domingo, 12 de enero de 2014

Obviando el día de invierno


Está visto que el frío es algo subjetivo y relativo. Cada uno de nosotros tenemos una visión particular del asunto y lo que para unos es un “frío de cojones” para otros “no es para tanto”. Luego, ya metidos en harina, cuando se lleva una temporada soportando temperaturas por debajo de 0º grados, cualquier día que amanece por encima de los 5º decimos que “hase caló por la carretera”.

Bien, a lo que iba. El termómetro señalaba 7 grados positivos, el cielo grisáceo y la niebla asomando por los límites del pueblo. Ante esto ¿qué diríamos para definir el día que nos ha tocado en suerte? Yo, a riesgo de quedar con el culo al aire, digo que hacía frío, que todos íbamos forrados hasta las cejas, que daba mucha pereza moverse y que el suelo de la carretera  había tomado la apariencia del típico color de los sobacos de los grillos: negro brillante.

Cuando todas estas cuestiones se juntan, tiendo a adoptar la postura del “ovillo” y espero a que, poco a poco, la respiración se normalice, los gallos galleen, las cuestas se terminen y que de lo que menos me acuerde es del frío que estoy pasando. No hace falta mirar a la cara para saber quién está en el lado derecho, a quién pertenece esa bici negra que adelanta por la izquierda o quién es ese “maromo” que necesita más espacio que el resto de “jichos” y que llevas delante de tu rueda delantera. Tampoco es necesario echar mano del GPS para determinar la situación exacta del pelotón; todos sabemos cuánto nos falta para acabar este repecho y si el próximo lo subiremos decentemente.

El camino de aproximación a Izagaondoa se ha cubierto con todos los ingredientes que acabo de exponer y en la subida a Artaiz se ha visto lo que resulta normal en todas las carreras de profesionales: a unos les parece insuficiente el ritmo de carrera y otros opinan que, a estas alturas de la temporada, no es bueno atosigar a los bronquios con respiraciones alocadas, por lo que resulta conveniente y hasta imprescindible tener a mano(*) una solución para dar respuesta a tanto loco que anda suelto(*).

El segundo grupo también ha llegado a Lumbier y, a partir de entonces, ha empezado el día de descanso para Ignacio y para mí. Hemos subido Loiti contándonos nuestras aventuras. Las rotondas, lugar fatídico para tantos profesionales de la medicina, las hemos solucionado con una mano en el manillar y la otra acariciando las costuras del Attaque. Por lo demás, la antigua carretera de Sangüesa se ha convertido en el refugio preferido para un gran número de ciclistas y, sobretodo, para patinadores. Me asombra ver la velocidad que alcanzan y con aparente poco trabajo ¡una maravilla!

Así, sin esfuerzo, hemos llegado a casa con el tiempo suficiente para tomarnos un café en Esquíroz y repasar todo y más.

Hasta pronto. Bs.

 

(*) Tomado prestado a J.M. Serrat.

 

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