café con leche en el Aitona. Hasta ahora llevaba el viento en la
cara y espero que cuando termine con el café no me lo hayan cambiado de posición.
Parece mentira que pedalee y no me canse: voy con el ritmo adecuado, esquivo
con precisión quirúrgica las grietas de la carretera y me pregunto por qué el
asfalto, con pintas de haberlo echado recientemente, está tan deteriorado ¿Será
de mala categoría? ¿No habrán acondicionado previamente el terreno? ¡Joder, si
dentro de poco cabrá la rueda en cualquiera de las rajas que me guían hasta
Ostiz!
La Nacional 121 como siempre, no tiene arreglo, así que huyo por el campo
de Sorauren y me presento en Pamplona. Ha cambiado desde que la dejé hace un
rato: ha subido la temperatura y los rezagados se han plantado en la calle con
pintas de “piscineros”.
Esto es todo, ha sido una marcha tranquila que espero sirva para mandar lejos
el síndrome de las vacaciones y pueda seguir el ritmo de los buenos del grupo.
Hasta pronto.
Besos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario