No, no es que los lugares sean
desconocidos, lo que ocurre es que juntarlos todos en un día no es muy
frecuente.
¿Quién ha subido el Puerto de
Echauri? Los ciclistas de la Comarca de Pamplona, los de Tierra Estella, los de
Tafalla, Los de La Barranca y cualquiera que se precie de ser un madelman… todos. Pues bien, hoy hemos ido
otra vez al señorón Puerto de Echauri. Sigue como siempre: terco en los dos
primeros kilómetros, monótono hasta el 17, encantador hasta la curva del 18, parecido
hasta el 19 y con ganas de meter prisa cuando se divisa el mirador en la recta
que lleva hasta el 20. Lo malo viene cuando me entero del tiempo que hemos
hecho ¡qué mala idea! ¿Para qué sirven los cronómetros? ¡¿Para decirte lo que
ya sabes?! Mejor dejarlo como está, ha sido una bonita ascensión y, como se
dice ahora, con muy agradables sensaciones.
Prosingons. Cuando apenas llevábamos un kilómetro de bajada, que nadie
se sorprenda si le digo que nos hemos metido en el cruce de Muniain. Carretera
estrecha y con el cielo negro zumbón. La memoria nos decía que si volvíamos a
dejarnos querer por otro cruce a la derecha, subiríamos un costalón de mucho
respeto. La cosa no ha sido para tanto; una de dos: o subimos mucho o la
memoria cada vez la tenemos más frágil. Yo diría que era un haya gigantesca la
que nos ha mirado cuando estábamos a punto de terminar con la cuestecica. Había
muchas más y de todas las clases y familias. Por la otra vertiente la
carreterita nos pedía a gritos una bici de monte, pero no podía ser, hoy las
flacas eran las reinas, como siempre. Barro y baches hasta la carretera de
Azanza.
Andrés ha tomado las riendas del
asunto y hemos ascendido el repecho sur del Puerto de Ulzurrun a tuta la oxtia,
como debe de ser. Siempre que bajo hacia Anoz, me doy cuenta de la pendiente
que tiene este jodido. Ya estamos en la carretera que lleva a Irurzun y
comunico a la agradable compañía que hoy no, hoy toca subir al pueblo de
Atondo, famoso por su criminal repecho en forma de Muro de Huy. Menos mal que cuando el personal comienza a apurarse,
se da cuenta que no hay que ir “por ahí”, sino un poco antes hay que girar a la
derecha, justamente detrás del camión de la basura que nos ha adelantado a
comunicar cosas interesantes a los “escapados”, digo: a descargar los
contenedores que estaban 50 metros más adelante y que ahora nos impiden
adelantarles. Lo hacemos pisando la hierba y los dejamos atrás, tanto al camión
como a los contenedores. El muy cabrón se nota que está entrenado y viene a por
nosotros con ahínco; Ricardo se queda haciendo una maniobra de ayuda a los
jefes de fila y el mastodonte no puede adelantarle en la mísera carretera que
lleva a Erice de Iza.
Desembocamos en la que yo suelo
llamar “carretera de Bilbao” y nos vamos deprisa hacia el cruce de Gulina; sí,
el mismo, el que lleva al altillo de Cía y luego a Oskoz, Echalecu y Jaunsarás.
Aquí suelen dar pincho de tortilla y hoy había, así que parada y charla. Poco a
poco se va a convertir el lugar en la “txirrindularitza” de la zona.
Ahora viene lo bueno, se acabaron
las cuestas y todo llano hasta Pamplona. Llevaba mucho tiempo sin levantar
apenas la vista del suelo y he sentido curiosidad por saber qué teníamos encima
de nuestras cabezas: nubes con el color tradicional de los chaquetones de los capitanes
de barco, azul marino. En el cruce de Elzaburu nos hemos puesto los
chubasqueros y es que ¿para qué queremos llevar el “plástico” en el bolsillo
cuando llueve con garbo? Ahí ha sido cuando nos han pasado dos madelmanes y, al rato, nosotros a ellos…
y al de más allá también. Una vez metidos en estos menesteres y, más aún,
cuando deja de llover, hay que repetir la maniobra anterior en sentido inverso:
hay que quitarse las susodichas prendas e intentar atrapar a los escapados. En
esas estábamos cuando otra nube, también vestida de capitán de barco, nos ha
alcanzado y ha dejado la carretera parecida al pantano de Yesa: llena de agua. Otra
vez… ¿lo repito? ¡Sí, lo del chubasquero! Yo me rindo, haga lo que haga no me
lo voy a quitar, al fin y al cabo estamos a 15 kilómetros de terminar de
mojarnos.
Esto ha sido todo por hoy. 105
kilómetros recorriendo lugares de uso más o menos cotidiano, salvo el trayecto
del cruce de Muniain al de Azanza, pero que no es muy frecuente juntarlos a
todos en la menestra que hoy nos ha dado por cocinar.
Hasta pronto. Bs.
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