martes, 30 de julio de 2013

Estamos en Verano.


            El verano no es buena época para mantener las costumbres del resto del año. La mayoría de nosotros tendemos a escaparnos de la rutina y es difícil pretender la uniformidad del “curso escolar”.

            Los Tres de Castilla se renuevan constantemente, unas veces tienen dos componentes, otras tres y, según el grado de dificultad de la obra, han llegado a ser cuatro los artistas del grupo. Creo que en el mes de septiembre todo volverá a ser como antes. Hoy, por ejemplo, eran las 8,30 y, con puntualidad navarra, hemos conformado un cuarteto de lujo. La Chimenea observaba a Ignacio, Iñaki, Toño y Víctor y enseguida se ha percatado de que los lenguaraces tramaban dar la Vuelta a la Montaña.
 

            ¿Qué queréis que os diga que no sepáis ya? La carretera hasta Aoiz siempre nos depara lo mismo, siempre apretamos en el mismo lugar, siempre dejamos de atosigarnos en el mismo sitio, siempre nos creemos “buenos” en el mismo tramo y, así, poco a poco vamos entrando en calor para encarar las famosas cuestas de los túneles. Hoy hemos incorporado una pequeña variante, si se le puede llamar así, que consiste en subir por Olaberri con su repecho del 18%.

            Nos hemos plantado en Espinal de la manera más sencilla, sin darnos cuenta de nuestra hazaña, hablando de todo lo que se meneaba y, lo que es mejor, con una perenne sonrisa instalada en nuestras jetas. Café con hielo. Subida a Mezquíriz y bajada. Camino de Erro nos ponemos a 55 kms/hora como quien lava y con viento sur. Subimos el puerto con garbo y lo bajamos a lo que ha dispuesto Ignacio. ¿Cuántas veces me habrán visto pasar los pueblos del Ayuntamiento de Esteríbar montado en bicicleta? Buen ritmo hasta Pamplona salpicado con picos en el llano más próximos al profesionalismo que al cicloturismo.

            A la altura de Huarte se me ha ocurrido preguntar: ¿Nos tomamos una cerveza en Mendillorri? He llegado tarde, Toño ya lo había propuesto y en extramuros, en Ripagaina, hemos terminado de aclarar todos los conceptos sobre los que todavía se cernía alguna duda: bien sean políticos, laborales, deportivos o de planes para los próximos días.
 

 

            Al acercarme a casa me he acordado de las fotografías que estos días los amigos Luis y Carlos Braco, Alberto y Mario han colgado en Facebook, poniéndonos los dientes largos con sus andanzas por los Pirineos. Nosotros no llegamos a tanto pero, ahí van las nuestras: estamos en Navarra, a la sombra de la casa de Toño, las cervezas tienen trazas de hielo en las copas y es una maravilla disfrutar de los días de verano con sus costumbres extrañas.

            Hasta mañana. Bs.

           

domingo, 28 de julio de 2013

"Estado de Forma"


           Hoy es domingo, día de “marcha” con el club. Siempre me resulta agradable ver a mis compañeros de UCN. Parece que los conozco de toda la vida pero, no es así. De los que empezaron conmigo allá por 1977 hoy, con nuestro grupo, no sale nadie más que yo. Los demás fuisteis llegando paulatinamente y, como sucede en la vida, muchos se fueron por diversos motivos: unos por cuestiones irremediables contra las que no podemos oponer resistencia, otros encontraron cobijo en otros clubes o grupos más afines a su manera de ser o, sencillamente, porque terminaron hartos de la “flaca”.

            Bien, no nos pongamos transcendentes. En la primera parte del camino el ritmo ha sido muy asumible, ha dado tiempo para encontrar a nuestro compañero más aparente y hablar tranquilamente del anecdotario ciclista. El mío ha sido Rufino, ¡buen jicho!.

            Ha sido en el cruce de Zubiri. En cuanto se ha visto la cuestecilla de Saigos, mi aparato perceptor de movimientos ha avisado que tenía que apretar los glúteos un poco más de lo que venía haciéndolo hasta ese momento. Es algo parecido a los movimientos telúricos, los hay de distintos grados de intensidad y los más ligeros pasan desapercibidos para la población, captándolos sólo los aparatos sísmicos; pues eso, mis glúteos se han apretado un poco, aunque igual era el ojete.

            La suerte estaba echada y la bola, poco a poco, rodaba más deprisa. En mi mente se ha instalado una preocupación y la causa cada vez estaba más cerca: la cuesta del túnel de Eugui. He decidido tomar el toro por los cuernos y subirla con determinación. Me he abierto por la izquierda (un exterior) y he remontado posiciones. Poco a poco he alcanzado a Javi y, en el interior del túnel, el jodido de él ha porfiado conmigo, no terminando nunca de sobrepasarlo. Esta táctica la emplea mucho Juanjo, nunca puedes rebasarlo del todo, su religión se lo impide.

