jueves, 4 de septiembre de 2014

Vuelta Ciclista a España. Pamplona-Santuario de San Miguel de Aralar



Ayer fue un día especial. Me levanté a la hora de costumbre, desayuné como es lógico, me acerqué hasta la Plaza del Castillo y todo tenía el tufillo de las grandes ocasiones.

Otra vez la Vuelta Ciclista a España ha llegado a mi pueblo, Pamplona. No hay ninguna duda de que el ciclismo profesional gusta aquí. Observo que, como si de un río a punto de nacer se tratara, pequeños hilos de desocupados se dirigen hacia el centro. Desde aquí, dentro de unas pocas horas, saldrá la etapa de “la Vuelta”.

Todavía falta un rato para que los amigos lleguen a la sequoia y el helado de limón de la Nalia me encanta. Por San Ignacio baja la gente hacia la Plaza del Castillo; unos van de traje azul y corbata, “se les nota que sospechan que sé cuánto saben ellos”; otros aparentan dominar el terreno que pisan; aquellos van a misa y estos salen de rezar. Van a dar las 12 y José Antonio aparece despreocupado; allí está sentado Carlos y detrás de Juanjo sonríe Ignacio. Estamos todos.

Viene bien la sombra del Banco de España para cobijar al autobús del Movistar. Abrimos la boca al comprobar que el bus azul tiene “de todo” y que dentro, aunque nada lo delate, están todos: Quintana, Balaverde, Izaguirre, Herrada, Castroviejo… todos menos uno, Imanol Erviti. El pobre está atrapado debajo de Los Fueros por el paisanaje. Sonríe con cara de buena persona y se nota que le gusta estar con los que le rodeamos. Está flaco, estrecho como una pared y grande como él solo. 



Por los pequeños huecos van goteando ciclistas con cara de rusos y otros parecen belgas. ¿Quién es ese tan gordiko? Se llama Betancur. Ese del Lotto fue escapado el otro día, recuerdo su cara perfectamente. ¿Sabes quién es ese que está detrás de ti? ¡Campagnolo! ¡Sí, el Sr. Campagnolo existe! No se trata de un “grupo” o de una marca, que también, es un señor que desde Italia ha llegado para ver la Vuelta en mi ciudad. ¡Sin duda tiene buen gusto! Algún profesional alardea de su dominio de la bicicleta y, sin pedalear, avanza entre nosotros con ligeros movimientos de su cuerpo. Los del Caja Rural van hacia allá mientras todos vienen hacia aquí, no lo entiendo. Aparecen riadas de conocidos cicloturistas. Ahora son los del Tinkoff y detrás Arrieta con su impecable  monovolumen azul. Los periodistas van y vienen con sus micrófonos y preguntan. Otros se valen de los “enchufes” para conseguir un autógrafo de Nairo que sigue refugiado en el interior del autobús. Eusebio Unzué luce impecable su camisa de manga larga. Nosotros seguimos a lo nuestro: miramos y admiramos las Canyon y a todo lo que se menea. 



La hora de la salida está próxima y decidimos acercarnos a la Plaza de Toros. Por Juan de Labrit baja un pelotón agradablemente cansado, numeroso y asombrado de que la gente de mi pueblo aplauda sin descanso. Nos montamos en los coches y sin prisa vamos hacia las faldas de San Miguel. Juanjo conoce los alrededores de Irañeta para escaquearnos de la mara. Desde la fuente de agua batueca, girando a la izquierda, llegaremos pronto a la pista del Santuario, justo a falta de 7 kilómetros de la meta. Hace calor y en una ladera, a la sombra de los robles, comemos, reímos y sesteamos hasta que un “runrún” avisa de que estamos a punto de disfrutar como niños, aplaudir hasta a los que se quedan y vitorear a los primeros. ¡Esto es la leche! No hemos pagado ni un euro y estamos en primera línea del “mayor espectáculo del mundo”. No tengo la menor duda de cuanto digo. ¿Qué más se puede pedir? Estoy rodeado de amigos, he comido, bebido, reído, dormido y, por delante de mí, pasan unos jichos que conozco por su nombre y apellidos: Contador, Froome, Valverde, Nieve,  Cancellara, Herrada, Anacona, Aru, Evans, Sánchez, Rodríguez… están todos los que veo en TV menos dos, Nairo y Morabito ¡Qué pena! Se han caído y, como dicen en el fútbol, se han roto ¡Qué pena!  Tal vez vosotros no lo queráis, pero de buena gana os abrazaría ¡Qué pena!


Me dais mucha envidia cuando veo que subís a una velocidad insultante, no es justo que seáis capaces de superarme en San Miguel cuando yo subo Erro. Estoy a punto de abandonar pero os aplaudo. Animo desde el primero hasta el último. Pertenecéis al mayor y mejor espectáculo del mundo. Podemos madrugar para ver vuestros autobuses, admirar vuestra maestría mientras sorteáis a los curiosos, envidiar vuestras facultades y cercanía. 

¡Me canta el ciclismo y los ciclistas!

¡Ojalá volváis pronto por aquí! Si no iré a veros.

Hasta pronto. Bs.

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