domingo, 28 de abril de 2013

Vuelve el invierno

No quiero pensar que los ciclistas somos únicos en el mundo. Seguramente todos los que practican un deporte que les guste, estarán tan pirados como nosotros: los futbolistas jugando a primeras horas de la mañana con más ilusión que muchísimos profesionales de cualquier liga europea, los golfistas, los montañeros, los que se bañan en La Concha, los que nadan en la piscina cubierta sin posibilidad de hablar con nadie, los que recorren la Cuenca de Pamplona buscando un frontón en el que poder jugar unos partidos de pala, los maratonianos, los éstos y los otros, todos. Ocurre que cada vez tengo menos experiencia en otros deportes porque el ciclismo es muy absorbente y exige dedicación casi plena pero, bien mirado, los ciclistas somos unos masoquistas. Veamos, estamos a últimos del mes de abril, con poco acierto por mi parte hemos hecho unas cuantas salidas vistiendo culotte corto y, más de uno, de manga corta; pensábamos que la ropa de invierno ya no la íbamos a utilizar hasta el próximo mes de octubre cuando, al mirar por las ventanas, hemos descubierto los montes de los alrededores de Pamplona teñidos de color blanco otra vez. Si tuviéramos un poco de sentido común, soy de la opinión de que no tendríamos que haber salido rumbo a Irurita y subir Artesiaga. En días como el de hoy nuestra actividad deportiva tendría que reducirse a dar vueltas por debajo de las mantas de la cama y pensar: ¡qué locos están los UCN! ¿quién les mandará subir el puerto de Markaláin, Guelbenzu, Velate y Artesiaga? Lo cierto es que mi cuerpo no se ha despertado como a mí me hubiera gustado: no he cogido ritmo de respiración ni de piernas. Si hubiera competido contra mí mismo en la bicicleta de MTB, cuando el otro día alcancé al longilineo, me habría sacado varios minutos de ventaja. Con estas premisas, no me ha extrañado nada que, en el cruce de Arraiz, Ignacio y yo hayamos decidido subir Egozkue y encarar hacia casa. Este puerto resulta muy abrigado y el viento apenas nos ha castigado. Espero que no os hayáis mojado por el Baztán, lo cierto es que hemos hecho un trecho con otros compañeros que venían de Artesiaga y nos han dicho que la cosa estaba muy “húmeda”. Mi cuñado Maxi solía decir que “-cuando el día está de piojos, mejor que no te mudes-”, así que, después de tomar un café en el Gau txori, hemos dado rienda suelta a nuestros más bajos instintos de llaneadores y hemos ido recogiendo cuantos “cadáveres” aparecían al alcance de nuestra vista; ha sido el único momento del día, ciclísticamente hablando, en el que lo hemos pasado bien. Todo ese despliegue para que el GARMIN señalara, tan solo, 75 kilómetros. ¿Os dáis cuenta de que tengo razón cuando digo que los ciclistas somos unos pirados? Javier, el casco del Sky te sienta muy bien… Bs.

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