            Hasta el cruce de Artesiaga el ritmo ha sido piu forte y, de acuerdo con mis pensamientos, he decidido subir el puertecillo a mi ritmo, pues mi trabajo ya estaba hecho.

            Arriba, Ignacio ha hablado con Jaurrieta y parecía que estaba disculpándose por haberse quedado en la subida: -“Joaquín, todavía no estoy en forma”-. Mientras regresábamos (Ignacio, Iñaki y yo) me asaltaban ideas acerca de qué es “estar en forma”. Resulta algo muy subjetivo: ¿alguien diría que Tom Boonen está en baja forma por el hecho de quedarse en un puerto? ¿Alguien diría que Míkel Nieve está en baja forma por quedarse en el Muro de Grammont a manos de Cancellara? ¿Quién se atrevería a decir que Cavendish o Greipel están en baja forma por descolgarse en La Covatilla? Yo os lo anticipo, NADIE. En cambio en nuestro ambiente el que sube parece que es el que anda y no, no es o no debería ser así. Ignacio, andas un huevo y la yema del otro, así que no me vengas con tonterías y, por favor, que no te vuelva a oir nunca más decirle a Joaquín que “no estás en forma”. A lo sumo, te concedo que tendrías que bajar unos kilillos (uno o dos) y ¡ZAS!: a seguir dando oxtias.

            Hasta pronto. Bs.

jueves, 25 de julio de 2013

"Paseo" de verano por El Parque de Urbasa


            Son las dos de la tarde, hace hora y media que he llegado a casa y he estado 300 minutos, más o menos, subido en mi Look.

            Esto sería una manera muy sencilla de relatar la vuelta ciclista de hoy. Nadie que lea esto tendría motivos suficientes para hacerse una idea de lo que hemos hecho los ciclistas, que a las 7,30 de la mañana estábamos en la autoescuela.

            Si soy un poco severo enjuiciando los motivos que llevaron a suspender esta marcha, cuando correspondía según el calendario del club, sería justo decir que hoy tendríamos que haber hecho lo mismo y por idéntico motivo: la climatología.

            En la salida estábamos la gente habitual y dos no tan habituales: Manu, sin su antiguo bigote e idéntica planta de deportista y Jorge “Prurito” Rodríguez que cada día se parece más a cualquier profesional de los que salen en TV.

            Ha sido en la recta de Arazuri cuando han tomado el mando de las operaciones dos sujetos que atienden por Willou y Prurito. Es tal la calidad que atesoran que les sale la clase en cada pedalada que dan y, claro, el resto de la banda maldiciendo el ritmo que esta parejita de profesionales imprimen. Tengo comprobado que, por mucho que me reserve, hasta que no me lío la manta a la cabeza, ando muy mal; tengo que meterme en harina y participar en los fregaus; hasta que no lo hago, soy un alma en pena que malvive en el interior del pelotón. En esas estaba cuando he decidido ayudar a los susodichos y… que sea lo que Dios quiera.

            En menos de una hora ya habíamos dejado Irurzun atrás y la Barranca nos veía pasar y arreglar un reventón de Manu. Enseguida hemos llegado a Echarri Aranaz y ahí, Ignacio, Iñaki y yo, nos hemos separado del grupo. Ignacio tenía motivos para llegar a casa temprano y el resto del trío ganas de ayudarle en su intento.

            El puerto de Lizarraga muy pocas veces lo he subido desde Echarri, así que no tenía las consabidas referencias que ayudan a regular las fuerzas y la mente. Después de los tres primeros kilómetros, llega el cruce de la Cadena y de ahí hasta arriba no ha sido excesivamente atosigante. Lo que está resultando difícil es dejar de echar mano del iPhon cada vez que veo algo interesante y fotografiarlo; a falta de 100 metros para llegar al túnel existe un mirador que insistentemente llama tu atención y te dice: deja de pedalear un momento, tranquilízate, no sudes y mira ¡so pelau!




 
 

            Le hemos hecho caso y el “mirador” tenía razón: se divisa La Barranca, San Donato y una extensión enorme de bosque y verde. Dan ganas de vender la bicicleta, almorzar de plato, tenedor y carajillo y practicar el ciclismo por medio de TVE, es decir, más bien poco.

            Reconozco que desde el Alto de Lizarraga hasta el cruce de Lezaun, el territorio es fácil, hay que trabajar pero, no es problemático. El camino hacia Echauri es pestoso pero no me asusta y la bajada del Puerto está hecha para profesionales y yo lo soy.

