viernes, 17 de abril de 2015

Los preparativos de toda prueba ciclista



El tiempo climatológico anima a hacer planes de futuro. Los lunes ideamos la vuelta del martes; los miércoles barajamos mil y una posibilidades para el jueves y, todavía con el cansancio del día, empezamos a proponer vueltas y más vueltas para el fin de semana. ¿Fin de semana? ¿O tal vez Week end? Esta pregunta la hago sin acritud, la propongo a la vista de los nuevos tiempos que vivimos en los que, de manera irrefrenable, la cultura inglesa ha terminado por imponerse a las costumbres de nuestro deporte y el imperio tradicional, el nuestro, el europeo con sus belgas, holandeses, italianos, franceses y españoles ha cedido sus trastos y hasta sus figuras a los británicos.

Poco a poco dejaremos por las cunetas un reguero de grasa invernal y, sin aviso, por sorpresa, volveremos a teñir de moreno los brazos y piernas mientras guardamos impoluto el resto del cuerpo para regocijo de los bañistas de la playa.

No me puedo imaginar cuanto trabajo cuesta organizar una prueba ciclista. No me refiero a una “Gran Vuelta”, una de las tres, no; tampoco a una prueba de siete días; no pienso en las “clásicas” ni en la cantidad de carreras que se celebran por el mundo en todas las categorías. Hago esta reflexión a la vista de la cantidad de elementos que son necesarios para dar una vuelta en bicicleta con desplazamiento en coche. Ahora que estamos escapando de las garras del invierno, recuerdo los preparativos que requiere una salida a Puente la Reina, pongamos por caso. Todos sabemos que El Perdón es una barrera natural que protege de la lluvia a nuestros vecinos y es frecuente que nos acerquemos para merodear por la comarca de Valdizarbe
 
Pues bien, nunca estaremos seguros de haber metido en la bolsa todos los aperos de labranza que son necesarios para andar en bicicleta. No me atrevo a enumerarlos porque la lista sería interminable, además cada uno de nosotros necesitamos cosas distintas a las del resto, salvando las básicas y lógicas: bicicleta, zapatillas y casco. 

Conforme escribo esta crónica, me viene a la memoria una escapada que hicimos Ignacio y yo a Isaba con la idea de gozar de las paredes de nieve que bordeaban la carretera de ascenso a Belagua. Mientras terminaba de vestirme a la intemperie de un aparcamiento, rodeado de nieve vieja y sucia, una mala impresión se me fue instalando en la cabeza pues iba adivinando que me había olvidado de algo imprescindible en el equipaje de un ciclista: la chaqueta de invierno con su WindStopper, ¡hidrófuga ella! ¡Maldita sea su estampa y la mía! No era cuestión de retroceder 100 kilómetros para volverlos a rehacer. Tampoco me atrevía a adentrarme en la nieve con la camiseta interior. Ante tal situación decidí optar por la solución menos mala: subir hasta la estación de esquí o hasta donde fuere con el “plumífero”. En cuanto comencé a sudar como maratoniano en el Sahara volví a maldecir mi brillante idea de promover una salida en bicicleta con desplazamiento en coche y en invierno.

De hoy en adelante, hasta el próximo otoño-invierno, no tendré que correr con estos riesgos; los preparativos en verano son muy livianos y apenas requieren de otra cosa que no sea la crema protectora. Esperemos.


Hasta pronto. Bs.

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