Los de la TV están que se salen
de solícitos, hoy tenemos ración doble: por un lado la primera etapa de la
“Tirreno-Adriático” y, a continuación, la etapa de la “París Niza”. Aquí no
vale decir eso de “días de mucho,
vísperas de nada”. Ocurre que el trabajo se acumula y las pruebas se
agolpan para afinar la forma con vista a los grandes acontecimientos de la
próxima primavera.
Pues bien, aquí estoy delante del
televisor mientras los equipos disputan una carrera contrareloj en Italia.
Todos lucen impecables: no toca llevar maillots
con bolsillos a la altura de los riñones ni bicicletas, más o menos,
normales; hoy van montados en aparatos con manillares extraños y buzos de una
sola pieza difíciles para hacer pipí. Todos lucen perfectos aun cuando, más de
uno, se nota que sufre como un perro
ciclista. Cascos con cola para mantener la postura idónea de la cabeza; colores
llamativos en su gama flúor; todo tremendamente aburrido.
Me llama la atención el nombre de
los equipos: Cannondale Pro Cycling Team,
Team Katusha, Movistar Team, etc. Ya no se llaman “equipo”, ahora son todos
“team”. La leyenda informativa que, al enfocar una iglesia de un maravilloso
pueblo italiano, aparece en la parte inferior del televisor no se puede leer en
el sonoro y alegre idioma latino, ¡no! Ahora aparece en inglés y es que, desde
que desembarcaron en el mundillo ciclista los británicos, creo que se ha
perdido la improvisación, el aroma del ciclismo de siempre cuando los
mandamases de la carretera eran los franceses, los belgas, los holandeses, los
italianos, algún luxemburgués y algún “matau” de español.
Ahora se ha automatizado todo:
televisores en las cabinas de los coches, pinganillos con conexión directa
desde la boca del director del “team” hasta la oreja del ciclista. En todo
momento se está al tanto de la situación de la carrera; se calcula el momento
exacto de empezar a trabajar para echar abajo la escapada del día justo a dos
kilómetros de la meta y así terminar de afinar “il treno” (perdón, no sé cómo
se me ha podido colar esta expresión en italiano) con vistas a disputar el sprint entre Cagüendiez y un
australiano.
Los británicos, ya se sabe, son famosos por su “flema” (puaff),
cualquier cosa que hagan la adornan de una seriedad, de una parsimonia que
hacen que la situación adquiera visos de extraordinaria aunque sea la cosa más
normal del mundo. Me viene a la memoria la película “Snatch: Cerdos y
diamantes”; se trata de una película extraordinaria, plena de humor en la que
se narran una serie de aventuras a cual más desternillante y en la que,
sorprendentemente, nadie se ríe, al contrario, ocurren cosas muy serias todas
ellas interpretadas con la tradicional flema británica.
Bien, no quiero seguir hablando
de cine, pero ¿alguien se ha fijado lo maravillosos que son los ingleses, los
americanos y los australianos cuando ganan una prueba ciclista? Cómo se
abrazan, como se palmean, qué piñas forman mientras casi lloran alrededor del
ganador; ¡joder! Pero si eso de ganar ha ocurrido desde que se inventó el
ciclismo, o ¿acaso alguien se imagina que Anquetil no ha ganado nunca una
carrera? ¿acaso piensas que Miguel Poblet se inventó sus victorias en la
“Milán-San Remo”? ¿tal vez Luis Ocaña nunca pasó por encima de Merckx? ¿el
“Tarangu” no contaba con el equipo “Kas” mientras ganaba y desfallecía en el
Giro? ¿los tours de Induráin fueron un camelo? ¡NOOOO! Todo eso ha existido y
seguirá por los siglos de los siglos, solamente hay una diferencia: hasta ahora
se hacían las cosas con naturalidad, con alegría pero con naturalidad; a partir
de la llegada de los de las islas al ciclismo, las victorias son más victorias.
Aunque veamos una película de gansters con el típico tufillo de las pistolas y
los puñetazos, lo de siempre, si la película es británica desprenderá un aroma
especial de extraordinario aunque sea una cinta más del género.
Me voy corriendo que empieza la
“París Niza” y acaba en “alto”
Hasta pronto, Bs.
No hay comentarios:
Publicar un comentario