domingo, 11 de diciembre de 2016

La "razón" de los ciclistas



El día no tenía nada de especial, era uno más de una serie que amanecía tarde, muy tarde; frío, muy frío. Las chimeneas de enfrente colaboraban con el panorama y echaban sus bocanadas de humo mañanero. Los del grupo del WhatsApp tenían sus dudas y no sé quién ganó: yo no acudí.


Eché mano del plan “B” y fui uno de los madrugadores que atravesaban Pamplona buscando refugio en el gimnasio. A punto de cumplir las dos horas de trajín, decidí que ya era hora de abandonar tanto ejercicio en conserva y, como si de un autómata se tratara, vi que me dirigía por el “tontódromo” rumbo a Zubiri.


La N-135 tiene a la altura de Olloqui un letrero que anuncia a los automovilistas que, durante los próximos 13 kilómetros, se van a encontrar con una gran cantidad de ciclistas, tanto en un sentido como en el otro. Pese a que en la mayoría de las ocasiones yo soy uno de ellos, viene bien fijarse en el letrerito y recordar lo que tanto sé: “desde aquí hasta Zubiri, todos los que, al levantarse miraron por la ventana y no tuvieron ninguna duda respecto a su salida en bicicleta, andarían por aquí”.


Me encontraba a gusto dentro de mi coche, no me estorbaba el plumífero, la temperatura en el exterior era de 3º y el primer pelotón de ciclistas lo tenía al alcance de la mano. Era una gloria ser automovilista y respetar lo que dice el Código de Circulación sobre cómo hay que adelantar a mis compañeros de la bici. ¡Ahí voy! Me aseguro de que no viene nadie de frente, doy al intermitente izquierdo, me adentro en el carril contrario pisando la raya continua y adelanto al grupo dejando 1,5 metros ó más de distancia entre ellos y yo. Esto está chupado, ¡venga, el siguiente!


Unas veces el pelotón era grueso, otras tenía un solo elemento, dos, tres, cuatro,… había de todo. Reconozco que no tuve ningún problema con mis congéneres, es más, creo que no se enteraron de que les pasó un automóvil deportivo de color azul; ellos iban hablando, contándose sus mentiras y sus proyectos para la próxima temporada; alguno estrenaba su bicicleta mientras que otros, para no manchar la “buena”, salían con una antigua que, más tarde, convertirían en “fixie”. Eso es lo que tiene el deporte de la bicicleta: te mantiene en forma, ayuda a la cuestión social, moviliza el dinero comprando nuevos modelos de bicicletas o adecentando la “de siempre” y, en ocasiones, hace que te sientas el rey del mambo mientras piensas que, en esos momentos, Fabian Cancellara y tú, sois la misma cosa.


Pues bien, mientras todo esto sucedía ayer por la mañana en la carretera de Zubiri, no tuve más remedio que ponerme en el otro lado del mostrador y caer en la cuenta de que no todos los automovilistas andamos en bicicleta; que no todos pueden mostrarse comprensivos con esos grupos que abandonaban una formación regular y longilinea compuesta por sucesivas parejas, para construir una especie de rombo que se ensanchaba en su parte central porque ahí se circulaba de tres en tres o de cuatro en cuatro. Recordé los pitidos de los coches con los que, en más de una ocasión, nos afean nuestras “costumbres” los automovilistas y el “dialogo” que mantenemos con esos listos que no saben nada de nada del Código de Circulación.


¡En fin! Esto fue lo que me ocurrió ayer por la N-135 mientras me dirigía al Gau-Txori a tomar un café, envuelto en la niebla y, en esos momentos, a 0º.


Hasta pronto. Bs.


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