domingo, 26 de enero de 2014

¡Madelmanes! ¿Cuál es vuestro oficio?



Ha sonado el despertador y no tenía pinta de ser la hora que decía. La negrura era total y las esperanzas de andar en bicicleta escasas. A tientas he preparado el desayuno y, mientras ojeaba el periódico, he dejado que amaneciese. 

Al otro lado de San Cristóbal estoy seguro de que había llegado el mar Cantábrico. Desde la terraza se veía una cortina de nubes y nada más. Seguía la noche y la idea de la bicicleta estaba a la altura del suelo.

Cuando el panorama es así de negro suele ocurrir que decida dejarlo para mejor ocasión y, al tiempo, siempre me encuentro con alguno del grupo que me dice -“No nos hemos mojado nada, un poco en Campanas, nada más”- Esto me jode cantidad, así que he decidido comprobar si sería verdad o no lo que me dijera el susocicho y… ha tenido razón: no nos hemos mojado por fuera, todo ha sido por dentro. 

En la autoescuela poco a poco se ha ido formando un pelotón bastante numeroso y variado. La juventud estaba representada por el equipo del Lizarte” hasta que, subiendo paulatinos escalones, nos encontrábamos con los veteranos del club, gente que mañana cumplirá años y que llevan mucho tiempo haciéndolo.

A la vista de los acontecimientos  he decidido adoptar la postura del “aislamiento del resto del mundo", seguir la rueda del que llevo delante y, con la mirada puesta en el Carrascal, pensar en lo mal que lo iba a pasar en la de Muruarte de Reta. ¿Mal? ¡Sí!, pero la he pasado. En estos tiempos de pretemporada no tengo más que dudas, así que la próxima la he situado en el Alto de la Txapela. Algunos han puesto las suyas en la bajada de la cuestecilla y es que la velocidad, el curveo de la carretera y el recuerdo de alguna caída, hace que más de uno tome sus precauciones.

Camino de Artajona, escondido en el pelotón, tenía la impresión de que la velocidad no era alta y que los alardes anteriores habían aplacado un tanto al movimiento juvenil. Antes de alcanzar Mendigorría hemos pasado por un bache del tamaño XXXL y alguno ha pinchado en el intento; otros sólo lo han sentido en sus cubiertas mientras cerraban los ojos y encogían los hombros rogando: -“No, por favor, no, no pinches cabrona”-. En la confusión se han perdido teléfonos móviles, mi GARMIN se ha querido escapar de la potencia y el pelotón… partío en pedazos.

Hacía tiempo que no tomaba café en la pastelería de Puente, hemos aprovechado la ausencia de “alguien” y vuelta para casa.

En cuanto me he montado en la bici las sensaciones han sido nefastas: dolor en la parte trasera del muslo izquierdo y más dolor en la rodilla derecha, justo en donde termina la rótula y comienza el músculo. Conversando con el “Cárnicas” me he distraído de mis molestias y ya no han vuelto a aparecer hasta la cuesta de acceso al Carrascal. Me han esperado Luis (Garde) y Javi (Cabestrero) y con la ayuda posterior del “Lizarte” en pleno, hemos terminado de alcanzar al pelotón. Ignacio ¡serdo! Se notaba que tenías ganas de dejarnos atrás cuando el Canal estaba a la derecha. A todo serdo le llega su San Martín, no desesperes, ya caerás.

Esto ha sido todo por hoy. No me arrepiento de haber salido con la Rossin. Los 95 kilómetros de la marcha me han pasado factura, me duelen las piernas, ¡las siento! pero, de hoy en adelante, sólo cabe ir mejorando.

Hasta pronto. Bs.

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