Ayer, después de una semana sin subirme
a la bicicleta y de haber pasado unos días muy chungo, me lancé al frío
del portal de mi casa que era un adelanto de lo que me esperaba en la calle.
Cuando hace uno o dos grados bajo cero y de ahí para abajo y se decide andar en
bicicleta, se sabe de antemano que se va a pasar frío. Tendré la esperanza de
quitármelo pronto de encima, por ejemplo en cuanto termine de bajar la cuesta
de la Fuente del Hierro y comience a subir la de Cizur Menor; ¡sí! pero hasta
entonces habré maldecido la idea de asombrar a mis paisanos con bufanda y
gorra.
Lo cierto es que, entre una cosa
y otra, terminé la vuelta bastante “tocado”, así que decidí tomarme hoy como
jornada de recuperación: paseo por los alrededores de mi pueblo (Pamplona),
café con leche y palmera glaseada en la Rochapea y subida al barrio de
Iturrama, lo de siempre. Por el camino hay tiempo de escuchar música, de dar
vuelta a las cosas y buscar la solución.
De un tiempo a esta parte, he
comprobado que uno de mis problemas me los ocasiona una empresa que se dedica a
la telefonía y que patrocina a uno de los mejores equipos de ciclismo del
mundo, si no el mejor. No quiero detallar en esta crónica la cronología de las
conversaciones que he mantenido con los empleados de esta empresa porque me
llevaría varios folios y no estoy seguro de saber exponer tanta y cuanta
incidencia ni de que los lectores aguantasen semejante ristra de insensateces
en favor de salvaguardar la economía de la empresa telefónica, no la mía.
Cuento esto porque hoy, un
momento antes de salir a “descansar” de mis andanzas ciclistas de ayer, he
pretendido solucionar una vez más mis problemas con la mencionada súper
multinacional española y no he podido; y lo que es peor: ¡me rindo! no tengo
fuerzas para seguir peleando con gente que se escuda en el “atroz hilo
telefónico” para hacerme perder el tiempo, la paciencia y la salud. He decidido
que se guarden su verborrea y mis 170€ mientras yo me recupero en mi paseo.
Pues bien, en esas estoy cuando
me entero de que a un buen amigo mío, Juan Cruz, el pasado viernes un conductor
que “tampoco le vio” le atropelló con
su 4x4 en la rotonda de Tajonar; y van… Mi cabreo ha ido en aumento conforme me
contaba lo que le sucedió hasta llegar a la mala oxtia que se produce al
comprobar que el seguro que lleva consigo la licencia de cicloturista expedida
por la Federación Española de Ciclismo es una verdadera mierda. Desconozco el grado de
mierdez y el lugar que ocupa en el ranking de licencias expedidas por las
múltiples disciplinas deportivas de España; me da lo mismo. Lo cierto es que la
tramitación de los “partes”, el nivel de atención sanitaria y la sensación de
desamparo que ha tenido Juan Cruz con motivo de este accidente, hace que me
replantee la necesidad de tal seguro.
Y otra vez vuelvo a relacionarlo
con lo de la famosa empresa de telefonía: la mayoría de la publicidad con la
que nos bombardean a diario por los medios de comunicación es engañosa, en el
momento de contratar un producto todo es sencillo y maravilloso. A la hora de reclamar
o de darse de baja del mismo, todo es complicado o imposible. No sé por qué me
estoy acordando del tema de las “preferentes”: otra gran estafa vendida en la
mayoría de las ocasiones como un producto tradicional en la banca (una
imposición a plazo fijo o algo similar) cuando en realidad era una captación de
capital con posibilidad, en la práctica, casi nula de volver a recuperarla.
¡Pues sí! En esto estoy pasando
el día. Y yo que pensaba que tenía todo solucionado saliendo a pasear y, al
regresar a casa, me encuentro con que no: las grandes empresas se hacen ricas
por muchos cauces y muchos de ellos no son nada éticos, más bien diría que son,
lisa y llanamente mediante la vieja y famosa artimaña del robo.
Hasta pronto. Bs.
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