Mi pueblo tiene poca variación,
me refiero al asunto meteorológico, cuando no hay niebla, amenaza lluvia. Si
los hombres del tiempo dicen que el pronóstico es de nieve, poco o mucho nevará
en Pamplona o en los alrededores y todo ello con un denominador común: el frío.
Pues bien, últimamente hemos
delegado el papel de “diseñador de rutas” al amigo Carlos (aunque a veces es
Karlos). El otro día pretendió introducir una ligera variante a la sempiterna
marcha de Lumbier ampliándola hasta Domeño (¿eso está en el Romanzado, verdad?)
pero decidimos dejarlo para otra ocasión. ¡Por cierto! Tengo la impresión de
que no estamos muy enterados de la geografía navarra; quitando los lugares que
están en la boca y en el pensamiento de todos nosotros: Roncal, Baztán, Tierra
Estella, Zona Media, La Ribera, me temo que la merindad de Sangüesa la tenemos
un tanto olvidada, al menos la zona que nos acerca a Lumbier y que nos sirve
para adentrarnos en los valles de Salazar o Roncal.
Es posible que la fama del
paisaje la acaparen la Foz de Arbayún y la de Lumbier y que, cuando
distraídamente viajamos hacia el Pirineo navarro, no tengamos ojos para los
lugares por los que transitamos. Estoy husmeando en Wikipedia y me llama la atención los nombres de los pueblos del
Romanzado; confieso que uno de ellos no lo había oído nunca, el resto sí.
¡Vamos a conocerlos por su nombre!: Arboniés, Bigüezal, Domeño, Adansa, Iso,
Napal, Orradre, Usún, Berroya y Murillo-Berroya. ¡Jodé, si suenan bien y todo!
Me distraigo y me he apartado del
asunto ciclista y del “diseñador de rutas”. Cuando suena el despertador y avisa
de la temperatura con un 1º ¡mala cosa! Si da pereza moverse más allá de lo
imprescindible por culpa del frío y notas que la rueda trasera culea ¡malo! -“¡chaval, acabas de pinchar!”-
Teníamos pensado salir a las 9,30
pero el pinchazo nos retrasa un poco. ¿Alguien podría decirme a cuento de qué
viene la costumbre de romper los botellines de cerveza contra… los
carriles-bici?
¡Bien! Carlos nos tenía “diseñada” una ruta que, para la altura
de la temporada en la que nos encontramos, ha resultado un tanto “pestosa”. Hoy
vamos hacia el norte por la N-121. El tráfico de camiones es constante; unos
vienen de frente, otros se cruzan con aquellos y nosotros en el costado
derecho. El arcén de la recta de Oricáin a Sorauren repleto de cristales,
restos de algún accidente esparcidos sabiamente a lo largo de decenas de
metros. Por fin llegamos a Ostiz y nos cobijamos en el Valle de Ultzama. El
aire lo llevamos de frente y a José se le oye maldecir, acaba de pinchar (otra
vez).
El puerto de Zuarrarrate no es una gran cosa
pero todo cuenta y llegamos arriba con ganas de dejarlo atrás. ¿Quién ha puesto
esa jodida cuestecilla en Irurzun? ¿Y ese del servicio técnico de la
calefacción de dónde cojones ha salido? Algún día de estos no tendremos que
pasar por el paso a nivel de Izurdiaga ¡lo prometo! pero, a cambio, hoy nos
hemos traído un recuerdo en forma de barro en las bicicletas. ¡Venga, no nos
quejemos que es por nuestro bien! Al fin y al cabo qué representa un barro más
o un barro menos.
Nosotros seguimos a lo nuestro y
el viento también ¿no decíamos que hoy pegaba norte? Sí y de costado.
Veo que, quién más quién menos,
todos repasamos mentalmente el número de cuestas que nos faltan para llegar a
casa y es que ha resultado dura la vueltita. ¡Todo sea por poder andar
presentablemente el próximo mes de mayo en la Sierra Pobre!
Hasta pronto. Bs.
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