            Leyendo estos retazos de la ruta de hoy, nadie podría adivinar por qué habría que haberla suspendido, tanto la que nosotros tres hemos dado, como la que el resto del grupo ha realizado por el Puerto de Urbasa. Aclaro que nosotros también hemos rodado hoy por el Parque de Urbasa. Bueno, no me distraigáis, el problema estaba en la temperatura. Siempre nos quejamos de lo que tenemos en un momento determinado: del frío, de la niebla, de la lluvia, de… el calor! ¡jodé con el calor! Subíamos Echauri a 32 grados y hemos llegado a casa con 36. En la carretera con esa temperatura no están ni los que echan la brea y aparecemos nosotros, con más años que los fosos de la Ciudadela de Pamplona y nos pegamos 115 kilómetros, sudando como el amigo Froome en el Tour y con veintitantos kilos más que él. Lo dicho, como pase muchos días por el mirador del Puerto de Lizarraga, igual le hago caso y me olvido de la Look, de las ruedas de carbono, de los cullottes de licra y demás y…

            Espero que sólo sea un calentón y pueda estar con todos vosotros enseguida.

            Hasta pronto. Bs.


martes, 23 de julio de 2013

El túnel del tiempo


            Definitivamente me cambio al día, la noche no tiene nada que rascar, donde esté desplazarse por mi pueblo a las ocho y media (08,30) que se aparte el hacerlo a las veinte treinta (20,30). Sí, ya lo sé, muy pocos andan a esas horas tan intempestivas, me refiero a las de la noche. Algunos compran unos faroles con potencia superlativa que espantan a los pobres animalillos que ya estaban medio dormidos por el campo. En mi caso hablo de madrugar un poco y tener la posibilidad de no bronquear con nadie, de saltarte los semáforos en rojo y no importar, pues todavía pocos sienten la necesidad de coger un taxi, las “villavesas” van por su camino, los repartidores no reparten y los que andan no hacen ruido. Así, cruzo Iturrama y me planto en la primera cuesta del día, la Avda. de Galicia, avanzo hacia Pedalier y, al llegar a Monjardín, echo de menos el curso escolar: no hay ni un 4x4 aparcado en triple fila, ni un pasma desordenando el tráfico, ni ná de ná.


            Por fin llego a “La Chimenea” y espero a Iñaki; todavía tardará un rato en aparecer, así que me siento y observo todo lo que se menea. De pronto oigo un ruido que no se me hace desconocido pero que, en las primeras décimas de segundo, no logro adivinar de donde proviene. Apenas ha transcurrido un instante y mi cuerpo, que no mi cerebro, me dice qué es “eso”: son los aspersores que humedecen la pradera que rodea nuestro lugar de encuentro. Más bien ha sido la sorpresa de recibir una ducha vestido lo que me ha molestado porque, bien mirado, el agua no estaba fría.








            No puedo contar muchas cosas respecto a lo que nos ha pasado en nuestra ruta de hoy, justamente recuerdo que hemos aparecido en Erro sin darnos cuenta; la conversación ha sido fluída: hemos dado buena cuenta de los distintos modelos de bicicletas, de sus componentes, de los distribuidores, de cual nos gusta a rabiar, hemos recurrido al anecdotario, vagamente distingo que nos hemos cruzado con Luis (Vidales), después con José (Salvador) y, más tarde, con Juan Cruz (Ibarrola) pero, casi casi, podría decir que tengo un agujero en mi cerebro y que he perdido la memoria de lo que me ha pasado desde “La Chimenea” hasta Erro, pasando por Urroz.

            Subiendo el puerto hemos movido con salero el jopo y, bajando hacia Zubiri, hemos alcanzado a toda la automoción que nos había superado en la otra vertiente. Qué duda cabe que el pasado Tour nos ha enseñado mucho acerca de las técnicas del descenso y, claro, eso se nota.

            Camino de casa no hemos caído en la tentación de seguir a los pocos desocupados que nos han alcanzado y es que nosotros seguíamos en la idea de terminar con el catálogo de bicicletas y anécdotas que habíamos dejado a medio componer anteriormente.

            La Vuelta a Erro ha estado muy bien dada y mañana seguiremos cantando a dúo Iñaki y yo, ¿dónde? Ni idea.

            Hasta pronto. Bs.

lunes, 22 de julio de 2013

Experimentando con la Fixie



      

