Poco a poco el otoño se acerca,
lo noto en los castaños repletos de bolas con pinchos dispuestas a caer en la
Avenida de San Ignacio. Cada vez tarda más en amanecer y la noche se adelanta
un poco cada día.
Tal vez sea por la maldita
perspectiva del largo invierno de Pamplona, mis ganas de subirme a una
bicicleta remiten con la misma velocidad que el verano se encoge.
Es sorprendente el cambio que ha
dado mi mente o mi físico, no lo sé; hace dos jueves que “Los cinco de Kansas”
dieron una vuelta por Basaburua, Leiza, Valle de Larraun y demás. En lo que a
mí respecta, lo hice con alegría, buen ritmo y con ganas de repetir la
experiencia cuanto antes mejor. Pues bien, desde entonces todo se ha venido
abajo: me duele el jopo, las cuestas me dan por el idem, la idea de salir a
practicar el ciclismo me supone un ejercicio a superar. Tendré que sobreponerme
a esta situación dejando pasar el tiempo y seguro que a la vuelta de cuatro
días estoy mirando por las ventanas, oteando el norte y el este, largándome por
el sur para volver por el oeste. Es lo que procede.
Con esta situación poco tengo que
contar del asunto profesional, ¿tal vez que ayer anduvimos 90 kilómetros? ¿Que
subimos Orendáin, Guirguillano y Arradia? ¿Que tomamos un pincho el Puente?
¿Que preferimos la ruta de Campanas para regresar a casa? ¿Que otra vez el
GARMIN se puso a 60 kms/hora por el cruce en el que el 1º de mayo se cayeron
Mantecón e Ibarrola II? ¡Pues dicho queda!
En esta sensación de tristeza que
me embarga, adivino dos noticias que me ilusionan y espero que acierte en mis
deseos: una es el cambio de entrenador de Osasuna por otra persona que
desprende un aroma más agradable que el desgastado Mendilibar y, la segunda y
principal, el rescate del Euskaltel por parte de Fernando Alonso.
El campeón automovilístico
mantiene un careto poco tranquilizador. Tal vez no puede ser de otra manera en
una persona que se la juega metido en un aparato rojo-ferrari cada fin de semana, avanzando 6 puestos en las salidas
y llegando a meta en primera, segunda o tercera posición.
Que tenga unas
mandíbulas como las de Supermán, que se depile las cejas, que tenga cara de
mala oxtia y demás, no significa que no sea capaz de reconocer que es todo un
tío cuando se monta en el Ferrari. Después de todo esto, resulta que
el jicho ha devuelto la alegría a muchas personas relacionadas con el ciclismo:
primero a los profesionales del actual Euskaltel, tanto ciclistas como gente
necesaria para poner a rodar un equipo UCI Pro Tour, el más antiguo del pelotón
actual; y segundo a todos los aficionados a este deporte tan sufrido, tan
extraordinario, tan admirado, tan gratis de ver, tan cercano, tan de siempre.
Me quedo con la esperanza de que
un equipo ciclista, que hasta ahora se llamaba Euskaltel y radicaba en el País
Vasco, siga vivo. Me importa poco si a partir de ahora se asienta en Oviedo o
en Berriozar y se llama, pongo por caso, Asturias
Patria Querida. Me alegro por los corredores del Euskatel y por todos
nosotros.
Muy bien por Fernando Alonso.
Hasta pronto. Bs.
Descansa chaval y todo volverá a ser como antes.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con lo que dices de fernando. Suerte
Creo que tienes astenia otoñal... Deja reposar un poco la cosa; dedícate mientras tanto a la natación, a andar, a pasar un finde en Madrid, ya tú sabeh ;-)
ResponderEliminar¿Tal vez una visita al Festibike?
EliminarLa habitación de los señores está disponible
EliminarEse color del coche rojo-ferrari, lo pintará Xabigo en una bici? es muy chulo.
ResponderEliminar