La llamada de la sangre es muy
fuerte. Por muy grande que sea el despecho, el grupo está enraizado y no se
olvida fácilmente. ¡Jajaja!
Sí, apenas me acordaba del club,
de UCN. Tras dos breves escarceos, hoy he acudido a la cita de los domingos y,
poco a poco, hemos ido apareciendo. No cambiamos aún cuando los años hayan
hecho mella en la cara de todos nosotros desde hace mucho tiempo.
Atravesamos las calles de
Pamplona a ritmo de “marcha neutralizada”. Las avenidas son largas y están
despejadas; los semáforos, uno tras otro, se empeñan en hacernos la salida más
larga que cuando no éramos civilizados. Por fin alcanzamos el Seminario y
animamos el pedaleo.
Me cobijo en los lugares de mis
marchas diarias y enfilamos, como en un día de entre semana cualquiera, hacia
Urroz. No tardamos en avivar la respiración mientras paso revista a las
bicicletas que rodean a la mía: reconozco a todas pese a la larga ausencia en el
pelotón.
La Vuelta Ciclista a España
comienza a hacer estragos y la subida de Unciti se la tomamos prestada a los de
la “tele”. Como suele suceder al coronar las cuestas, se tiende a aplacar el
ritmo, algo a lo que no estoy dispuesto, así que bajo unos cuantos piñones y
alegro la vida al personal. Alcanzamos el túnel de Cemboráin y, poco después,
atravesamos la vieja carretera de Sangüesa como en las “clásicas de primavera”.
Javi, Ignacio, Toño y yo nos vamos y gozamos del juego hasta que “inútil ya, descangallada, sin servir ni pal
fregón ni pa los besos” nos damos cuenta
de la conveniencia de tranquilizarnos y esperar al “grueso del pelotón” so
pena de excomunión.
Hace un rato que hemos tomado el
cruce de Puente la Reina, no sé a ciencia cierta si el viento nos ayuda o no,
la verdad es que bajamos la cuesta del Carrascal hacia Enériz a 72 kms/hora y
que en el llano no resulta raro divisar los cincuenta y tantos en el Polar. Como
decía aquel –es conveniente y hasta
imprescindible tener a mano una bicicleta. El cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente-
Estamos ya en Garés y hay fiesta;
la carretera general la han convertido en “meta” de una carrera de patinaje y
los energúmenos llegan a velocidad impropia desde Pamplona.
¿Qué queréis que cuente? ¿Que se
ha acabado lo bueno? ¿Que todo lo demás es una añadidura de todo lo anterior y
que no merece la pena gastar tiempo en decirlo? ¡Pues sí! El ritmo se ha roto,
las ganas han desaparecido y por culpa del evento del patinaje decidimos subir
el amigo Perdón tomando prestada la etapa final del Tour de Francia.
Cuatro alardes sin chicha, cuatro
anécdotas y me encuentro en la avenida de Pio XII tomando una jarra de cerveza.
Sí, definitivamente es bueno el reencuentro familiar. Llevaba mucho
tiempo, demasiado, sin veros. Hago propósito de la enmienda y procuraré volver
al redil.
Hasta pronto. Bs.
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