            En el estado gravitatorio en el que me muevo, madrugar no supone ningún problema. Estoy pensado en retirar el despertador pues, antes de que suene, ya me he levantado de la piltra, así un día tras otro, sospecho que será debido a que mi trabajo actual no cotiza a la S.S. o que no me espera un jefe con cara de mala oxtia en ninguna oficina; si acaso, algún munipa o repartidor listo con furgoneta que, a su vez, ya se han visto las caras con su jefe: el que yo no tengo.
            Desde hace unos cuantos días me viene rondando una idea en la cabeza, nada grave, se trata de dar una vuelta con la “fixie”, así que, aprovechando que el Trío se ha disuelto temporalmente y que los sustitutos no han dado la cara, me he decidido a desempolvar mi renovada VITUS, hinchar las ruedas, recordar cómo funciona su cuentakilómetros y salir de casa. Después de los sanfermines los currelas de los jardines trabajan a presión y, a este paso, es muy probable que, para el próximo mes de agosto, ya podamos presumir otra vez de la Vuelta del Castillo; enseguida la he dejado atrás y, respetando todos los semáforos en rojo, me he presentado en la Rochapea. La salida hacia Berrioplano la tomo por la senda del Plazaola y encaro  Marcaláin.
            La VITUS reconvertida en “fixie” es muy silenciosa, no cruje ni se oyen los engranajes de la catalina; el día está fresquillo y se agradece haber madrugado; adelanto a cantidad de soldados que hacen “footing” y algún fantasmilla se anima a seguirme: mala idea muchacho, esta bici, aunque anda corta de desarrollo, alcanza fácilmente los 25 kms/hora en el camino y, como no te llames Abebe Bikila, lo tienes claro.
            En Ollacarizqueta alcanzo a una veterana de la carretera que, por lo que se ve, le quema la cama más que a mí, le saludo y, del susto, por poco se cae. Durante la subida de Markaláin aprovecho a sacar unas cuantas fotografías y la susodicha me alcanza con sonrisa de profiden. A estas ciclistas es muy fácil tenerlas contentas, sólo tienes que dejarte alcanzar subiendo un puerto para que se les plante en la cara la satisfacción de haberlo pasado muy bien. Nos hemos separado en Aróstegui, yo he seguido hacia Guelbenzu para tomar tranquilamente un cortado con hielo en el Aitona.
            Los ocho kilómetros que quedan hasta Ostiz los he hecho totalmente desorientado: con un 39x20 se llevan las piernas muy revolucionadas y, en cuanto superas los 25 por hora, resulta muy difícil coger pedales, así que lo mejor es que lleguen los pequeños repechos de la ruta para sentir la pedalada.
            Ya en la general me ha alcanzado uno de los veteranos del club, Martínez de Lizarrondo, a la mayoría de los integrantes actuales de UCN no os sonará (vuestra memoria histórica es muy corta chavales) y, como referencia, os diré que trabaja en la autoescuela en la que quedamos los fines de semana. Me ha acompañado hasta Arre y ahí me he cobijado en el camino fluvial. La montura de hoy me lo ha agradecido, me ha dicho que no está hecha para andar por carretera, que ella se mueve con soltura por las calles y alrededores de Pamplona y que, si quiero hacer ciclismo de más altas miras, acuda a la Look o a la Flash y que a ella la deje en paz. Amén.
            Entre una cosa y otra me han salido 58 kilómetros, ya sé que la Vuelta a Ulzama no tiene tantos pero, si te metes por caminos fluviales y los abandonas en Landaben, el cuentakilómetros alcanzará ese número. La vueltita ha estado divertida y he comprobado que la vieja VITUS, después de las mejoras que ha introducido el amigo Ignacio, funciona de maravilla.
            Hasta pronto. Bs.
 

domingo, 21 de julio de 2013

¡Ha llegado el verano... digo la caló!


            Todos sentimos de manera parecida, no importa que haga calor o que haya que madrugar más de lo que nos gustaría, todos hacemos un hueco en nuestras obligaciones y encontramos el tiempo necesario para salir en bicicleta. El calor viene avisando desde hace tiempo y es  fácil comenzar a sudar en el mismo trastero mientras hinchamos las ruedas, no te digo nada en cuanto empezamos a pedalear.

            Por el camino me ha asaltado la duda respecto a la hora de salida, ya sabéis, esas ideas tontas, como por ejemplo: ¿habré cerrado el grifo, habré apagado la luz, habré cerrado la puerta? ¿A qué hora salimos hoy? A las 8,30 ¡jodé!


            Conforme me acercaba a la “autoescuela”, han ido apareciendo los que no han huído todavía de vacaciones. Allí estaban Ignacio, Luis, Toño, Ramón, Carlos (Argente), Carlos (Cárnicas), Carlos (Mantecón), Angel, Enrique, Willow, uno con maillot de Leiza, Antonio, Pedro, Pablo, Juanjo (García)… más tarde Iñaki, perdóname si a ti no te nombro, no es que no te haya visto es que ahora no me acuerdo, seguramente iba hablando y ahora no caigo. Perdona Joaquín, también estabas tú. A todos, sin excepción, me ha gustado veros; a unos no os había visto desde el día 1 de mayo, el día de la caída de Carlos y Juan Luis, a otros es más fácil encontraros.


