No hay prisa. Como casi siempre,
no dejo que el despertador suene, son las 7,30 y tengo hora y media para salir
por la puerta de casa. Hoy mis compañeros del Trío no han podido venir conmigo,
¡ellos sabrán!
Por el carril-bici de la Vuelta del Castillo bajo a la Rochapea, no hay
gente pero un madelman vestido con mochila me adelanta, tiene ganas de
demostrarme que, aunque es muy torpe tomando la intrincada curva de la cuesta
de La Reina hacia el túnel del Plazaola, es más fuerte que yo. Me acuerdo de
Ignacio y pienso: qué te den ¡fantasma!
Atravieso “La Rocha” y, poco a
poco, llego a los cuarteles de Aizoáin. Ya estoy en la carretera de Berrioplano
camino de Ollacarizqueta. No tengo ningún motivo para “picarme” con nadie, no
hay moros en la costa por delante y por detrás… a ver: ¡tampoco!. Estoy solo,
continuo con mi idea de pedalear con el mínimo esfuerzo. Alcanzo la primera
rampa del puerto de Marcaláin y no oigo mi respiración. Ya estoy arriba y el
GARMIN señala que mi casa está a 15 kilómetros de distancia ¡qué cosas!
Al bajar la cuesta de Guelbenzu
me dan ganas de fotografiar el Valle de Ulzama. Aún no sé por qué no lo he
hecho, era el día perfecto. Una ligera neblina ocultaba el futuro del Valle
pero, cerca, las cosas estaban verdes como de costumbre. El Bosque encantado de
Orgi me ha hecho señas pero no he querido hacerle caso, he seguido carretera
adelante hacia Lizaso, Auza y, en la cuestecilla de Juarbe, me he dado la
vuelta: kilómetro 30 desde Sancho el Fuerte y el sillín comienza a clavarse.
El viento me ayuda a conseguir
una velocidad de 40 kms/hora y a mantenerla sin esfuerzo. La tentación del café
es demasiado fuerte y yo muy débil, me apeo en Lizaso y los del Restaurante
Orgi me saludan con sonrisa puesta. El Marca me pone al día de los problemas de
Bale con el Tottenham y me aburre. Decido seguir la ruta y deseo que el viento
no haya cambiado de sentido.
Pedaleo sin esfuerzo y con gusto,
la velocidad no sé cual es pero la sensación es muy agradable: los llanos y las
cuestecillas se suceden hasta llegar a Ostiz y me enfrento a la N-121 y a sus
camiones venidos de muy lejos. En Sorauren me cobijo en el “camino fluvial” y
descanso. Ahora los problemas son otros, están vestidos de perros y paseantes
(madelmanes a pie que diría aquel).
Comparto el camino con los
gimnastas, peregrinos, ciclistas venidos a menos, amas de casa con mallas
ajustadas y, de repente, me veo en el parque de los ancianos de San Pedro. La
tentación es demasiado fuerte como para resistirme a hacer unas cuantas
“subidas y bajadas” en el aparato de gimnasia. Prosigo hacia San Jorge,
Landaben y, por Barañáin, entro en Pamplona.
Lo cierto es que mi pretensión
era darme una vueltita a Ulzama para desintoxicarme de la de ayer y me han
“salido” 75 kilómetros yendo de aquí para allá sin alardes. Hoy le ha tocado a
la Flash ser protagonista de todo lo que he contado y mañana, si el tiempo no
lo fastidia, le tocará a la Look. Ya os contaré.
Hasta pronto. Bs.
Ves como es mejor no estar todo el dia picandose?
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