domingo, 14 de septiembre de 2014

Reencuentro con UCN y vuelta al tajo.



La llamada de la sangre es muy fuerte. Por muy grande que sea el despecho, el grupo está enraizado y no se olvida fácilmente. ¡Jajaja!


Sí, apenas me acordaba del club, de UCN. Tras dos breves escarceos, hoy he acudido a la cita de los domingos y, poco a poco, hemos ido apareciendo. No cambiamos aún cuando los años hayan hecho mella en la cara de todos nosotros desde hace mucho tiempo.


Atravesamos las calles de Pamplona a ritmo de “marcha neutralizada”. Las avenidas son largas y están despejadas; los semáforos, uno tras otro, se empeñan en hacernos la salida más larga que cuando no éramos civilizados. Por fin alcanzamos el Seminario y animamos el pedaleo.

Me cobijo en los lugares de mis marchas diarias y enfilamos, como en un día de entre semana cualquiera, hacia Urroz. No tardamos en avivar la respiración mientras paso revista a las bicicletas que rodean a la mía: reconozco a todas pese a la larga ausencia en el pelotón. 


La Vuelta Ciclista a España comienza a hacer estragos y la subida de Unciti se la tomamos prestada a los de la “tele”. Como suele suceder al coronar las cuestas, se tiende a aplacar el ritmo, algo a lo que no estoy dispuesto, así que bajo unos cuantos piñones y alegro la vida al personal. Alcanzamos el túnel de Cemboráin y, poco después, atravesamos la vieja carretera de Sangüesa como en las “clásicas de primavera”. Javi, Ignacio, Toño y yo nos vamos y gozamos del juego hasta que “inútil ya, descangallada, sin servir ni pal fregón ni pa los besos” nos damos cuenta de la conveniencia de tranquilizarnos y esperar al “grueso del pelotón” so pena de excomunión.


Hace un rato que hemos tomado el cruce de Puente la Reina, no sé a ciencia cierta si el viento nos ayuda o no, la verdad es que bajamos la cuesta del Carrascal hacia Enériz a 72 kms/hora y que en el llano no resulta raro divisar los cincuenta y tantos en el Polar. Como decía aquel –es conveniente y hasta imprescindible tener a mano una bicicleta. El cielo raso se convierte en cielo y es una gloria no ser inocente- 


Estamos ya en Garés y hay fiesta; la carretera general la han convertido en “meta” de una carrera de patinaje y los energúmenos llegan a velocidad impropia desde Pamplona. 


¿Qué queréis que cuente? ¿Que se ha acabado lo bueno? ¿Que todo lo demás es una añadidura de todo lo anterior y que no merece la pena gastar tiempo en decirlo? ¡Pues sí! El ritmo se ha roto, las ganas han desaparecido y por culpa del evento del patinaje decidimos subir el amigo Perdón tomando prestada la etapa final del Tour de Francia.


Cuatro alardes sin chicha, cuatro anécdotas y me encuentro en la avenida de Pio XII tomando una jarra de cerveza. 


Sí, definitivamente es  bueno el reencuentro familiar. Llevaba mucho tiempo, demasiado, sin veros. Hago propósito de la enmienda y procuraré volver al redil.


Hasta pronto. Bs.

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