            Ayer estuve en el Nacedero del Río Urederra, eso sí que es un lugar precioso, lo único malo que tiene es que hay que subir un buen rato por caminos estrechos y luego… bajar. El resultado fue que acabé bastante cansado y hoy lo he pagado subiendo el Puerto de Erro. No iba mal pero el carro andaba menos que vosotros. Willow se ha empeñado y gracias a él no he perdido del todo las aspiraciones en la general del Tour de France. El camino hacia Urroz ha estado bien, sin grandes apreturas pero ligericos. Ahí, tanto Ignacio como, yo nos hemos despedido del resto, teníamos otras obligaciones y hemos puesto rumbo hacia casa. El sol nos ha tostado el culotte (le cullotte en francés) y nos hemos acordado de todos los que lo llevabais de color negro, los nuestros estaban próximos al paroxismo y dispuestos a echarles las gambas.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
   
















        Ya en Cizur, me he juntado con un madelman de cerca de dos metros de alto por uno y medio de ancho (200x150), algún que otro tatuaje y sin casco. Le he preguntado si practicaba el ciclismo o la halterofilia, después de quitarse los auriculares, desde lo alto de su bicicleta de monte con ruedas de tacos, me ha dicho que ahora lo suyo es la bici, las pesas hace tiempo que las dejó de lado y que, contrariamente a lo que podía pensar por su aspecto, lo que más le gusta es subir la Higa, San Miguel, Aranguren, … No he tenido más remedio que sacar pecho y subir la cuesta de la Fuente del Hierro a toda la leche, todo sea por el honor de UCN. Cualquier día de estos aparece en la autoescuela con la de “tacos” y veréis, yo os aviso: tatuaje debajo de la oreja, pelo corto, la altura y anchura ya os la he comentado, buena persona y hemos quedado como amigos, ahora os toca a vosotros ganároslo, ¡menudo tío!

            Esto es todo por hoy, el próximo domingo espero estar mejor que hoy, por si acaso esta semana seguiré entrenando para conseguirlo y ser uno más del grupo.

            Hasta pronto. Bs.

           

jueves, 18 de julio de 2013

Bienvenidos al Norte


                        Las Vueltas Ciclistas a la Zona Norte de Pamplona se suceden sin descanso. No me preocupa lo más mínimo porque sé a qué es debido: las circunstancias mandan y nos indican por dónde es conveniente atacar el entrenamiento del día.


            Cuando me siento en el banco de costumbre a esperar a la panda, poco a poco empiezan a desfilar de cara los peregrinos a quienes, desde la Universidad, he conocido de culo; alguno saluda muy sonriente y otros, la mayoría, desfilan con la altanería propia del… ¿tímido? No se está nada mal en Cizur a las 8 y media. No hay excesivo ajetreo, se nota que estamos en julio y que las vacaciones han despoblado el lugar. Si no fuera por la obligación ciclista, sería capaz de pasar toda una mañana en el banco con Iñaki y Toño hablando de ciclismo y mirando de reojo el verde potente de mi amiga la sequoia.
 
 
 
 

            A lo lejos se divisa a un tío con maillot fácilmente reconocible. Por detrás tiene el aspecto de un chaval pero en realidad es un camaleón con ganas de despistar su verdadera edad: Félix Hernando. En Irurzun nos despedimos; él sube Madoz y nosotros, con la querencia de los últimos días, Aizcorbe. Hay unos carteles que avisan de que la travesía de Cía está cortada por obras. Supongo que vosotros habríais hecho lo mismo que nosotros, es decir, seguir sin hacer ni puñetero caso de los “avisos” y ¿qué os hubiera ocurrido? Os lo cuento: todos pie a tierra con vuestras zapatillas de suela de carbono, bicicleta al hombro y saludando educadamente a los del casco blanco. Estos buenos señores han levantado todo el pavimento del pueblo dejándolo como una pieza de la Cuenca de Pamplona dispuesta para las labores agrícolas. Os recuerdo que Cía solamente tiene una calle y os aviso de que el carbono soporta muy bien las aristas de las piedras y que la brea vieja mezclada con arena no castiga en exceso el brillo de las Sidi, que conste.

            Después de descifrar el laberinto de Músquiz, Oscoz, Eraso, Latasa y Urriza, poco a poco se instala una idea en el cerebro: “en estos momentos me gustaría muchísimo más tomarme un café con hielo en Jaunsarás que pedalear con estos dos mamelucos”. ¿Sabéis una cosa? Esos tíos estaban pensando exactamente lo mismo que yo, así que los tres mamelucos estábamos poniendo un ritmillo bastante majo para llegar, cuanto antes, a repostar. El café da alas y, con algún que otro momento en el que hemos aflojado un poco el pedaleo, poco, nos hemos presentado en casa con tiempo suficiente para que estas noticias salgan en la edición de la tarde.

