Estoy a la altura del “rebote”
del frontón de López, el ventanal de la cafetería me cobija del primer día de
invierno adelantado con el que mi pueblo se ha estrenado. El entorno no ayuda
en nada si lo que uno quiere es levantar el ánimo. Al bueno de López se le
ocurrió un día, hace ya muchísimos años, construir un frontón en su huerta y le
salió bien: grande y fuerte, largo y alto, oscuro como las murallas de
Pamplona, igual que las canteras olvidadas del monte de San Cristóbal; un
verdadero mamotreto capaz de soportar, cuan cucarachas de su mismo color, los
sucesivos días de cualquier catástrofe nuclear de estas que tanto abundan hoy
en día.
¡Jodé, qué inicio más lúgubre ha
tenido esta crónica ciclista! Cualquiera diría que tengo el ánimo por los
suelos, pero ya avisaba al principio que el día y el marco no ayuda nada para
disipar momentos malos, al contrario los aumenta.
Tendré que maniobrar rápidamente,
escapar de lugares negros, húmedos y fríos; albardarme de música agradable,
dejar de pensar en la imposibilidad de pedalear tan siquiera por el sur. Dicen
que leer es una buena costumbre y que trae consigo una fama de cultura y
admiración por los que no lo hacen habitualmente, veremos.
No obstante, reconozco que mi
primera maniobra orquestal, ha sido
también la oscuridad de la que me
propongo huir. Tengo una rutina anual que consiste en zambullirme, en los días
amenazantes como el de hoy, en la piscina. ¿Alguien ha sentido tanta tristeza
como la que se experimenta en una piscina cubierta? El agua transparente,
perfecta; la temperatura, acobais; las duchas, de miedo; los socorristas,
atentos; la soledad, infinita; el silencio, sepulcral, hasta tal punto que no
oigo el chapoteo de mi bracear; los metros se suceden despacio y las baldosas
del fondo son exactamente iguales a las de los costados. Enseguida he buscado
una excusa para alejarme rápidamente de semejante mojada ratonera y la he
encontrado en cuanto he llegado a los 300 metros: -“a los 400 me largo de aquí, no vaya a ser que me contracture por
falta de costumbre. Otro día más”-.
Seguramente que un buen número de
ciclistas hoy habrán mirado por las ventanas de sus casas, apartando los
visillos con miedo de encontrarse con lo que ya se sabía, lo venían anunciando
desde hace muchos días. El verano
inverso que hemos disfrutado desde que el cambio climático es una realidad, se
iba a acabar, que a los andaluces se les iba a apaciguar los pozales de agua
que han sufrido recientemente y que todo iba a volver a la normalidad. Pues sí,
los planes que proyectamos con la ilusión de que esto no se acabara nunca, se
han resquebrajado por su base, por su parte más lógica: estamos en el Norte, en
la zona de los pastos verdes, con árboles de los buenos, de los gordos, con
nieblas que dejan entrar con cuentagotas los rayos del sol, con temperaturas
rácanas, con lluvias casi a diario y que, puestos ya, preceden a otras, casi
olvidadas nevadas. Esto es lo que tenemos por aquí, así que no me vengáis con
truculencias de días negros como sobacos de grillos; para negritud los países
centroeuropeos, para frío en las tierras vikingas, para…, para…, para… ¡Para!
¡Para jodé! Vivimos en el mejor lugar del mundo, arriba el ánimo, sólo se trata
del primer día de invierno, quedan muchos más…
Hasta pronto. Bs.

No hay comentarios:
Publicar un comentario