viernes, 19 de abril de 2013
Crónicas Marcianas solidarias.
Hoy no ha habido actividad ciclista, lo siento, así que no puedo hablar de ciclismo.
Desde hace un tiempo vengo dándole vueltas a un asunto que no logro “parirlo”, me preocupa pero no se darle forma; en estos pensamientos se me amontonan cuestiones tales como: el egoísmo del personal, el cambio climático, la hipocresía de los políticos, la imposibilidad de llevar a cabo proyectos teóricamente atractivos, etc.
¿Habéis oído hablar de Compensar CO2 plantando árboles? Pues si estáis interesados, informaros en internet que hay abundantes entradas al respecto. Esto me parece un proyecto teóricamente atractivo pero, según leo noticias relacionadas con el medio ambiente, totalmente inviables, al menos en Navarra. ¿Quien se va a embarcar en proyecto de “compensación de CO2” cuando se va a eliminar la vigilancia de los incendios desde los “cuatro observatorios” que tenemos para evitarse el pago de algo menos de 35.000€ al año en salarios?.
El otro día veía por TV un documental en el que, por algo que nosotros tiramos por el sumidero de los lavabos y duchas o por los retretes, muchas personas tienen que excavar en la tierra para encontrar un poco de ¡agua! Y beberla. No digo para lavarse las axilas, bañarse en un lecho de rosas, limpiarse el culo o enjuagarse la boca y tirarla, ¡no! Digo para beberla.
¡No tenemos vergüenza! Nos quejamos por todo y vivimos en la opulencia, ¡sí! Cualquiera de los desarrapados del mundo se sentiría la persona más feliz del universo si pudiera beber un vaso de agua. Si con sólo acercarse a un grifo pudiera ver aparecer un poco de agua, ese elemento que nosotros dejamos correr sumidero abajo, mientras nos cepillamos los dientes o, después de haber hecho un poco de deporte necesitamos para recuperarnos del esfuerzo realizado con una ducha, poniendo cara y gesto de “madelman”, pensarían que se trata de otro milagro de Lourdes.
No sé qué podemos hacer desde aquí al respecto: ¿cooperar con ONG’s que tengan infraestructuras montadas para procurarla? El domingo cuando nos juntemos para dar la consabida marcha cicloturista programada, tendremos toda el agua que queramos en cualquiera de las fuentes de los pueblos por los que pasemos y, si me apuráis un poco, por las acequias de las carreteras y caminos, muchos no haremos ni caso a la superabundancia de agua que este año el invierno nos ha dejado en Navarra, la maldeciremos por los corrimientos de tierras, hundimientos de carreteras e inundaciones de los barrios, pueblos y ciudades. Igual bebemos agua mineral cogida del frigorífico despreciando la del grifo, ¡somos la hostia! Con perdón, no vemos más allá de nuestras narices.
Conforme escribo esta crónica más me cabreo. Nuestros congéneres no tienen qué beber y nosotros nos quejamos porque tenemos mucha agua. Me dan ganas de retirarme. Si alguno de vosotros lee esto y se le ocurre qué se puede hacer, le ruego que me lo diga. También me vale que otro, pongo por caso, me diga que no me preocupe, que todo esto está encauzado y que, de un momento a otro, se solucionará.
Animo, hasta otra.
Bs.
Otra reflexión; ¿no es mejor producir menos CO2 para no tener que compensar después su emisión?
ResponderEliminarSoy muy ingenua, ya lo sé; es más barato plantar cuatro árboles y además el paripé es muy vistoso.
Hola hermana pequeña, como dice la canción: todo lo que dices está bien, tus razones me van a convencer.
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