Son
las dos de la tarde, hace hora y media que he llegado a casa y he estado 300
minutos, más o menos, subido en mi Look.
Esto sería una manera muy sencilla
de relatar la vuelta ciclista de hoy. Nadie que lea esto tendría motivos
suficientes para hacerse una idea de lo que hemos hecho los ciclistas, que a
las 7,30 de la mañana estábamos en la autoescuela.
Si soy un poco severo enjuiciando los
motivos que llevaron a suspender esta marcha, cuando correspondía según el
calendario del club, sería justo decir que hoy tendríamos que haber hecho lo
mismo y por idéntico motivo: la climatología.
En la salida estábamos la gente
habitual y dos no tan habituales: Manu, sin su antiguo bigote e idéntica planta
de deportista y Jorge “Prurito” Rodríguez que cada día se parece más a
cualquier profesional de los que salen en TV.
Ha sido en la recta de Arazuri
cuando han tomado el mando de las operaciones dos sujetos que atienden por
Willou y Prurito. Es tal la calidad que atesoran que les sale la clase en cada
pedalada que dan y, claro, el resto de la banda maldiciendo el ritmo que esta
parejita de profesionales imprimen. Tengo comprobado que, por mucho que me
reserve, hasta que no me lío la manta a la cabeza, ando muy mal; tengo que
meterme en harina y participar en los fregaus; hasta que no lo hago, soy un
alma en pena que malvive en el interior del pelotón. En esas estaba cuando he
decidido ayudar a los susodichos y… que sea lo que Dios quiera.
En menos de una hora ya habíamos
dejado Irurzun atrás y la Barranca nos veía pasar y arreglar un reventón de
Manu. Enseguida hemos llegado a Echarri Aranaz y ahí, Ignacio, Iñaki y yo, nos
hemos separado del grupo. Ignacio tenía motivos para llegar a casa temprano y
el resto del trío ganas de ayudarle en su intento.
El puerto de Lizarraga muy pocas
veces lo he subido desde Echarri, así que no tenía las consabidas referencias
que ayudan a regular las fuerzas y la mente. Después de los tres primeros
kilómetros, llega el cruce de la Cadena y de ahí hasta arriba no ha sido
excesivamente atosigante. Lo que está resultando difícil es dejar de echar mano
del iPhon cada vez que veo algo interesante y fotografiarlo; a falta de 100
metros para llegar al túnel existe un mirador que insistentemente llama tu
atención y te dice: deja de pedalear un momento, tranquilízate, no sudes y mira
¡so pelau!
Le hemos hecho caso y el “mirador”
tenía razón: se divisa La Barranca, San Donato y una extensión enorme de bosque
y verde. Dan ganas de vender la bicicleta, almorzar de plato, tenedor y
carajillo y practicar el ciclismo por medio de TVE, es decir, más bien poco.
Reconozco que desde el Alto de
Lizarraga hasta el cruce de Lezaun, el territorio es fácil, hay que trabajar
pero, no es problemático. El camino hacia Echauri es pestoso pero no me asusta
y la bajada del Puerto está hecha para profesionales y yo lo soy.
Leyendo estos retazos de la ruta de
hoy, nadie podría adivinar por qué habría que haberla suspendido, tanto la que
nosotros tres hemos dado, como la que el resto del grupo ha realizado por el
Puerto de Urbasa. Aclaro que nosotros también hemos rodado hoy por el Parque de
Urbasa. Bueno, no me distraigáis, el problema estaba en la temperatura. Siempre
nos quejamos de lo que tenemos en un momento determinado: del frío, de la
niebla, de la lluvia, de… el calor! ¡jodé con el calor! Subíamos Echauri a 32
grados y hemos llegado a casa con 36. En la carretera con esa temperatura no
están ni los que echan la brea y aparecemos nosotros, con más años que los
fosos de la Ciudadela de Pamplona y nos pegamos 115 kilómetros, sudando como el
amigo Froome en el Tour y con veintitantos kilos más que él. Lo dicho, como
pase muchos días por el mirador del Puerto de Lizarraga, igual le hago caso y
me olvido de la Look, de las ruedas de carbono, de los cullottes de licra y demás
y…
Espero que sólo sea un calentón y
pueda estar con todos vosotros enseguida.
Hasta
pronto. Bs.
No hay comentarios:
Publicar un comentario