Al salir del restaurante no apetecía hacer planes para andar en
bicicleta. Hacía mucho aire, nuestro Osasuna, como de costumbre, había perdido y la hora de levantarse de la
cama la veía demasiado cerca. ¡En fin! Mejor no comerse el coco y dejar la
decisión para cuando suene el despertador.
¡Muy pronto para salir del “pulguero”!
-“el caso es que, si no me levanto, voy a estar todo el santo día rumiando, ¡qué
cojons, vamos p’arriba!”-
Mis paisanos todavía no se han
levantado y atravieso Pamplona como si la calle fuera mía (esto hace tiempo que
lo pronunció un gallego y suena muy mal, estoy por borrarlo). Son las nueve
menos cuarto y alcanzo la rotonda de Orcoyen; todavía no hay gente pero, ¡ya
vendrán!
José se ha ofrecido a llevarnos
hasta el cruce de Anoz para que nosotros no nos cansásemos demasiado, la razón era
que no iba a hacer nuestra marcha. El veteranazo
ha debido de sacar del archivo interior alguna de sus carreras más veloces y nos
ha llevado a treintaitantos kms/hora hasta que se ha despedido. Pronto hemos
alcanzado a Ignacio y Eugenio y el grupo ha transitado por los alrededores del
Araquil sin mediar palabra.
En esa recta interminable de
Arbizu que sirve para acercarse hasta el puerto de Lizarraga, hemos cruzado
nuestras primeras palabras del día y, de paso, tranquilizar el ritmo del quinteto.
Os lo voy a presentar: Ibarrola, Úriz, Almárcegui, Eugenio y yo.
El ritmo de subida, bajo mi punto
de vista, ha sido muy elegante. Nada que ver con el que, seguramente, habrá
llevado el grupo de los buenos de UCN pero, muchísimo más saludable. Según me
ha comentado Javi, ha dejado un año y medio de su vida en la subida al puertito
de los c…s.
Tanto hoy como la última vez que
atravesé el túnel de Lizarraga, al desembocar en su vertiente sur, parece como
si alguien hubiera “dado la luz” y otro hubiese puesto en marcha el ventilador.
Los primeros compases de la bajada no me resultan placenteros: parece como si me hubiera montado en un simulador de vuelo y
mi Look, mejor aún, mis Zipp fuesen las encargadas de hacer el acopio de aire
necesario para sentir un cierto acojono cuando notas una querencia hacia el
suelo. Los que iban delante de mí no sé cómo lo estaban pasando mas no me
sacaban ventaja, así que sospecho que andarían por el estilo: mal.
El cruce de Lezáun ha sido muy
tentador para Ignacio y ha desertado. Pronto hemos llegado al Monasterio de
Iranzu y, poco a poco, los madelmanes también.
No era agradable circular con el
aire en los oídos mientras nos acercábamos al inicio de Echauri el grupo
primitivo más Urrizola. Nada más cruzar Salinas, hemos sentido que alguien nos
iba a pasar sin remedio, eran los escaladores de UCN que no desaprovechaban la
ocasión para vaciar sus más bajos instintos comiéndose a un grupito de amigos
que no hacían daño a nadie.
Personalmente me ha resultado muy
agradable que nos alcanzaran. En los últimos kilómetros de la ascensión nos han
sacado de la modorra que traíamos y hasta nos hemos animado en la última recta
a participar del jolgorio.
El viento ha seguido de compañero
hasta casa y Javi ha gastado sus fuerzas en tirar del carro desde Ororbia hasta
Orcoyen.
Esto ha sido lo que ha dado de sí
la marcha cicloturista del día: 125 kilómetros con viento continuo y la gente,
según he podido comprobar, con las luces rojas encendidas.
Hasta pronto. Bs.
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