martes, 9 de diciembre de 2014

En todas partes cuecen habas (Y tú más II)



¡No hombre, no! Mi medio de locomoción no es la bicicleta, al menos no es el único; la bici la empleo en mi profesión de ciclista y, alguna vez, para hacer “recados”. 

Hoy no estaba el día para echar cohetes de contento, así que, sin ningún remordimiento, me he montado en mi automóvil y me he dirigido a Amaya. 

Si la “flaca” tiene su cosilla cuando compite con el tráfico y los peatones de Pamplona, el coche también tiene su morbo. Sospecho que esto no será privativo de mi pueblo y que, en mayor o menor medida, en todos los lugares “cocerán habas”. 

El primer sobresalto lo he tenido en cuanto he salido a la calle: ya se sabe, el célebre despistado que, circulando por el carril izquierdo, señala con su intermitente que quiere dirigirse por el cruce de la izquierda y ¡no! ¡No y mil veces no! Lo que en realidad quería era cruzar de lado a lado de la calzada y salir por la derecha. ¡Es natural!

En cuanto a las rotondas prefiero no hablar; todo el mundo tiene razón y lo curioso es que ¡todo el mundo tiene razón!

Por fin he llegado al aparcamiento del club y he salido de mi “popó” sin problemas. Después de unas dos horas, al regresar, me he encontrado con la sorpresa de que no podía entrar al coche, al mío. Tanto el vecino de la izquierda como el de la derecha se habían arrimado a mi “deportivo” de tal manera que he echado de menos no tener un descapotable. 



¿Quién no ha circulado alguna vez detrás de lo que podíamos llamar un tocahuevos? ¿No sabéis qué es un tocahuevos? ¡Bueno, tal vez podríamos llamarlo huevón! ¡Sí! El que no tiene prisa para salir cuando el semáforo se ha puesto en “verde” hace ya 10 segundos. De esos he visto hoy varios ¡Lo prometo!



¡Hombre! Voy a adelantar a un ciclista. No poblemo: doy al intermitente izquierdo y me separo de él cuanto puedo ¿1,5 metros, 2, 3? Los que sean, no cuesta nada. 

Circulo por la variante este, el límite está en 100 kms/hora y voy a alcanzar a un cacharrillo lleno de leña; por el espejo retrovisor se acerca a tutta la oxtia el célebre transpaquetero con cara del que sabe. Tengo dos opciones: frenar contra la trasera del “leñero” o acelerar y dejar al hijo de fruta oliéndome el trasero. Opto por lo segundo.

Estoy por los alrededores del complejo comercial  “La Morea” y, poco a poco, me fijo en que el coche que me precede, un Mercedes plateado, debe tener los “intermitentes” averiados, no le funcionan en ninguna de las múltiples desviaciones que hemos ido tomando. 

Voy hacia el parking de “Forum” y, la primera en la frente, los coches circulan en la dirección que se les pone en los cojones: la flecha señala “por aquí”, pues los susodichos en sentido contrario. Me paro, les miro y ponen cara de personas avergonzadas.

Las plazas de aparcamiento reservadas a los minusválidos tienen unas dimensiones muy superiores a las normales, las destinadas al resto de los mortales; ¡pues bien! ¿Os acordáis del Mercedes plateado del que he hablado un poco más arriba? ¿Sí? Pues estaba aparcado en una de ellas y sobresalía de su espacio lo correspondiente a su abultado culo ¡perdón! Maletero, entorpeciendo el carril de circulación.

Al cabo de un rato, por los alrededores de El Sadar (bonito campo de fútbol para disputar partidos en 2B ¡como antaño!) otra vez estoy a la altura de un Mercedes. Ahora se trata de un automóvil en toda regla: grande, color granate, la matrícula es de las nuevas, lo conduce una elegante señora de unos 60 años de edad, pelo blanco y ondulado; también tiene cara de saber lo que hace ¡no hay duda! No estoy seguro de si fue ella o su esposo quien se empeñó en comprar semejante utilitario. ¡Bien! A lo nuestro: otro que tenía los intermitentes fundidos, aunque ¿igual resulta que la casa Mercedes ha decidido no instalar en sus modelos semejante antigualla? ¡Igual!

Ahora me dirijo a mi barrio, a Iturrama. En la rotonda de Abejeras señalo que voy a incorporarme a la calle del mismo nombre y una muchacha interpreta que no tiene ningún obstáculo delante de ella para acceder a la “rotondita” y comienza a andar. Me ve y empieza a gesticular ¡por dios! ¿Qué hago yo delante de ella? ¿Seré bobo? Me aberroncho y… la pobre se da cuenta de su desatino y se avergüeza. ¡Cuántas ganas tengo de aparcar este jodido coche!

Hasta pronto. Bs.


3 comentarios:

  1. Estoy contigo, Ancarrana. Esto es muy complicado, no entiendo nada.

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  2. ¡Ja, ja, Bittor! ¡Te estás volviendo un cascarrabias! ¡Mañana haz la crónica en positivo!
    ¡Qué ya es casi Navidad!

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  3. Y yo que pensaba que lo hacia en positivo! Seguiré intentándolo. Ay, qué difícil es esto de la literatura!

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