Después de lo mal que anduve ayer, me he despertado con muy pocas ganas de salir con la “flaca”. Estaba dando vueltas en la cama, un tanto desorientado, cuando ha sonado el teléfono, era el amigo Juanjo que, con voz de llevar mucho tiempo despierto, me ha terminado de espabilar; el cielo estaba bastante despejado y, mirándolo desde el abrigo de la sala, no había más remedio que salir a entrenar. Ahora sólo faltaba no fallar con el vestuario: ¿culotte largo o corto? ¿zamarra ligera o de invierno? ¿camiseta de manga larga o corta? La elección con la ayuda de Maldonado tenía que ser sencilla, así que vamos a consultar “el tiempo en Pamplona” y un problema menos: cada fuente de información contenía datos diferentes, iban desde verdaderamente fríos hasta casi primaverales y en la calle la gente con abrigo. ¡Mira, mira!, vamos a dejarnos de tonterías, mejor que sobre a que falte, me visto con ropa de invierno y asunto arreglado.
A las 9,15 estábamos enfilando por Cordovilla rumbo a Noain con el aire soplando con fuerza y a favor ¡qué bien! Sabíamos que en Campanas, al torcer hacia Urroz, comenzaríamos el calvario de 40 kilómetros con Eolo en la cara pero, por causa de esos misterios que tiene la madre Tierra con sus puntos magnéticos que echan al garete todos los cálculos, no ha sido así, al contrario, la marcha era muy fácil y nos hemos puesto al día de todas las posibilidades que tiene la Real de jugar la próxima Champions, de que se salve Osasuna del descenso y de que mañana el Real Madrid remontará, en una de esas noches mágicas de Juanito, su eliminatoria con el Borussia.
Al llegar a Urroz la situación ha cambiado y hemos tenido que dejar de hablar para poder respirar más fluídamente. Ha sido en el kilómetro 4 cuando nos ha alcanzado un tractor con remolque y… ¡zas! “ciclismo tras moto” hasta donde sea; el buen hombre nos ha llevado con el automático puesto a 27,5 kms/hora hasta un poco más allá de Urricelqui, 8 kilómetros que nos han sabido a gloria.
El puerto de Erro lo hemos subido a buen ritmo y, como siempre que pasamos por Zubiri, café en el Gau Txori.
Ya he contado en otras ocasiones que la carretera hasta Pamplona resulta una tentación muy grande como para no dejarla escapar, los días de viento norte hay que aprovecharlos para que reluzcan por el uso las coronas pequeñas, con las excepciones de las cuestas de Antxóriz y Zabaldica que las hemos subido a 32 y 41 kms/hora, respectivamente. En ésta, el “escalador” ha querido dejar las cosas claritas y, poniéndose de pie, ha coronado el pueblo a cuarentaytantos kilómetros por hora, llevando al centroeuropeo pegado a su rueda trasera. ¡Ha estado muy bien toda la vuelta! El, aún ha ampliado por Aranguren y yo derecho a casa.
El GARMIN señalaba 85 kilómetros.
No quiero terminar esta crónica sin darle públicamente las gracias a Luis (Vidales). Tú ya sabes por qué.
Hasta pronto.
Bs.
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