Ha sonado el despertador y no
tenía pinta de ser la hora que decía. La negrura era total y las esperanzas de
andar en bicicleta escasas. A tientas he preparado el desayuno y, mientras
ojeaba el periódico, he dejado que amaneciese.
Al otro lado de San Cristóbal
estoy seguro de que había llegado el mar Cantábrico. Desde la terraza se veía
una cortina de nubes y nada más. Seguía la noche y la idea de la bicicleta
estaba a la altura del suelo.
Cuando el panorama es así de
negro suele ocurrir que decida dejarlo para mejor ocasión y, al tiempo, siempre
me encuentro con alguno del grupo que me dice -“No nos hemos mojado nada, un
poco en Campanas, nada más”- Esto me jode cantidad, así que he decidido
comprobar si sería verdad o no lo que me dijera el susocicho y… ha tenido razón:
no nos hemos mojado por fuera, todo ha sido por dentro.
En la autoescuela poco a poco se
ha ido formando un pelotón bastante numeroso y variado. La juventud estaba
representada por el equipo del “Lizarte” hasta que, subiendo paulatinos
escalones, nos encontrábamos con los veteranos del club, gente que mañana
cumplirá años y que llevan mucho tiempo haciéndolo.
A la vista de los
acontecimientos he decidido adoptar la
postura del “aislamiento del resto del mundo", seguir la rueda del que llevo
delante y, con la mirada puesta en el Carrascal, pensar en lo mal que lo iba a
pasar en la de Muruarte de Reta. ¿Mal? ¡Sí!, pero la he pasado. En estos
tiempos de pretemporada no tengo más que dudas, así que la próxima la he
situado en el Alto de la Txapela. Algunos han puesto las suyas en la bajada de
la cuestecilla y es que la velocidad, el curveo de la carretera y el recuerdo
de alguna caída, hace que más de uno tome sus precauciones.
Camino de Artajona, escondido en
el pelotón, tenía la impresión de que la velocidad no era alta y que los
alardes anteriores habían aplacado un tanto al movimiento juvenil. Antes de
alcanzar Mendigorría hemos pasado por un bache del tamaño XXXL y alguno ha
pinchado en el intento; otros sólo lo han sentido en sus cubiertas mientras
cerraban los ojos y encogían los hombros rogando: -“No, por favor, no, no pinches cabrona”-. En la confusión se han
perdido teléfonos móviles, mi GARMIN se ha querido escapar de la potencia y el
pelotón… partío en pedazos.
Hacía tiempo que no tomaba café
en la pastelería de Puente, hemos aprovechado la ausencia de “alguien” y vuelta
para casa.
En cuanto me he montado en la
bici las sensaciones han sido nefastas: dolor en la parte trasera del muslo
izquierdo y más dolor en la rodilla derecha, justo en donde termina la rótula y
comienza el músculo. Conversando con el “Cárnicas” me he distraído de mis
molestias y ya no han vuelto a aparecer hasta la cuesta de acceso al Carrascal.
Me han esperado Luis (Garde) y Javi (Cabestrero) y con la ayuda posterior del
“Lizarte” en pleno, hemos terminado de alcanzar al pelotón. Ignacio ¡serdo! Se
notaba que tenías ganas de dejarnos atrás cuando el Canal estaba a la derecha.
A todo serdo le llega su San Martín, no desesperes, ya caerás.
Esto ha sido todo por hoy. No me
arrepiento de haber salido con la Rossin. Los 95 kilómetros de la marcha me han
pasado factura, me duelen las piernas, ¡las siento! pero, de hoy en adelante,
sólo cabe ir mejorando.
Hasta pronto. Bs.
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