Este fin de semana ha sido un
ejemplo de lo que no tengo que volver a repetir nunca más. Nos fuimos cargando
de ilusiones para el sábado y en nuestras mentes juveniles fueron apareciendo
un sinfín de ofertas para realizar. La ganadora fue elegida por amplia mayoría,
por lo que a primera hora de la mañana, sin luchar por el espacio con los
habituales que van al trabajo o llevan a los hijos al colegio, pusimos rumbo
hacia Santesteban.
-“¿Hace frío? ¡No sé! No me doy cuenta”-. Caminamos rumbo al Valle
de Ultzama y parece como si cada uno de nosotros hubiéramos acudido a la cita
con el zurrón repleto de anécdotas. Sospecho que hemos dejado atrás Lizaso y
Auza; tengo una vaga imagen de subir la cuesta de Juarbe y de haber girado a la
derecha en el cruce de Oroquieta. Recuerdo perfectamente que llegué al
kilómetro 6 sin sobresaltos y que me empeñé en no “quedarme” en los últimos dos
kilómetros del puertecillo.
Desde el Alto hasta nuestra meta
se circula sin problemas; si acaso, la única dificultad está disimulada en la
bajada de Saldías a la carretera de Ezcurra. Son dos kilómetros en los que se
ponen a prueba los frenos y mi pensamiento recurrente gira alrededor de la
temperatura que alcanzarán en esos momentos las llantas ¡lástima de frenos de
disco!
Son las 11 de la mañana y
compruebo que me encanta la tortilla de bacalao. Hay buen ambiente ciclista en
Santesteban y, como siempre, me entra pereza para volver a subirme a la
bicicleta.
Nos esperan 23 kilómetros de
subida y lo hacemos de buena manera: ellos se quedan 100 metros más atrás y yo
subo a mi ritmo. El viento está de nuestra parte y lo estamos haciendo bien. Por
fin llegamos al mismo lugar por el que hace un rato circulábamos en sentido
contrario.
Otra vez estamos en Ultzama.
Tengo el vago recuerdo de haberlo dicho en otra ocasión y me reafirmo: el día
que “quien corresponda” se entere de lo bien que se circula por este Valle en
bicicleta, pondrá un impuesto a los idiotas de ciclistas ¡sería una verdadera
mina! Llevamos el viento pegado al culo, no lo hace con descaro pero da gloria
saber que está ahí detrás. La recta de Larráinzar nunca se me hace larga, el
secreto está en fijarse en los dígitos del Polar y procurar que la velocidad no
baje de los 45 kms/hora. La historia se prolongará por el Campo de Golf,
llegaremos otra vez a Ostiz y por la N-121 con nuestros compañeros los
camioneros murcianos, búlgaros, navarros y del resto del mundo llegaremos a
casa. Han sido 130 kilómetros los que han caído al coleto y las piernas están
cargadikas.
Suena el despertador y me
levanto. Parece que estoy bien pero no me fío. Decido no acudir a Ermitagaña y
salir por delante. El cabrón de Echauri sigue como siempre: terco, largo, duro
y soleado. Me siento un hombre cuando llego al Mirador y dejó atrás la primera gran dificultad del día. Hay que
desentrañar una serie de repechos que llevan a la base de Lezaun y en el cruce
de Casetas me alcanza el “Cárnicas”. La subida se hace cómoda con la
conversación de Carlos y llegamos al cruce de la carretera que lleva a
Lizarraga.
¡Ahí están, ahí! ¡Se les oye! Desplazan
ruido de ruedas y vocerío. Son los del club que ¡por fin! nos han alcanzado. Yo
quiero seguir su estela pero me cuesta. Las piernas guardan el secreto de la
jornada de ayer y quieren revelarlo. Cuesta mucho ponerse a rueda del pelotón y
estoy en las últimas posiciones. Me doy cuenta de que lo mejor que hay para
sacudirse el cansancio es olvidarse de complejos y procurar hacer lo mismo que
los demás: rodar y rodar.
Estamos en la primera curva del
Puerto de Lizarraga y noto que mi autosugestión se va a ir al
carajo de un momento a otro. Esto no “carrula”; ando pero los demás se alejan;
distingo perfectamente todas las características de los que me acaban de dejar
pero no, estoy en tierra de nadie.
-“¡No importa Víctor! En cuanto pasemos el túnel la vas a gozar”- Y
vaya que si tenía razón la HiBike, se
ha portado bajando el puerto de una manera espectacular. El grupo, totalmente
desperdigado, me ha servido para ir avanzando hacia Arbizu, saltando de uno a otro.
¿Qué queréis que diga? Es mi manera de pasarlo bien en la bicicleta. Los
puertos me aburren, me sofocan y no les encuentro el chiste por ningún lado.
Los subo porque no tengo otro remedio si he de desplazarme de un lugar a otro,
así que dejad que cante el muchacho.
Aún quedaba regresar por la
Barranca y lo he pasado mal por dos motivos: el primero por el cansancio
ocasionado por la ruta de ayer y de hoy y, en segundo lugar, por la manera de
andar que han tenido los integrantes del grupo. No quiero señalar a nadie,
teóricamente todos somos muy buenos y sabemos andar en bicicleta, pero yo tengo
otro concepto de cómo se debe maniobrar en una marcha cicloturista: no viene a
cuento dar tirones, escaparse, alcanzar al escapado, frenar en las cuestasabajo
y tirar como endemoniados en las cuestasarriba. ¡Dejémoslo estar!
Hoy han sido sólo 110 kilómetros con tres puertos.
Hasta pronto. Bs.
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