lunes, 3 de noviembre de 2014

Quiero algo de sinceridad



Hay días en los que Juanjo me sorprende con algún comentario al subir tal o cual cuesta. El chaval tiene buenas facultades y un pundonor fuera de toda duda, así que si unimos esas dos cualidades, resulta difícil competir con él. Pues sí, de vez en cuando se descuelga con un: -“¡joder, qué asco me da esta cuesta!”- 

Estas cosas me elevan el maltrecho espíritu,  pues nadie mejor que yo sabe el asco que me dan todas las cuestas del mundo. En medio de mi egoísmo he llegado a pensar que era único en este asunto pero no, nada de nada; todos somos hijos de padre y madre y a todos nos suele doler en los mismos lugares, por ejemplo en las cuestas.

Estoy convencido de que si hiciéramos un sondeo de los repechos que tenemos atravesados en la garganta cuando disfrutamos de nuestro deporte (por si no lo sabéis, aquí se escribe de ciclismo), nos sorprendería comprobar que a todos nos fastidian los mismos lugares. A unos más y a otros menos. Unos los subirán en plato grande y otros con el pequeño. Induráin sentado y la mayoría de pie limpiando los bronquios. A veces nos sentiremos buenos y otras, normalmente, unos sacos de patatas.

Bueno, ya basta de palabrería y vamos a poner algunos ejemplos para aclarar al personal y hacer examen de conciencia, espero que nadie peque de soberbia y diga “¿eso? ¡eso lo subo yo con una pierna”  y sea lo suficientemente sincero como para reconocerlo “¡joder, cuánta razón tiene el jodido!”

¿A quién no le martiriza la cuesta de Añézcar? Y ¿la de los túneles de Irurzun? ¡Por favor, sed sinceros! Quiero veros a todos diciendo que “si”, que son dos cuestecillas bien jodidas. Sigamos: ¿verdad que la cuesta de Anoz y la siguiente que salva la vía del tren en Atondo, son asquerosillas? Vamos a cambiar un poco de ruta: No sé qué es peor, si la cuesta de Ibero y su hermana de Ciriza o el Puerto de Echauri. ¿Cuántas veces habremos maldecido la idea de ir a Sangüesa al subir el Bosquecillo de Sengariz? Hay otra que se toma con mucha alegría y todo el mundo anda en los metros finales estirando el cuello, como si finalista de los 100 metros lisos se tratara, mintiéndose a sí mismo en su afán de terminarla, se trata de la que nos lleva a Lumbier y está cercana al cruce de la carretera de Elcoaz. ¿Y el túnel de Eugui? ¡otra! ¿Alguien ha dicho algo de Mendigorría o era Larraga? Pues a mí me producen pavor las dos vertientes de Villaveta. ¡Ah! tengo otra que, no sé el motivo, pero me suele preocupar: la de Barasoain en sentido hacia Pamplona. Creo que por ahí pasa la curvatura de la Tierra y, claro, esa no tiene fin.

Así podríamos pasar el día entero; los de la zona de Pamplona sacaríamos nuestra colección de repechos atragantadores y los de Estella se reirían de nosotros. Éstos viven en un lugar que no sé si diferirá mucho del nuestro pero, eso sí, está plagado de cuestas. Y aquellos de Tafalla que levantan el dedo y gritan: ¿!la que está inmediatamente antes de San Martín de Unx!?

No domino en asuntos ciclistas La Ribera, así que no me atrevo a aventurar, pero seguro que tendrán las suyas; por ejemplo, siempre que me he acercado al cruce de Cadreita desde Caparroso he tenido que trabajar de lo lindo para salvar un tramo que no me atrevo a catalogarlo de puertecillo pestoso o repecho asqueroso.

Las incursiones que he hecho por la zona norte de Navarra siempre han sido por trazados, digamos, generales, así que no tengo elementos suficientes para detallarlos aquí. Pido perdón.

En fin, en este escrito no he querido hablar de puertos, no, sólo de aquellas elevaciones del terreno que cuando vamos en coche no se aprecian y que, sin embargo, existen. ¡Vaya que existen! Las sufrimos en silencio procurando que no se noten demasiado, sacamos pecho y a por otra. Ocurre que, en momentos de flaqueza, de sinceridad repentina, alguien a nuestro lado, pongamos que se trate de Juanjo, nos dice –“¡joder, qué asco me da esta cuesta!”-

Hasta pronto. Bs.

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