            Han vuelto a salir 95 kilómetros. El GARMIN es terco y siempre que damos esa vuelta señala, con pelmaza precisión, que la Vuelta Ciclista a la etc. etc. tiene ese kilometraje, así que no le deis más vueltas a la Vuelta.

            Hasta pronto. Bs.

lunes, 15 de julio de 2013

Baby, I'm back


            Pertenezco a esa raza que, en cuanto llega el 6 de julio, sólo piensa en salir pitando de Pamplona. ¿Qué le voy a hacer? No estoy solo en esta huída, el resto del mundo se hace de oro gracias a los miles de pamploneses que preferimos dejar nuestro pueblo para desear que llegue enseguida el día 14.

            Este año ha tocado en suerte visitar Cantabria. Estoy seguro de que el Sr. Revilla tendrá sus razones para alabar, como los loros de repetición, las excelencias de su comunidad y yo no las podré rebatir pero, de todo lo que he visto, salvo el mar, tenemos en Navarra para diario; no digo nada para los festivos porque entonces me pondré tan pesado como él.
 

 

            De siempre han dicho que las vacaciones sirven para romper con la rutina diaria y ese ha sido mi objetivo, hacer cosas que no están a mi alcance el resto del año: pisar arena, escudriñar el horizonte, jugar a pala, intentar y conseguir que este año los rayos del sol no me quemen como siempre, compartir espacios con gente que no conoces de nada y que, salvada esta semana, no volverás a ver en el resto de tu vida, asombrarme de las idioteces que hacen los padres actuales con sus niños, aguantar sus impertinencias, conocer lugares interesantes e intentar que la balanza caiga siempre del lado más amable para que el año próximo tengamos ganas de dejar Iruña solamente por una semana, la pasada.
 
 
 
 

            Pues bien, ya estoy aquí dispuesto a zambullirme en mi deseada rutina mañanera. Ayer hicimos planes Ignacio y yo y, con la sustitución de Juanjo por Iñaki, nos hemos dado la “Nosecuantas Vuelta Ciclista a la Zona Norte de Pamplona”. ¡Si! Esa misma, la que saliendo de Cizur nos dirige hacia Gazólaz y camino de Irurzun hace que saludemos a Alex, la que sirve para recordarnos que el ciclismo es muy exigente y celoso y que, como le dejemos de lado una semanita de nada, se encargará de hacérnoslo pagar en forma de dolor en el culo; la que nos indica que Aizcorbe está en un alto y que más tarde viene Cía, que después de Oscoz conviene visitar Eraso para vigilar los baches de Latasa, comprobar que últimamente la cuesta de Urriza ni es cuesta ni es y que la chica del bar de Jaunsarás atiende de una manera que da gloria. ¿Os acordáis de lo que he dicho al principio de mi crónica? ¡Pues eso! Da gloria circular por Navarra. No sé que podría contar de lo que viene a continuación: una vez situados en Juarbe, Elzaburu se presenta sin contemplaciones y pasamos por Auza, Larráinzar y Lizaso a velocidad más propia de los ‘mataus’ del Tour que de las figuras de UCN. El Campo de Golf de Ulzama sigue en el mismo sitio y así, jugando, jugando, Ostiz nos hace ponernos de pie para no perder el impulso que traemos. Por Olave nos han recordado que la velocidad máxima permitida la habíamos superado en 10 puntos y que, un día de estos, nos van a dar con los carteles reivindicativos.

            Esta Vuelta ha servido para tomar contacto con la “flaca”, hacernos amigos de nuevo y tener ganas de volvernos a encontrar mañana todos: Ignacio, Iñaki y yo junto con nuestras respectivas flaquitas

            Hasta mañana. Bs.

jueves, 4 de julio de 2013

El Tour de France y yo.


             Cuando me he cruzado con mi amigo Karlos en el pueblo de Zuriáin, venía pensando en lo poco que me “pone” el Tour de France. La manera de correrlo no tiene nada que ver con las clásicas de primavera que algunos privilegiados hemos tenido la suerte de ver este año.

            Tampoco me gustaría que hoy en día se corriera como en la década de los 60, ni mucho menos en la de los 50 y 40 cuando los ciclistas asaltaban los bares y las tiendas de ultramarinos diciendo -“esto lo paga Torriani”- o cuando, alrededor de una fuente en la plaza del pueblo, se agolpaban los gregarios y no tan gregarios para llenar el botellín de agua y cuando, ya en la década de los 80, sancionaron a Angel Arroyo por llevar en el Tour zapatillas de color blanco. No sería deseable enterarse de los resultados de la etapa al día siguiente de su celebración, cuando en La Voz de Navarra daban un resumen, más o menos teatralizado, de lo que había sucedido el día anterior, esto pasaba en los 60.

            Pese a todas las “desdichas” que acabo de contar, creo que, si no hubieran sucedido, tampoco tendría la afición que tengo por el ciclismo y que conste que gran parte de lo que acabo de decir sólo lo he conocido por las fotografías que han caído en mis manos.

