sábado, 28 de junio de 2014

Los "pericopuertos" de Pedro Delgado



Todo en esta vida es relativo. Lo que para unos es mucho, para otros es poco; hay gente que no se conforma con tener miles de millones de dólares y sigue buscando para tener más y más; en cambio, otros viven felices pescando en una barca cuatro peces que sirven para su subsistencia.

Al admirado Perico Delgado la cuestecilla que lleva hasta el Santuario de San Miguel de Aralar no le pareció que tenía la dureza necesaria o esperada por él. Comprendo que se trata de un comentario teniendo en cuenta a los protagonistas que en la próxima Vuelta a España subirán por las rampas que hoy cuatro integrantes del Grupo Chimeneas se han propuesto investigar.

Sopla viento sur por la Barranca y es una incógnita si será bueno o malo para nuestra próxima tarea. Llaneamos por el territorio del Río Araquil y poco a poco, sin darnos cuenta, llegamos a Huarte. Como una vulgar Puerta de Alcalá -“ahí está, ahí está…” la curva a la derecha con la carretera llenita de cemento rayado. El Polar señala que llevo 40,3 kilómetros y sueño con verlo convertido en 51,3 ¡quién pudiera!

Mi propósito es evadirme lo máximo que pueda de anhelos imposibles y pensar en cosas agradables. No quiero mirar al futuro para no asustarme al ver lo que me falta para terminar el primer kilómetro. Ricardo se queda y Juanjo e Iñaki no vienen detrás. Falta un poco para el 42,3 y llego a un descansillo; bienvenido pero no me engañas. Poco a poco voy recordando el paisaje y sé en todo momento en donde me encuentro. Dentro de nada llegaré a un breve zigzag en sentido descendente que me llevará a una gran recta monótona y dura, tan pertinaz cuan verano entero sin gota de agua. Acabo de mirar de reojo al cuentakilómetros y dejo atrás el 45,3. 

¿Cuándo giraré hacia la izquierda? ¡Pronto! La voz de Juanjo me saca del letargo y junto con Iñaki atacamos la última y criminal “gran recta monótona y dura, tan pertinaz cuan verano entero sin gota de agua”. No, no estoy distraído; no estoy repitiendo las cosas; me estoy refiriendo a otra recta en cuesta más dura que la anterior pero de similares características. Tengo la impresión de que a la carretera le ha salido una chepa unos cuantos cientos de metros más adelante, tal vez se trate de una ilusión óptica mía. Juanjo e Iñaki se enzarzan en una batalla sin sentido y veo que trepan a chepazo limpio por la chepa. De pronto Iñaki se baja de la bicicleta, se sienta en el cemento y prepara su Smartphone para inmortalizarme.




Mi primitivo anhelo de ver en la rendija del Polar una cifra cercana al 51,3 se está cumpliendo: ando por el 49 y llegamos al 50. Paramos en el cruce con la carretera que sube de Baráibar y decidimos encarar hacia Lecumberri. Los goterones de sudor no son privativos de nadie; todo el mundo que llega saluda con el cariño propio del que ha dejado atrás una cuesta dura, pestosa y larga. No sé los porcentajes del “pericopuerto”; tampoco sé si a los cabecillas de la próxima Vuelta a España les parecerá una tontería la llegada de la etapa a mi tierra. Sólo sé que la ascensión por la pista de cemento que lleva desde Huarte Araquil al Santuario de San Miguel de Aralar es dura, dura de cojones y el que diga lo contrario miente.





Hasta pronto. Bs.

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