miércoles, 28 de agosto de 2013

¡Cuanto me gusta andar en bicicleta!


No hay prisa. Como casi siempre, no dejo que el despertador suene, son las 7,30 y tengo hora y media para salir por la puerta de casa. Hoy mis compañeros del Trío no han podido venir conmigo, ¡ellos sabrán!

Por el carril-bici de la Vuelta del Castillo bajo a la Rochapea, no hay gente pero un madelman vestido con mochila me adelanta, tiene ganas de demostrarme que, aunque es muy torpe tomando la intrincada curva de la cuesta de La Reina hacia el túnel del Plazaola, es más fuerte que yo. Me acuerdo de Ignacio y pienso: qué te den ¡fantasma!

Atravieso “La Rocha” y, poco a poco, llego a los cuarteles de Aizoáin. Ya estoy en la carretera de Berrioplano camino de Ollacarizqueta. No tengo ningún motivo para “picarme” con nadie, no hay moros en la costa por delante y por detrás… a ver: ¡tampoco!. Estoy solo, continuo con mi idea de pedalear con el mínimo esfuerzo. Alcanzo la primera rampa del puerto de Marcaláin y no oigo mi respiración. Ya estoy arriba y el GARMIN señala que mi casa está a 15 kilómetros de distancia ¡qué cosas!

Al bajar la cuesta de Guelbenzu me dan ganas de fotografiar el Valle de Ulzama. Aún no sé por qué no lo he hecho, era el día perfecto. Una ligera neblina ocultaba el futuro del Valle pero, cerca, las cosas estaban verdes como de costumbre. El Bosque encantado de Orgi me ha hecho señas pero no he querido hacerle caso, he seguido carretera adelante hacia Lizaso, Auza y, en la cuestecilla de Juarbe, me he dado la vuelta: kilómetro 30 desde Sancho el Fuerte y el sillín comienza a clavarse.

El viento me ayuda a conseguir una velocidad de 40 kms/hora y a mantenerla sin esfuerzo. La tentación del café es demasiado fuerte y yo muy débil, me apeo en Lizaso y los del Restaurante Orgi me saludan con sonrisa puesta. El Marca me pone al día de los problemas de Bale con el Tottenham y me aburre. Decido seguir la ruta y deseo que el viento no haya cambiado de sentido.

Pedaleo sin esfuerzo y con gusto, la velocidad no sé cual es pero la sensación es muy agradable: los llanos y las cuestecillas se suceden hasta llegar a Ostiz y me enfrento a la N-121 y a sus camiones venidos de muy lejos. En Sorauren me cobijo en el “camino fluvial” y descanso. Ahora los problemas son otros, están vestidos de perros y paseantes (madelmanes a pie que diría aquel).

Comparto el camino con los gimnastas, peregrinos, ciclistas venidos a menos, amas de casa con mallas ajustadas y, de repente, me veo en el parque de los ancianos de San Pedro. La tentación es demasiado fuerte como para resistirme a hacer unas cuantas “subidas y bajadas” en el aparato de gimnasia. Prosigo hacia San Jorge, Landaben y, por Barañáin, entro en Pamplona.

 

Lo cierto es que mi pretensión era darme una vueltita a Ulzama para desintoxicarme de la de ayer y me han “salido” 75 kilómetros yendo de aquí para allá sin alardes. Hoy le ha tocado a la Flash ser protagonista de todo lo que he contado y mañana, si el tiempo no lo fastidia, le tocará a la Look. Ya os contaré.

Hasta pronto. Bs.

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