Pretendo mantenerme distante cuan
náufrago en isla deshabitada, pero es muy difícil conseguirlo; por las rendijas
se cuelan las noticias y sólo me sofocan las contrarias a mi manera de pensar.
Estos días son buenos para los
seguidores del ciclismo: estamos en plena temporada. El “Giro” ha llegado con
su ambiente especial, mitad aldeano y mitad elegante. Todo es rosa y me gusta.
Los ganadores reciben sus ramos, sus botellas y, lo que es mejor, los besos de
las jamelgas. No necesitan hacerlo pero lo prefieren: se suben a sus taconazos y
desde allí arriba descienden para depositar sus besos en las caras de los
afortunados enanos ganadores de la etapa, montaña, general y tal y tal.
Todo va como de costumbre: unos ganan
otros no; algunos suben otros bajan; los que iban los primeros dejan su sitio a
los que estaban detrás; aquel rezagado se ha metido en una escapada “bidón” y
ahora es un “outsider” a la victoria
final; siempre hay alguno que se cae y no dice nada; otros se retiran sin
remedio; todavía existen los “aguadores”, los que bajan hasta la fila de coches
de equipo y retornan cargados de bidones de agua para repartirlos entre sus
compañeros. ¿Qué sería de nosotros si no existieran los locutores de las
retransmisiones ciclistas? ¿Con quién cojones nos íbamos a meter si no
tuviéramos a mano a un Perico, a un Amat, a un Sastre, a un García Alix, a un
Carles, a un Pizarro, a un… etc.? Sencillamente: lo pasaríamos muy mal sin
estos elementos indispensables para nuestra siesta diaria.
¡En fin! Lo de siempre. Llámese
Giro, Tour o Vuelta; clásicas, monumentos, vueltas de medio pelo, carreras de
pista, ciclo cros, de chicas o de chicos, en fines de semana o en semanas
enteras, las carreras ciclistas o los partidos de fútbol consisten en lo mismo:
en ir preparándose para, después de muchísimas vicisitudes, ayudar a ganar y
ganar la competición en cuestión.
Pues bien; después de todo esto,
a mi edad, he descubierto que cuando un ciclista candidato al triunfo final del
Giro, por ejemplo, pincha la rueda delantera de su bicicleta, es algo
totalmente normal, elegante y caballeroso que uno de sus contrincantes,
enrolado en un equipo rival, le ceda gustosamente la suya, la delantera, y
hasta le ayude a recuperar la velocidad apropiada para alcanzar al pelotón que,
maleducado él, no le ha esperado ¡cachis!
Esto ocurrió el otro día en el
Giro de Italia mientras dormía. Richie Porte, australiano del equipo británico
Sky, pinchó y su compatriota Simon Clarke, del equipo australiano Orica, perdió
el culo y hasta la dignidad por parar a ayudar a su amigo Richie y, claro, a
los dos les cayeron dos minutos de penalización y una sanción económica. Todo
reglamentario.
Terminé con mi siesta y, al rato,
me metí en lo que se llama redes sociales.
El lío estaba formado. El Trending Topics
del momento era la ayuda de Simon en favor de Richie. Todos eran muy guapos
y el uno le debía al otro una jarra de cerveza ¡Viva Australia!
Para que nadie se llame a engaño,
yo estoy en contra de la actuación que tuvo el amigo Simon y a favor de la
sanción, tanto en forma de tiempo como económica que tuvieron ambos. Pues bien,
creo que pertenezco a la minoría mínima que opina de esa manera. Unos lo vieron
como una forma caballerosa de comportarse en una competición deportiva; otros
creían desmesurada la sanción de los dos minutos que les cayeron a los dos “canguritos”;
los de por aquí recordaban que el beneficiado era un corredor de Pinto, el
mismo que dijo que se había comido un txuletón de Irún y castigado de manera lógica en un tribunal
de justicia ¡qué injusticia!
En esas estamos cuando aparece
Alberto Contador Velasco, ciclista de Pinto, quitándose el casco en plena etapa
en virtud de “vaya Ud. a saber por qué”. Una idea funesta se me pasó por la
cabeza y… acerté: el equipo Sky se apresuró en presentar una reclamación ante quien
corresponda con la idea de que, en justa correspondencia, al quejicoso de
Contador se le mandara a casa de una puta vez por haberse despojado del casco en
plena carrera para quitarse una prenda de abrigo de la cabeza.
A la noche, creo que fue en la edición
digital del Diario AS, apareció la noticia de que el Jurado Técnico del Giro
había mandado a la M a los inventores del nuevo ciclismo: los británicos.
Hasta pronto. Bs.
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