El grupo poco a poco va acudiendo a “la chimenea”. El ritmo de
aparición lo marca la pereza, la distancia no es obstáculo para ser puntual.
No tenemos ruta prevista y la
pregunta “¿a dónde vamos?” es contestada por Carlos de inmediato: -“a la Foz de Arbaiun”-
Creo que mi sorpresa al oír el
destino es compartida por el resto. La ruta propuesta no es muy frecuente
hacerla, de hecho, según mis cálculos, fue en el año 2004 la última vez que
circulé en bicicleta por el puerto de Iso. ¡En fin! Vayamos jubilosos.
Después de las vacaciones y otras
zarandajas, teníamos ganas de volver a encontrarnos, así que sin darnos cuenta
dejamos el territorio conocido, ya se sabe, variante este, Gorraiz, cuestecilla
de Mendióroz, llaneocuestaabajo hacia Urroz y prologación hasta la cuesta de
Villaveta. Los pueblos del Concejo de Lónguida apenas si nos prestan atención y
nosotros, altaneros, hablamos de nuestras cosas. La subida que lleva a Urraul
Alto me sirve para comprobar que, pese al entrenamiento intensivo que he llevado
los pasados 12 días, sigo siendo un vulgar “saco de patatas” en las cuestas.
Tendría que quitarme de encima 7 kilitos de nada y entonces…
Ya que estoy en el empeño, decido
seguir hacia Lumbier sin mirar atrás y me aburro. Espero en la antigua
gasolinera y nos metemos en el Romanzado. Esos 10 kilómetros siguen como
siempre: amplios, despejados, poco agraciados, con continuos “sube y baja” hasta que se divisa el
puerto que arranca desde el cruce de Napal. El pureta de Carlos marca el ritmo
y a fe que lo hace con trazos gruesos. La memoria me dice que falta poco y,
claro, decido seguir la estela machacona del guía.
¡Joder, estamos todos! No falta
nadie. Arriba, en el aparcamiento del mirador de la Foz, alternan la matrículas
de BI (un poco viejas) con las anónimas de “vete a saber dónde”. Decidimos
inmortalizarnos e inmovilizarnos con el fondo impresionante de la Foz de
Arbaiun y vuelta a casa.
Esta vez le ha tocado al Hotel Romanzado. Hemos terminado de bajar el Puerto de Iso y, en Domeño, Fernando nos
abre los ojos cuando nos dice que podíamos “comer algo” en un hotel "muy majo".
Ya sabéis cómo son estas cosas, una vez metidos en harina nos llama mucho más
la atención el bocadillo de tortilla con caña que cualquier otra cosa, así que
la idea de subir el puerto de Loiti me produce urticaria.
Ya hemos dejado atrás Lumbier;
nos enteramos de las continuas innovaciones en cuestión de “frenos de disco”,
de las marcas que actualizan sus productos, unas a la “baja” y otras al “alza”,
es lo natural y comenzamos la primera y temida rampa de Loiti. –“Ahí hemos estau”- que diría el paisano y llaneamos con gusto,
cariño y placer hasta que decidimos poner un poco de cordura acorde con nuestro
estatus de madelman.
Otra vez entramos al pueblo por
el sur, por Tajonar. El Polar ha subido hasta los 110 kilómetros y nosotros
hemos jugado a ciclistas de los de verdad, de los buenos. Creo que tenemos
razón en nuestros juegos.
Hasta pronto. Bs.
Perdón, la roca está junto al río, con parte voladiza sobre él.
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