Si tengo que ser sincero, diré que no tengo ni idea, no recuerdo si ha
tenido eco o lo han mandado a tomarporsaco.
No, no desvarío, lo que ocurre es que me ha dado por pensar qué suerte
habría tenido aquel comentario de Míkel Landa respecto a la costumbre de dar a
los vencedores de las carreras ciclistas un trofeo, un muñeco de peluche, un
ramo de flores y un par de besos.
¡Claro que sí! este es el protocolo con el que acaban todas las carreras
ciclistas que se celebran en el mundo. Lo malo de este acto, según Míkel, es
que toda la parafernalia del reparto de premios tiene dos protagonistas: el
ciclista y las azafatas, y éstas -“sobran,
no son objetos”-
Ocurre que las azafatas en cuestión acostumbran a ser guapas a rabiar,
tienen una estatura muy superior a la mayoría de los ciclistas y, por qué no
decirlo, pueden robar el protagonismo a los corredores sin que ellas se lo
propongan.
En otros deportes las mujeres espectaculares son requeridas por su físico para
realizar tareas que, bajo mi criterio, son tratadas como vulgares objetos; en esto,
el mundo del motor se lleva la palma: las paragüeras
son el mejor de los exponentes. En el mundo del ciclismo, que yo sepa, no hay
mujeres objeto, sino unas personas que tienen un cometido y que, para
realizarlo, se visten, se presentan y actúan con una exquisitez que es la
admiración de todos los que asisten a los actos de final de etapa o de prueba
ciclista. Los que no lo vean de esa manera considero que tienen un problema y,
lo que son las cosas, desde hace un rato revolotea por mi cabeza la palabra talibán.
Acabo de echar una ojeada en Google y veo que el ciclista alavés no está
solo en este asunto: en Australia han penalizado a los organizadores que sigan
manteniendo a las azafatas en los actos protocolarios; en Noruega, en Bélgica y
en algún otro lugar se cuenta con chicos para estos menesteres (mientras sean
chicos, no serán chicos objeto; las chicas sí, las chicas son “mujeres objeto”).
Todo esto desprende un tufillo de moralina, de hipocresía, de volver al
pasado, de confesor dominico, de querer ser más que el que más… de talibán, ¡vaya!
Hasta pronto. Bs.
Me gusta leer lo que escribes, Vittor. Saludos!
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