miércoles, 2 de abril de 2014

El ciclismo no da para vivir, nos apuntamos al andamio



No es posible mantener una regularidad en las salidas ciclistas; la climatología se resiste a ser condescendiente con nosotros y, tras un hueco por el que nos atrevimos a asomarnos con riesgo de salir como los “hombres rana“, no hemos tenido más remedio que seguir con la ropa de mugolari y atender las amistades del paseo fluvial con la excusa del café con leche y palmera.


El deporte andarín no es bueno para el ciclismo, al menos así lo creo yo. Cuando llega la hora de volver a lo nuestro, tardo un tiempo en coger ritmo y las piernas se quejan doloridas. Algo de eso ocurrió en la marcha del pasado domingo: mucha pereza a la hora de subir el alto de Guirguillano y mucho esfuerzo para mantener la rueda de los de adelante. Parece que se terminó arreglando algo al final.


El lunes decidimos alojarnos por tierras de Imoz, Basaburua y Ultzama. Eso es apostar sobre seguro cuando se busca un terreno abrigado, ameno y con poco tráfico; sólo tiene una pega: las nubes azulencas suelen acompañarnos mientras nos vigilan con orden de no dejarnos traspasar la línea del más allá lluvia segura. Desde Lizaso a casa tuvimos otro invitado que amenaza con quedarse a vivir con nosotros: el viento sur. Al principio apenas se deja notar cuando se menean las ramas de los árboles. Es a partir de media mañana cuando el niño se hace grande y no tenemos otro remedio que apretar el jopo, poner cara de interesante estreñido y maldecir el tráfico de la N-121.


En vista de que los vientos de por abajo no cejan en su visita, ayer maniobramos y decidimos dar la “vuelta a la montaña” al revés. Alguno se preguntará como se da esta vuelta “al revés”; es muy sencillo: en sentido contrario a como normalmente la damos. Se sube Erro y Mezquíriz y se toma un puré de manzana acompañado de café con leche en Espinal. El viaje hasta aquí ha resultado fácil con el aire sonando en los oídos pero siempre de atrás. El río Urrobi es un buenísimo acompañante, tanto en invierno como en verano. Cuando se desciende hacia Aoiz te ayuda a pensar que eres un rodador de solera y, cuando se sube, que eres un rodador en una carretera agradecida para los que la visitamos. Las subidas de los túneles aparentemente son poco agraciadas para pasarlo bien, pero es mentira. Otra vez el viento sur se encarga de maniobrar y ya no te deja hasta llegar a Pamplona. La ruta de Aoiz hasta Huarte me la imagino como sería verla con unos ciclistas de los buenos, tirando sin complejos y con una única necesidad: la de pasarlo bien. Consistiría en subirse en un automóvil y, con la capota bajada, observar a unos pajaritos llamados Cancellara, Induráin, Moser, Altig, Boonen, a quien vosotros queráis y todos ellos volar por el gusto de volar. ¡Joder, qué visión!


¡En fin! Me bajo de la nube y hoy ha tocado aparcar la flaca y darle a la hormigonera, a la  carretilla, a la arena, al cemento, al agua y… a ver si acabamos de una vez esta p… obra inacabable que Ignacio tiene entre manos. ¡Todo sea por el almuerzo!





Hasta pronto. Bs.


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