Todos sabemos qué es lo que hay que hacer, todos lo sabemos hacer mejor que
el tarugo que lo ha hecho. Todos habremos escuchado aquello de –“todos los españoles llevamos un
seleccionador de fútbol dentro”- Yo añadiría que de fútbol y de ciclismo, balonmano,
baloncesto, hockey, petanca… de todo.
El sábado seguimos apostando al “rojo” y salió rojo: ¡dos de dos! Miedo me
da tanta suerte, cualquier día de estos saldrá “negro” y experimentaremos qué
significa meterse en la boca del lobo.
El lobo era frío y echaba bocanadas de niebla; me hizo vestir de
preinvierno y no me arrepentí. Hacía tiempo que no atacábamos Egozcue desde
Urtasun. En lugar de pretender dejar al amigo de al lado, subimos contando
noticias, todas cabían y las nubes pasaban sin fijarse en nosotros.
En Olagüe
desembocamos en la temida N-121-A para hacer los míseros 5 kilómetros que nos
llevarían al cruce de las Ventas de Arraiz. Como digo, era sábado, hacía mal
tiempo y para el tráfico eso no era ningún problema: los camiones seguían
formando caravanas exactamente igual que otro día cualquiera de la semana ¡todo
es bueno! Los meaplayas no se habían enterado de que los
guipuzcoanos habían bajado el telón de Hondarribia y que era mejor no
intentarlo; pues bien, en medio de esa marabunta, seis “chimeneas” pedaleaban
por la recta de Lanz con los anteriores mamelucos oliéndoles el costado
izquierdo.
Ahí es donde quería llegar y por fin he llegado: la recta de Lanz y el
sube-baja que lleva al cruce de las Ventas de Arraiz. Este tramo no tiene
arcén, tiene un espacio mísero entre la raya blanca y las hierbas de la cuneta.
En ese hueco toda la vida nos hemos cobijado los locos que, de vez en cuando, nos
hemos atrevido a circular por esa maldita carretera.
¿Alguno de vosotros ha oído hablar de la fibra óptica? Sí, esa que sirve
para mejorar la velocidad en la navegación por internet. Esa misma que los
ciclistas sospechamos que la han introducido en los arcenes por los que debemos
de circular y nos los han jodido por el medio, pintándolos con una raya azul
para que se sepa que ahí, exactamente en medio del sucio arcén, han soterrado
una línea de fibra óptica. Seguramente que la cabeza pensante de quien ordenó
semejante obra de ingeniería no reparó ni un solo instante en nosotros los
ciclistas “¿Quiénes son esos, ¡ah! los
que tanto me estorban cuando voy en coche?, ¡pues les voy a dibujar una raya
azul en el arcén para que se fastidien más!”
Mirad, si mala es la rayita azul que aparece por Arre y nosotros siempre la
abandonamos en Ostiz, mucho peor es la que discurre desde Olagüe hasta Arraiz,
¡sí! la que va por el trocito que os he hablado anteriormente: la han
“terminado” a mala leche, han echado el engrudo sin gracia alguna, a borbotones
por derecha e izquierda, todavía no han pintado nada, pero sé que debajo de esa
calamidad de obra hay una fibra óptica y que por ese espacio mísero, lamiéndome
el costado los camioneros y los meaplayas, algún vigilante de la ley me diría
que –“tendría que circular o, en su
defecto, lo más cercano posible a la raya blanca”- ¡una mierda!
¿Quién ha sido el chapucero que lo ha permitido y el chapucero que lo ha
hecho? Que no tengan vergüenza, que salgan, que ahora no, pero en otro tiempo,
cuando yo iba al colegio, les habrían dado un par de oxtias por malos, por bobos.
A todo esto, me he olvidado qué hacía el sábado por Ultzama en bicicleta, ¿tal
vez visitar la posada de Jaunsarats y regresar a casa con el viento a favor?
¡Sí, creo que fue eso!
Hasta pronto. Bs.