lunes, 2 de mayo de 2016

Preparativos para la Sierra Madrileña



A mediados de este mes nos trasladaremos a Madrid, en concreto a la sierra madrileña. Serán cuatro días distintos a los que pudiéramos pasar en nuestra tierra. Dejaremos de saber qué nos espera a la terminación de ese repecho o a la vuelta de esa curva. No sabremos si, resistiendo apenas un poco más, esta cuesta que se pone tan terca es fácilmente vencible o no. Sencillamente, una buena porción del Grupo Chimeneas habremos cogido la furgoneta y… ¡tararí, tararí, a Madrid!


Los nombres de lugares por los que andaremos me suenan desde que era un enano: bien por haberlos oído en las retransmisiones de la “Vuelta” o como referencias de las nevadas que se producen año tras año por el centro peninsular. El Escorial, Navacerrada, Guadarrama, Canencia, Cotos, Navafría, La Granja,… ¡Jodé, cuánto me gustan! Tienen empaque, solera; ¡qué inspiración tuvieron los que los pusieron! Que conste que mi admiración por la sonoridad o acierto de los nombres de estos lugares, la puedo ampliar a los de la capital de España, me encanta oír y pronunciar sitios como Atocha, Fuencarral, Chamberí, Chamartín, Manzanares, El Retiro, La Casa de Campo, El Prado, El Pardo, Carretas, Puerta del Sol, Preciados, Cuchilleros, Recoletos,… ¡Hay para hartarse! Espero que no me harten.




Bien, por culpa de todos esos lugares tan sonoros y tan “de toda la vida”, los de este país pequeñito situado aquí arriba, que diría un meacolonias cualquiera, estamos afinando nuestra puesta a punto con vistas a no hacer excesivo ridículo cuando empujemos nuestros culos rotundos de rodador camino de lo desconocido.


Durante este pasado invierno y primavera hemos luchado contra el viento sur que ha soplado sin cesar, diría que desde siempre; nos hemos ingeniado para regresar a casa con el “viento de cola”, aunque algunas veces no ha habido más remedio que enfrentarnos a su glotona panza como único remedio para llegar a nuestro destino. También hemos desoído los sabios consejos de Tony Rominger respecto de no salir nunca a andar en bicicleta cuando esté lloviendo. Lo siento Tony, más que otra cosa porque tienes toda la razón y nos lo habías advertido, pero el hombre es cabezón y tropieza todas las veces que sean necesarias en la misma piedra hasta que se da cuenta de su terrible torpeza y… tropieza en otra.


Sin ir más lejos, el pasado sábado amaneció un día feo, con el cielo plagado de nubes rápidas vestidas de color azul marino de capitán de barco, que descargaban gotas poco a poco, tal vez como estrategia para que nos confiáramos y nos adentráramos en lo irremediable sin darnos cuenta. Aunque el viento soplaba del Norte, no ayudaba demasiado en nuestro camino hacia Puente la Reina, pues tenía una tendencia del Oeste, es decir NNO (creo). La pestosa “Cuesta de Mañeru” nos desafiaba con sus apenas tres kilómetros de longitud, sabedora de que llegaríamos a la rotonda de arriba con la respiración alborotada y el corazón a punto de salirse. La carretera ondulante nos acercó a Cirauqui y, tras los repechos de Lorca y Villatuerta, alcanzamos Estella. Buscamos la carretera de Vitoria y ahora nos esperaban unos 20 kilómetros hasta Acedo con el viento de medio frente. Pensé que era el momento oportuno para evadirme de tanta monotonía y me dediqué a reconocer los alrededores de la vía verde del “Vasco-Navarro”. No hace mucho tiempo, mi amigo Ignacio y yo, nos perdimos una mañana con las bicicletas de monte y aparecimos en Santa Cruz de Campezo después de dejar atrás a Murieta, Mendilíbarri, Ancín y Acedo.


Volvemos a la realidad y la verdad nos dice que, desde Acedo hasta Los Arcos, el viento ¿NNO? nos va a ayudar con todas sus fuerzas y que éstas son poco menos que infinitas: ¡qué maravilla!  no es andar en bici, esto es volar con una bicicleta entre las piernas. Si esto fuera eterno, todo el mundo tendría uno de estos trastos de carbono. Los pocos repechos se subían a más de 50 kms/hora, el llano estaba hecho para galopar y, si se descendía, se volaba.


El pueblo de Los Arcos estaba tomado por los peregrinos de la Ruta de Santiago y compartimos lugar en el estrecho bar de la plaza de la parroquia de Santa María. Parecía que no había tiempo que perder y se notaba la prisa por comprobar cómo andaríamos de fuerzas para el camino de regreso.


No hay duda de que el Circuito automovilístico de Los Arcos está atrayendo a la gente del volante y, hasta el cruce de Urbiola, fuimos acompañados por verdaderos camiones 4x4: el tamaño de estos vehículos está fuera de lo normal, lo mismo que la anchura de sus neumáticos y los desafiantes tubos de escape que asoman por encima de sus cabinas. No estoy capacitado para calcular los litros de combustible que consumirán estos energúmenos, así que me callo. 


Atravesamos otra vez Estella y parece que los repechos que ¡vaya usted a saber! tal vez acaben en Puente la Reina, los resolvemos con cierta soltura. El día continúa con el mismo tono que nos recibió al principio de la jornada y los chubascos caen disimuladamente lo justo como para no tener que abrigarse con el chubasquero.


En el último tramo de regreso a casa hubo disparidad de criterios a la hora de afrontarlo y yo decidí hacerlo por Campanas en lugar de subir El Perdón. A estas alturas de la marcha estaba completamente desorientado de la dirección que traía el viento: lo mismo me ayudaba que me golpeaba por todos los lugares. En el Carrascal me zarandeaba como una hoja de papel y por la carretera general llovía con salero y yo con el chubasquero en el bolsillo trasero. Si miraba al futuro, veía el cielo raso de Noain, aunque un poco más atrás venía lo que algunos dicen “la mundial”. 


Los domingueros que aprovechan el sábado para hacer las compras en los centros comerciales me miraban con conmiseración y pensaban: -"¿qué hará este jicho por aquí, rodeado de automóviles, lloviendo, hecho un pordiosero, lleno de barro y nosotros tan rícamente en nuestro SUV?"- Llegué a mi casa medio a escondidas,-"que no me vea nadie, no vayan a pensar que estoy medio loco por no hacerle caso a Tony y recorrer 155 kilómetros con frío, viento y lluvia para andar un poco más decorosamente en la Sierra Pobre Madrileña"-


Hasta pronto. Bs.

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