            A partir de ahora voy a hablar en singular, yo, primera persona del singular: en el Tour todo es previsible, todo está controlado por unos señores de ascendencia anglosajona que, de manera robotizada, dictaminan lo que pasa en la carrera. Los peones, descendientes de Robocop, primos hermanos de Terminator, amigos de los que mandan en las grandes agencias de espionaje deciden lo que tiene que pasar. Todos los días se escapan unos pobrecillos que se hartan de pedalear durante una sarta de kilómetros hasta que, unos maromos sentados delante de una mesa de mandos, ordenan a qué velocidad y en qué punto exacto la maquinaria se tiene que poner en funcionamiento; así, de manera sistemática, Mazinger y sus hermanos gemelos comenzarán a mover los gemelos, los puños, los glúteos, los hombros, los huevos, ¡todo! hasta que, a falta de un kilómetro y setecientos metros, los desgraciados de turno serán cazados y devorados. Todavía habrá tiempo para una o dos caídas dentro del “último kilómetro” y Cagüendiez ganará otra etapa y sus compañeros de equipo perderán el culo por abrazarle y yo, asqueado, volveré a la Sexta a ver a Mamen Mendizábal.


            En esas estaba cuando he decidido que, después de tomarme un café en Zubiri, era una buena idea acercarme hasta Eusa, perteneciente al Ayuntamiento de Ezcabarte, subir la cuesta que le defiende de ataques trasnochados y arremeter con el repechón que conduce al cementerio del pueblo; creo que el GARMIN se ha roto de repente o que los satélites han dejado de funcionar al unísono ya que la pantalla, asustada por la pendiente, se ha quedado a “cero” y, después de un rato, ha vuelto a señalar 19%. ¡Mentira! Eso no tiene un 19 ni pedo, a lo sumo un 25% y vas contento.
 
 

            He vuelto a casa y he pensado que mi ciclismo no tiene nada que ver con el de los madelman: era una suerte circular por el Paseo Fluvial, saltar a la carretera que lleva a Zubiri, regresar hasta Huarte con el cuentakilómetros señalando 40 kms/hora y subir el costalón de Eusa. Han sido 70 kilómetros placenteros y nadie me ha dicho que, según un tío que “decide”, tenía que correr más para que Cagüendiez ganase la etapa y luego, encima, tener que abrazarle.

            Hasta después de “sanfermines”, me voy. Bs.        

miércoles, 3 de julio de 2013

Vueltitas desintoxicantes


             Los tres teníamos hoy motivos para estar de regreso a hora temprana, los profesionales sabemos anteponer las obligaciones y, aunque nos amuele, echamos mano de cantidad de refranes que vienen al pelo para estas ocasiones: “antes es Dios que los ángeles”, “antes la obligación que la devoción”, “cuando seas padre comerás huevos”, etc.

            Bien, ya sabemos que teníamos “papeles que resolver”, pero es que, además, el día ha amanecido de color grisazulenco, por lo que si juntamos las dos circunstancias lo más lógico hubiera sido aprovechar que nos dejan el Diario en la puerta de casa y leerlo tranquilamente mientras dábamos cuenta de abundante café con leche y tostadas. Pues no, ni por esas, el vicio lo tenemos enraizado de tal manera que es fácil encontrar vueltas desintoxicantes, “vueltitas” que dirían en Bilbao, así que hoy también hemos visto la fauna de costumbre y nos hemos sentado en el mismo banco de casi todos los días, estoy hablando de los jacobeos y de Cizur.
 
 

            Apostaría que la vuelta de hoy ha tenido dos puntos que no son conocidos por la mayoría de los que andáis en bicicleta por Pamplona o, por lo menos, no pasáis con mucha frecuencia por los lugares que voy a deciros: el primero se trata de un camino totalmente descarnado y que, desde las afueras de Gazólaz por el cementerio del pueblo, desemboca en la carretera que une Paternáin con Ororbia. En tiempos remotos, el camino deshecho de hoy era una humilde carretera de apenas dos metros de anchura y que hubiera hecho las delicias de los clasicómanos de haber estado enclavada en los alrededores de Roubaix. Poco a poco ha ido languideciendo por falta de atención desde la Dirección General de Obras Públicas del Gobierno de Navarra en favor de otras carreteras de mayor tronío pero que, desgraciadamente, no están permitidas para andar en bicicleta que es lo que nos interesa en estos momentos.

