Si hiciera un recorrido por mi
cuerpo, tendría que decir que estoy agradablemente cansado. El trabajo de hoy
está realizado y parece que bien.
Todavía no han dado las 7 de la mañana y me despierto. El día tiene ganas
de amanecer y el cielo un color azul oscuro, propio del que está dejando atrás
el negro de la noche. (jajaja)
En la Vuelta del Castillo adivino una fina capa de hielo y, la verdad,
tengo muy pocas ganas de levantarme. Me vuelvo a meter en la cama. Media hora
más tarde comienzo todo lo anterior y sigo igual. Decido dar una nueva
oportunidad a mi lucha contra la pereza mientras desayuno y leo el Diario.
Apenas faltan 15 minutos para las 9 y en la “autoescuela” la gente ha
ganado al frío. El grupo de desarrapados cada domingo es más grande y la caravana
de Mad Max discurre por la avenida de Bayona parando en cuantos semáforos
encuentra. Diría que hay un cierto miedo a enfrentarse con el destino ¡joder,
qué frío tengo!
Estamos ya en plena carretera, atrás hemos dejado la sombría variante este
y, camino de Elcano, el sol y el viento de cara nos espera. Comienza el ritual
semanal: no tardan en aparecer los madelmanes de turno, hoy hay muchos. Lo peor
de una cuesta consiste en que no parezca que estemos subiendo, creo que lo
llaman “falso llano”. Discurrimos hacia arriba con viento de cara, no siento
frío y, conforme alcanzamos el final de la cuestecilla, corremos más y más.
Decido cortarme y acierto: en la subida de Mendióroz “pelotón agrupado”. Esto
tiene guasa, hemos aumentado la velocidad en la cuesta arriba en 2 kms/hora.
¡Corremos más hacia arriba que en horizontal!
No hay nada que se nos resista. Lo peor del inicio ya está metido en el
zurrón. En el repecho de Lerruz me contengo para no ponerme en cabeza ¡qué
felicidad! Tengo la ilusión de ser uno más del Lizarte. ¿Llanear? ¡Sí, camino
de Aoiz! El repecho de Villaveta no se hace largo y tengo por delante un largo
tramo sin apenas dificultades.
Poco a poco se me instala en la cabeza una preocupación en forma de
pregunta: ¿podré con la p… cuesta de Sansoain? La última vez se me resistió la
jodida. Me acuerdo de una canción que dice que “la vida hay que tomarla como
viene” y eso hago.
Tengo la sensación de que los últimos puestos del pelotón los ocupo yo
todos. Pedaleo con ganas y los penúltimos no se van. Estoy a punto de caerme
por un “afilador” maldito que afila ruedas a mi derecha. Sigo metido en el
pelotón.
Levanto la cabeza y no queda nada. Sigo oteando y veo que, por culpa de
Marino Lejarreta y sus lecciones de circular atrás, voy a quedarme cortado. Los
madelmanes de verdad se van sin remisión y yo estoy rodeado de madelmanes de la
China. No pasa nada. Tenemos 15 kilómetros para cazar.
La carretera parece lija, la velocidad próxima a los profesionales y el
grupo anda que se las pela. No hay manera, los “buenos” han mantenido la
distancia y, seguramente, que la han aumentado. Llegamos al 20 y allí: Elcoaz.
Todo lo que he contado hasta este punto hay que volverlo a desandar. Espero
que sea más fácil aunque… no sé.
Me incrusto en un grupo de juveniles y vamos recogiendo cadáveres. Me
distraigo y me transformo en un cadáver más. Decido resucitar y con la ayuda de
Alberto, mi viejo amigo Alberto, alcanzo al grupo de enterradores justo cuando
la gente se despista y unos se van hacia la izquierda y otros, los que han
leído el “libro de ruta”, hacia la derecha. No quiero ni acariciar el freno,
subo con el impulso del llano y bajo la cuesta de los que afilan cubiertas como
si me fuera la vida en ello.
Estoy en el llano acompañado de Oscar, madelman de los de verdad, y, a lo
lejos, divisamos a tres maromos que se habían escapado del maremágnum anterior.
En la recta de Urroz los alcanzamos y resulta que son tres cabrones con pintas:
José Antonio (A), Felipe y Pascual. Miro al Polar y llevo 85 kilómetros. No sé
si me fallan las fuerzas o la cabeza pero, no puedo subir la cuesta que escapa
de Urroz. Me junto con Diego y hablamos ¡Jodé, que bien se va mientras que mis
“ex” se alejan!
En Ripagaina, con mis amigos Iñaki y Obeko, tomamos unas cañas y maldecimos
de nuestra forma de andar en bicicleta. ¡No tenemos remedio! 110 kilómetros.
Hasta pronto. Bs.
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