martes, 13 de agosto de 2013

Entre el recogimiento y el recreo

Supongamos que hoy salimos a dar una vuelta en bicicleta a eso de las 10,00 de la mañana. El primer problema que tenemos para resolver es responder a lo siguiente: ¿a dónde vamos? Una de las rutas más transitadas, para los que vivimos  en Pamplona, es la que va desde Huarte hasta Zubiri; para que nos entendamos, el tontódromo. 

Bien, esta opción nos ofrece cuatro alternativas: hacer caso de todas las carreteras que, a derecha e izquierda, llevan a los distintos pueblos del valle, llegar, regresar por el mismo camino y a por el siguiente. Otra podría ser que alcanzáramos Zubiri y diéramos por cumplida la tarea del día regresando a casa. A los que quisieran prolongar el entrenamiento, se les ofrece dos alternativas con una gran  cantidad de posibilidades: subir el puerto de Erro, con lo que el futuro es casi interminable o, por el contrario, optar por la izquierda dirección a Saigos, con un futuro algo más restringido pero casi tan inacabable como el anterior.

Ahora viene la pregunta del día: ¿a cuántos ciclistas veríamos en cualquiera de las alternativas que hubiéramos elegido? Imposible decirlo: ¡muchos!. ¿Sabéis con cuántos ciclistas me he cruzado hoy en mi salida de tres horas? Ahora os lo digo: cuatro. De los cuatro guardo sus características, tanto físicas como de vestuario; no creo necesario detallarlas pero, como se dice en las reuniones de vecinos: si alguien quiere más detalles, que me los pida y, gustosamente, se los daré.

Puede resultar agobiante circular por los alrededores de Covarrubias y adivinar, con poco riesgo de equivocarse, que hoy solamente te toparás con cuatro pelaus montados en bicicleta. No digo nada sobre los automóviles y camiones porque no será muy superior la cifra de estos artefactos con los que nos tengamos que pelear. Así pues, rodar bajo estas condiciones resulta ideal para la seguridad de todos nosotros.

Como diría Pepe Isbert en la película "Bienvenido mister marshall": -"como cronista vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, como cronista vuestro que soy, hoy os la voy a dar"-. La jornada no ha resultado monótona, he descubierto un nuevo tramo de la Ruta del Cid y, en otra ocasión, prometo ir hasta Burgos por el campo y volver, serán unos 70 kilómetros. Otro motivo para saltar por el aire la monotonía ha sido que, un momento antes de llegar a Cuevas de San Clemente, me ha pasado una máquina agrícola enorme, con su correspondiente 4x4 de apoyo avisando que se trataba de un transporte especial. Ellos por un sitio y yo, después de avituallarme, por otro, hemos aparecido en la general de Soria con una separación de 100 metros. Desde ahí hasta el alto de Mazariegos (1.060 metros de altitud) hay una distancia de 3 kilómetros; se trata de una recta entre el 2 y 3% de porcentaje y que, pese a su diseño, contrariamente a lo que se pueda suponer, nunca se me atraganta. En la cima del puerto el armatoste habrá triplicado su distancia inicial conmigo y he pensado: -"máquina, tu suerte está echada, eres mía"-

En el llano, con mi amiga Cannondale-Flash y sus ruedecitas gordas de tacos, hemos rebasado al maquinón. Lo bueno ha sido que, a lo lejos, había otra parecida a la anterior, así que la alegría ha sido doble. El resultado de la carrera disputada en el trayecto de 15 kilometros entre Cuevas a Hortiguela  por tres máquinas, ha dado como vencedora a la humana.

El que no lo pasa bien es porque no quiere. Hasta pronto Bs.




No hay comentarios:

Publicar un comentario