Los
primeros avisos no han tardado en llegar, todavía no habían sonado las siete
menos cuarto cuando he descubierto que la rueda trasera estaba “baja”. Lo tenía
todo preparado para no perder tiempo y llegar puntual a la rotonda de Olloqui
pero…
-“venga,
Víctor, todavía es temprano, puedes cambiar perfectamente la “cámara” y aún esperarás
a los remolones”-
Me he hecho caso y, un poco más allá
de las siete, ya subía la cuesta de la Avda. de Galicia. Al llegar a González
Tablas he oído el clásico ruido que hace la rueda trasera cuando pierde todo el
aire de sopetón.
-"¡Jodé, Víctor, me parece que vas a tener que cambiar la “cámara”
otra vez, sí esa, la misma que acabas de hacerlo!"-
En estos casos conviene no
blasfemar, no lleva a ninguna parte y no arregla nada. ¿Qué no voy a llegar a
la cita acordada? ¡Qué más da! Seguro que encuentro remedio por otro lado. La
verdad que resulta chocante para los vecinos del barrio encontrarse con un
señor en pantalón corto y negro (cullotte) arreglando una rueda de bicicleta.
Se sorprenden al pensar que ellos justamente han tenido tiempo de despertarse,
maldesayunar y, de muy mala gana, salir a trabajar. Aterrizan en la street y
ven a un profesional cambiando una rueda por segunda vez en el día.
En el trastero me esperaba la Look
sin un mal gesto, sabía perfectamente que había preparado la Rossin para poder
subir el alto de Sorogáin sin demasiados ahogos y aceptaba la suplencia de buen
grado. Ha entendido perfectamente la situación y nos hemos encaminado hacia
Erro sin un mal reproche.
En el cuartel de Zubiri he
coincidido con José (Salvador) y, en los cinco kilómetros de subida y alguno de
bajada, he quedado enterado de las noticias ciclistas del momento. El hacia
Urroz y yo para el camino de Sorogáin.
Pocas personas en la subida y muchas
vacas. En los sombríos iniciales el fresco recordaba a los primeros meses del
año y, exagerando un poco, echaba de menos los manguitos.
No me canso nunca de admirar el
paisaje que se divisa desde la muga con Francia: horizontes lejanos, verdes
intensos y aire, mucho aire. Un bochorno bocachancla que se hace notar y empuja
con fuerza, te advierte de lo qué te espera cuando regreses a casa. Serán
cuarentaitantos kilómetros con Eolo en la cara y el sol centrándose en cuantas
prendas negras hayas sacado del armario para rendir cuentas con la moda y
diseño actual.
A las diez y cuarto hemos coincidido
allá arriba los integrantes titulares de los Tres de Castilla: Juanjo venía
detrás de mí e Ignacio asomaba en el inicio del terrible costalón de 800
metros.
¿Habéis tenido la experiencia de
bajar una cuesta, calzando ruedas Zipp 303 adelante y 404 detrás, con aire
fuerte de costado o de frente? Os la recomiendo, es muy parecido a las
sensaciones que se experimentan en la noria de Pamplona durante los sanfermines o, por lo menos, se te ponen
los testículos tiesos.
Bien, ni el viento ni el calor ha
sido para tanto y hemos aparecido en Pamplona de manera muy digna.
¡Juanjo! el otro día Toño nos llevó
a tomar una cerveza a Ripagaina, ¿vamos?...
Hasta pronto. Bs.
Podiais haber avisado de lo de la cerveza, uno se ha quedado con las ganas.
ResponderEliminarEjem... eso de los pinchazos suena a excusa, Victorio!
ResponderEliminarTe has escapado del cuestarrón de Sorogain o del Tourmalet navarro!
Hola Karlos, creeme, no es una excusa, es la verdad. Llevaba unos cuantos días preparando la salida, he comprado una piña con un piñón de 30 dientes para la ocasión y ahí está: RELUCIENTE!!!
EliminarBien como de costumbre, a pesar de los contratiempos , has disfrutado! Cuantos imitadores! Creando escuela!
ResponderEliminarGRACIAS!!! bonita foto,ya sabéis a las cervezas estáis invitados cuando paséis sin prisa
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