viernes, 22 de agosto de 2014

Larra-Larrau



Conforme voy cumpliendo años los retos normales se convierten en extraordinarios. Cuando un deportista está en plena forma física, en su plenitud en cuanto al descaro para afrontar cualquier problema “del resto de la humanidad”, no tiene tiempo para entender qué es lo que puede significar para un veterano ser parte integrante del resto de la humanidad.

Corría el año 1992 cuando ascendí por primera vez el puerto de Larrau. Lo hice en compañía de mi buen amigo Carlos y de mi sobrino Josemi. Fuimos en coche hasta Roncesvalles y proseguimos la ruta en bicicleta; contamos con la ayuda inestimable de mi amigo Josetxo en plan director deportivo. El pequeño alto de Ibañeta por su parte sur nunca lo comentamos en nuestras charlas ciclistas. Después ascendimos en Burdinkurutxeta, más tarde Orgambideska y por fin Larrau. Después llegamos a Ochagavía y fin de la historia. Fue una buena vuelta y punto.

Años más tarde repetí la experiencia con nuevos amigos: José Antonio, Alfonso, Iñigo, Ignacio, Miguel… Ya no fue lo mismo, me bajé varias veces. En 2006 participé en la clásica  “Larra-Larrau” y,  un cicloturista de Lodosa y yo, juramos no volver nunca más a volver a aparecer por esos lugares. Así corrió la vida hasta encontrarnos en el día 21 de agosto del 2014. Fue al bueno de Iñaki a quien se le ocurrió la idea de proponer acudir a Isaba para volver, otra vez, a dar caña al mono. 

Y aquí estamos, todos sonrientes, ignorantes de lo que nos espera. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Yo diría que tropieza tantas veces como pasa por el mismo lugar; el animal más inteligente de la naturaleza es tonto por naturaleza: ¡imbécil!

Son las 7 de la mañana y acudimos con exactitud navarra a la gasolinera de Noain. Justamente el nuevo trazado de la autovía nos deja ver las aguas de Yesa y al llegar a Venta Carrica torcemos a la izquierda. No es fácil la carretera del Roncal; en una curva nos para la guardia civil y sólo quiere entendérselas con “los de la furgoneta”, los demás pueden seguir. Hemos perdido 20 minutos.

Ya estamos en Isaba; solamente tenemos que quitarnos los pantalones y el jersey para ser ciclistas. En el hotel nos advierten de que nos esperarán hasta las 3,30 para comer: ese es nuestro tope.

Día gris y frío. El cartel avisa de que la frontera está a 26 kilómetros y empezamos. Bla, bla, bla y llegamos al primer problema del día: giramos a la izquierda y comienza puerto. Yo creía que era el único que andaba mal pero Juanjo me tranquiliza: ¡Joder con Belagua! Los primeros momentos de la ascensión poco a poco los vamos solucionando y comenzamos a divisar futuros más abiertos. Recuerdo que no falta gran cosa para terminar con la cuestecilla de los c…..s, además el Polar me dice que ya hemos superado los 26 kilómetros, así que esto está al caer. 



La vertiente francesa tiene mucha más luz que la española. El sol alumbra alegre en la cima y un manto espeso de nubes, allá abajo, nos indica que no dudemos en ponernos el chubasquero, tendremos que meternos sin remedio en la niebla de Aquitania. El descenso hacia Santa Engracia es complicado. El suelo, aunque nuevo, está muy ondulado y la pendiente es de las “de mucho preocupar”. Nos cruzamos con varios cicloturistas veteranos que suben sin problemas aparentes en sus bicicletas cargadas con alforjas. Por fin acabamos la bajada y, poco a poco, llegamos hasta la gran meta del día: Larrau.


Recuerdo perfectamente cada uno de los parajes con los que me encuentro, sólo hace falta acercarme a todos ellos para que me asalte una anécdota pasada. Obeko retrocede en el pueblo y decide hacerme compañía. Cada poco miro al Polar y calculo cuanto nos falta para coronar Erroimendi. Se trata de un pequeño engaño al que le someto al cerebro, pues todo el mundo sabe que el puerto continúa varios kilómetros más hasta alcanzar el Pico de Ori. ¡En fin! Nos está esperando Carlos y, lleno de sinceridad, promete no volver a subir nunca más semejante suplicio.

Ya estamos arriba; nos sacamos fotografías para la posteridad y sonreímos al “pajarito” como si nada hubiera pasado. Bajada con la tapa de la tumba abierta y comenzamos con Laza. Son los últimos tres kilómetros del día cuesta arriba. También se agarran, la velocidad es baja, apenas llegamos a los 12 kms/hora, pero la tunda que llevamos es gorda. A cada curva que pasa miro con esperanza baldía que sea la última y que me deje divisar las casas de Isaba. Al final todo llega y –“ahí está, ahí está”- : Isaba.



Nos ha sobrado una hora para el “cierre de control”. Los del hotel se alegran cuando nos ven y nosotros también.


Esta ha sido nuestra pequeña gran hazaña del día. Hemos hecho nuestra particular “Larra-Larrau” un día cualquiera del mes de agosto de 2014. Hemos ido siete chavales que atienden por los nombres de: Obeko, Ignacio, Iñaki, Fernando, Juanjo, Carlos y Víctor. Director deportivo José Antonio.

Hasta pronto. Bs.

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