jueves, 10 de enero de 2019

La Diáspora


El Diario de Navarra edita una serie que trata sobre los navarros que se instalan en el extranjero por cuestión de estudios, trabajo o cualquier otra causa, se titula "La Diáspora". Con frecuencia recuerdo el caso de una chica que vivía en Dinamarca. Le preguntaron cuando volvería a casa y contestó: “cuando me encuentre a las cuatro de la madrugada en Copenague, esperando a que un semáforo se ponga en verde, pensaré que la hora de regresar se aproxima”.

Los que utilizamos la salida de Pamplona hacia Erro o Urroz, conocemos de sobra la travesía de Mendillorri hasta desembocar en la rotonda de Sarriguren. ¿Cuantos semáforos han plantado a lo largo de la avenida? ¡Venga, aventuremos! ¿Seis, diez, doce? En cualquier caso muchos. Da lo mismo que la fortuna te sonría y cojas una tanda en color verde, no te apures, todavía queda suficiente número de ellos para que toque parar hasta la próxima.

Este bosque de semáforos está dotado de botones para que los peatones los pulsen y faciliten el paso cuando se requiera; pues bien, alguien mandó inutilizarlos y solo obedecen a la orden del temporizador que, con machaconería germana, dirige el tráfico a la voz del minutero. No importa que los viandantes no existan, tampoco que los automóviles abunden, ¡no! los árboles inanimados provistos de colores siguen su marcha impertérritos: rojo, verde,  tic-tac, rojo, verde, tic-tac.

Por si alguien no se ha dado cuenta, yo ando en bicicleta y, por qué no decirlo, según el día que toca, a veces respeto el color rojo y otros no, no seamos hipócritas, actúo como una buena mayoría de ciclistas. El día que paro, me toca compartir espacio con el automovilista de mi izquierda que se ha preocupado de disputar mi sitio, ambos miramos con anhelo que el rojo deje paso al verde y podamos llegar sin contratiempos hasta la próxima estación.

Como humano tengo mis momentos de flaqueza y me asalta el síndrome de Estocolmo, ese que, pasado un tiempo de secuestro, te incita a comprender a tu secuestrador y terminas siendo cómplice de él en tu cautiverio. ¡Sí! Comienzo a pensar que alguna razón habrá para que algo tan incomprensible sea verdaderamente conveniente y hasta tan imprescindible como para dejar en mano de un reloj el control del tráfico.

No vivo en Copenague, estoy en mi pueblo, en Pamplona, no puedo regresar a mi casa porque estoy en ella, entonces ¿qué hago esperando muchas veces con mis ojos fijados en el color rojo? Me gustaría regresar a otros tiempos más sensatos y así no transgredir las normas del tráfico: parar cuando corresponda y proseguir cuando me lo permitan, pero no quedarme quieto sin poder regresar: ¡estoy!

Hasta otra.

Bs.


3 comentarios:

  1. Existe un carril-bici a la izquierda para salir hacia Sarriguren que te evitarie tanta incomodidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sabes que ese carril-bici desemboca en un paso cebra próximo a la Rotonda de Mendillorri que siempre suele estar congestionada de tráfico. Una vez cruzado el paso cebra, accedes a una acera pintaa de color rojo que no es un bide-gorri, no confundamos. Como suele ocurrir, los carril-bici suelen llevar a ninguna parte.
      De todas maneras, gracias por tu atención.

      Eliminar
  2. Deduzco que se te desbordan las palabras e el ingenio. Es hora, de escribir un libro. Si no te satisface, ve hacia tu Obra Maestra, tienes madera de artista, y tu, lo sabes

    ResponderEliminar