Pertenezco
a esa raza que, en cuanto llega el 6 de julio, sólo piensa en salir pitando de
Pamplona. ¿Qué le voy a hacer? No estoy solo en esta huída, el resto del mundo
se hace de oro gracias a los miles de pamploneses que preferimos dejar nuestro
pueblo para desear que llegue enseguida el día 14.
Este año ha tocado en suerte visitar
Cantabria. Estoy seguro de que el Sr. Revilla tendrá sus razones para alabar,
como los loros de repetición, las excelencias de su comunidad y yo no las podré
rebatir pero, de todo lo que he visto, salvo el mar, tenemos en Navarra para
diario; no digo nada para los festivos porque entonces me pondré tan pesado
como él.
De siempre han dicho que las
vacaciones sirven para romper con la rutina diaria y ese ha sido mi objetivo,
hacer cosas que no están a mi alcance el resto del año: pisar arena, escudriñar
el horizonte, jugar a pala, intentar y conseguir que este año los rayos del sol
no me quemen como siempre, compartir espacios con gente que no conoces de nada
y que, salvada esta semana, no volverás a ver en el resto de tu vida,
asombrarme de las idioteces que hacen los padres actuales con sus niños,
aguantar sus impertinencias, conocer lugares interesantes e intentar que la
balanza caiga siempre del lado más amable para que el año próximo tengamos
ganas de dejar Iruña solamente por una semana, la pasada.
Pues bien, ya estoy aquí dispuesto a
zambullirme en mi deseada rutina mañanera. Ayer hicimos planes Ignacio y yo y,
con la sustitución de Juanjo por Iñaki, nos hemos dado la “Nosecuantas Vuelta
Ciclista a la Zona Norte de Pamplona”. ¡Si! Esa misma, la que saliendo de Cizur
nos dirige hacia Gazólaz y camino de Irurzun hace que saludemos a Alex, la que
sirve para recordarnos que el ciclismo es
muy exigente y celoso y que, como
le dejemos de lado una semanita de nada, se encargará de hacérnoslo pagar en
forma de dolor en el culo; la que nos indica que Aizcorbe está en un alto y que
más tarde viene Cía, que después de Oscoz conviene visitar Eraso para vigilar los
baches de Latasa, comprobar que últimamente la cuesta de Urriza ni es cuesta ni
es ná y que la chica del bar de
Jaunsarás atiende de una manera que da gloria. ¿Os acordáis de lo que he dicho
al principio de mi crónica? ¡Pues eso! Da gloria circular por Navarra. No sé
que podría contar de lo que viene a continuación: una vez situados en Juarbe,
Elzaburu se presenta sin contemplaciones y pasamos por Auza, Larráinzar y
Lizaso a velocidad más propia de los ‘mataus’ del Tour que de las figuras de
UCN. El Campo de Golf de Ulzama sigue en el mismo sitio y así, jugando,
jugando, Ostiz nos hace ponernos de pie para no perder el impulso que traemos.
Por Olave nos han recordado que la velocidad máxima permitida la habíamos
superado en 10 puntos y que, un día de estos, nos van a dar con los carteles
reivindicativos.
Esta Vuelta ha servido para tomar contacto con la “flaca”, hacernos
amigos de nuevo y tener ganas de volvernos a encontrar mañana todos: Ignacio,
Iñaki y yo junto con nuestras respectivas flaquitas
Hasta mañana. Bs.
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