             Os haría una pregunta para hablar del segundo punto no demasiado conocido por vosotros, eso creo, ¿sabéis donde se encuentra Atondo? ¿Cuántos de los que habéis respondido -sí- os habéis atrevido a subir hasta la carretera que lleva a Erice de Iza? Normalmente el cruce de Atondo se pasa jadeando después de haber subido el repecho que salva el obstáculo de la vía, carretera de Irurzun. Antiguamente las carreteras estaban asaltadas por “pasos a nivel” y, poco a poco, fueron eliminándose en beneficio de los costalones que tienen una misión principal para el ciclista: limpiar los bronquios. Todavía queda algún que otro “paso a nivel”, como por ejemplo el de Izurdiaga, si bién lo han hecho a propósito para atestiguar tiempos pasados y procurar las blasfemias de los malhablados del pelotón cuando están a punto de romper las ruedas de carbono de sus bicicletas de carretera, no de ciclo cross. Me gustaría contaros que la subida que lleva a Atondo tiene algo menos de un kilómetro y que, en la parte final del trayecto, el GARMIN ha señalado durante un buen rato un porcentaje del 17%, cifra que no resulta desdeñable, al menos así creo yo y el aldeano que ha dejado de trabajar para mirar con atención el esmero que poníamos en nuestro empeño.

            Esto ha sido todo por hoy, la “vueltita” ha llegado hasta los 45 kilómetros y eran las 11 de la mañana cuando he saludado al vecino del noveno que mantenía abierta la puerta del portal de mi casa.

            Hasta pronto. Bs.

martes, 2 de julio de 2013

Hoy tengo un Plan


            Sí, hoy tengo un plan, y ese plan que tengo, como compañero vuestro que soy, lo voy a compartir.

            Supongamos que el verano haya llegado a Pamplona, sigamos suponiendo que el sol entre por la ventana y que no haya manera de seguir durmiendo, así que a las ocho menos cuarto estemos compartiendo espacio con los escasos santos peregrinos jacobeos. Puestos a soñar, imaginemos que todavía es demasiado pronto para que los castellanos lleguen a Cizur, ¿qué podríamos hacer entonces? Sólo se me ocurre que sería una buena idea acudir al banco de siempre y esperar.

            No tiene remedio, en mi fantasía no puedo ver otra cosa que tranquilidad, poca mara acudiendo al trabajo, no hay estudiantes, tampoco “gente con cara del que sabe” y los peregrinos parece que van por delante; esto es lo que trae el verano: calma chicha.

            Primero llegaría Ignacio y, diez minutos más tarde, Juanjo. Este, como empresario que es, llamaría a su agente bancario para que le solucionara un asunto urgente. La telefonía móvil se ha convertido en un fiel aliado de los niños, de la juventud, de los hombres de negocios, de los políticos, terroristas y de los ciclistas, cabemos todos. ¿Qué sería de nosotros sin un iPhon 4, 5 (ó 6)?




            En mi plan, no tendría más remedio que mostrarme terco en cuanto a la ruta a seguir pero con cierta mano izquierda para esquivar todas las propuestas saboteadoras de mis compañeros: una vez en Irurzun, adelantaría a El Escalador y, sin ningún miramiento, decididamente encararía hacia Aizcorbe; a lo lejos divisaríamos a un ciclista que emplearía el viejo truco de parecerse a Macicior pero no, no cuela, tú no eres Jesús. ¿Qué tal si subimos Cía y, al llegar a Musquiz, regateamos y nos vamos a Oskoz? En los sueños todo es posible y como no se nos había perdido nada en Echalecu, la alternativa se presentaría en forma de acudir a Latasa como única solución para subir la cuesta de Urriza. Entiendo que Jaunsarás es un buen lugar para tomarse un café y, en mi ensoñación, lo tomamos.

            Basaburua y Ulzama es como El Jardín de las Delicias, estoy seguro de que los tres nos emplearíamos de buena gana para rodar “al gusto”, las rectas de Larrainzar nunca serían largas ni se nos atragantarían. Por esos lugares tendríamos un momento de flaqueza y confundiríamos a un cadete con Willou. En los sueños muchas veces nos volvemos arrogantes y hacemos cosas que son imposibles en la vida normal: volar, resucitar o… alcanzar a Willou.

            El Valle de Ulzama lo tenemos tan trillado que no le prestaríamos mucha atención y es que, hasta en la irrealidad, somos capaces de obviar lo hermoso. Como de costumbre desembocaríamos en la N-121 y nos aprenderíamos nuevas agencias de transportes de Murcia, Portugal, Bulgaria y algunas, pocas, de Navarra.

            Subiendo la cuesta de Beloso seguro que Ignacio me diría que lo había pasado de miedo, que no esperaba haber andado tan bien en bicicleta y que, después de haber estado una semana de golfo en la playa, su clase estaba intacta.

            Con todo lo que he imaginado, sólo queda un final feliz, muy feliz, al fin y al cabo no trago las películas tristes: Juanjo llegará a tiempo de ultimar todos los proyectos que, al principio de la mañana, había iniciado con sus brokers.

 
            Hasta pronto. Bs.