Fue el pasado jueves, salimos a dar una vuelta en bicicleta un poco más
tarde de lo habitual y, como quien no quiere la cosa, llegamos hasta Liédena.
La antigua carretera de Sangüesa no tiene apenas tráfico y podemos circular por
ella sin sobresaltos. Resulta un poco pestosilla porque su diseño hasta el Alto
de Loiti tiende hacia arriba y la gravedad hacia abajo, así que los culogordos
anhelamos lanzarnos sin contemplaciones hasta la Venta de Lumbier y aliviar el
músculo.
Por el camino alguien nos recordó que “el
código de circulación nos permite circular por el arcén y si lo hacemos por
fuera de él, tendrá que ser lo más próximo posible a la raya blanca”. Las
cosas son como son y esto no tiene vuelta de hoja: si vas por una carretera
solitaria montado en una bicicleta, “tendrás
que circular por el arcen o… etc.” En este caso no es que lo hiciéramos por
el desierto del Sahara, pero estábamos bastante cerca en cuanto a la densidad
de la circulación: un solo automóvil a lo largo del camino.
Prosigons aunque lo que sigue no tiene mayor interés para el paciente
lector, ya se sabe: un pintxo en Liédena, desandar el camino esta vez por el
Romanzado y aparecer en Pamplona a la hora en que los currelas van al trabajo.
Lo de siempre: la tranquilidad de la ruta poco a poco se va diluyendo en una
punta de flecha que se introduce por rotondas, autovías, súper rotondas, peatones
con prisa que pulsan el botón de los semáforos, obedientes ante su sola
presencia, ¡En fin! La pequeña gran marabunta de nuestra ciudad.
Estos días me he preparado para estas situaciones y me he mentalizado para no perder
el tiempo gesticulando y acordándome de todos los familiares de estos asesinos.
Aunque dudo de la validez de recordar los datos de las máquinas de matar, tengo que memorizar la matrícula del vehículo que ha estado jugando
con nuestras vidas, sí, nuestras vidas, no exagero ni un milímetro. Unos
asesinos emplean pistolas o bombas para asesinar, otros emplean furgonetas,
automóviles, camiones, autobuses y parece ser que es bastante menos traumático
para ellos que hacerlo con un arma convencional.
No voy a extenderme mucho más con este asunto, a lo sumo y antes de que se
me olvide, me gustaría imprimir en esta mísera crónica el número de la
matrícula de esa siniestra furgoneta blanca, rechoncha, más ancha que alta: 4232 HGG. Tened cuidado con ella, a su
conductor le gusta divertirse batiendo records de adelantar a los ciclistas que
vuelven a casa a la hora de comer, cuanto más cerca mejor.
¡Qué pena que los artículos del código de circulación sirvan para
recordarnos cómo debemos circular por
carreteras desiertas y, en cambio, no haya otros que se preocupen de cómo
adelantan a los ciclistas los asesinos de las dos de la tarde!
Hasta pronto. Bs.
Bien Vitorio!
ResponderEliminarBien Vitorio!
ResponderEliminarA tener en cuenta, Vittor!!! Esa camioneta ¿no será la famosa del panadero de Zubiri?
ResponderEliminarUna observación, si me permites, la vuelta de Lumbier a Pamplona no pasa por el Romanzado, sino por Urraúl Bajo, Lónguida,... los del Romanzado se quedan un poco arrinconados hacia el Pirineo, ja, ja, ja!!!
A tener en cuenta, Vittor!!! Esa camioneta ¿no será la famosa del panadero de Zubiri?
ResponderEliminarUna observación, si me permites, la vuelta de Lumbier a Pamplona no pasa por el Romanzado, sino por Urraúl Bajo, Lónguida,... los del Romanzado se quedan un poco arrinconados hacia el Pirineo, ja, ja, ja!!!