¡No hombre, no! Mi medio de
locomoción no es la bicicleta, al menos no es el único; la bici la empleo en mi
profesión de ciclista y, alguna vez, para hacer “recados”.
Hoy no estaba el día para echar
cohetes de contento, así que, sin ningún remordimiento, me he montado en mi
automóvil y me he dirigido a Amaya.
El primer sobresalto lo he tenido
en cuanto he salido a la calle: ya se sabe, el célebre despistado que, circulando
por el carril izquierdo, señala con su intermitente que quiere dirigirse por el
cruce de la izquierda y ¡no! ¡No y mil veces no! Lo que en realidad quería era
cruzar de lado a lado de la calzada y salir por la derecha. ¡Es natural!
En cuanto a las rotondas prefiero
no hablar; todo el mundo tiene razón y lo curioso es que ¡todo el mundo tiene
razón!
Por fin he llegado al
aparcamiento del club y he salido de mi “popó” sin problemas. Después de unas
dos horas, al regresar, me he encontrado con la sorpresa de que no podía entrar
al coche, al mío. Tanto el vecino de la izquierda como el de la derecha se habían
arrimado a mi “deportivo” de tal manera que he echado de menos no tener un descapotable.
¿Quién no ha circulado alguna vez
detrás de lo que podíamos llamar un tocahuevos?
¿No sabéis qué es un tocahuevos?
¡Bueno, tal vez podríamos llamarlo huevón!
¡Sí! El que no tiene prisa para salir cuando el semáforo se ha puesto en “verde”
hace ya 10 segundos. De esos he visto hoy varios ¡Lo prometo!
¡Hombre! Voy a adelantar a un
ciclista. No poblemo: doy al
intermitente izquierdo y me separo de él cuanto puedo ¿1,5 metros, 2, 3? Los
que sean, no cuesta nada.
Circulo por la variante este, el límite está en 100
kms/hora y voy a alcanzar a un cacharrillo lleno de leña; por el espejo
retrovisor se acerca a tutta la oxtia el
célebre transpaquetero con cara del que sabe. Tengo dos
opciones: frenar contra la trasera del “leñero” o acelerar y dejar al hijo de fruta oliéndome el trasero. Opto por
lo segundo.
Estoy por los alrededores del
complejo comercial “La Morea” y, poco a poco, me fijo en que el coche que me
precede, un Mercedes plateado, debe
tener los “intermitentes” averiados, no le funcionan en ninguna de las múltiples
desviaciones que hemos ido tomando.
Voy hacia el parking de “Forum” y, la primera en la frente, los coches circulan
en la dirección que se les pone en los cojones: la flecha señala “por aquí”,
pues los susodichos en sentido contrario. Me paro, les miro y ponen cara de
personas avergonzadas.
Las plazas de aparcamiento
reservadas a los minusválidos tienen unas dimensiones muy superiores a las
normales, las destinadas al resto de los mortales; ¡pues bien! ¿Os acordáis del
Mercedes plateado del que he hablado
un poco más arriba? ¿Sí? Pues estaba aparcado en una de ellas y sobresalía de
su espacio lo correspondiente a su abultado culo ¡perdón! Maletero,
entorpeciendo el carril de circulación.
Al cabo de un rato, por los
alrededores de El Sadar (bonito campo
de fútbol para disputar partidos en 2B ¡como antaño!) otra vez estoy a la
altura de un Mercedes. Ahora se trata
de un automóvil en toda regla: grande, color granate, la matrícula es de las
nuevas, lo conduce una elegante señora de unos 60 años de edad, pelo blanco y
ondulado; también tiene cara de saber lo que hace ¡no hay duda! No estoy seguro
de si fue ella o su esposo quien se empeñó en comprar semejante utilitario. ¡Bien!
A lo nuestro: otro que tenía los intermitentes fundidos, aunque ¿igual resulta
que la casa Mercedes ha decidido no
instalar en sus modelos semejante antigualla? ¡Igual!
Ahora me dirijo a mi barrio, a
Iturrama. En la rotonda de Abejeras señalo que voy a incorporarme a la calle
del mismo nombre y una muchacha interpreta que no tiene ningún obstáculo
delante de ella para acceder a la “rotondita” y comienza a andar. Me ve y
empieza a gesticular ¡por dios! ¿Qué hago yo delante de ella? ¿Seré bobo? Me aberroncho y… la pobre se da cuenta de
su desatino y se avergüeza. ¡Cuántas ganas tengo de aparcar este jodido coche!
Hasta pronto. Bs.
Estoy contigo, Ancarrana. Esto es muy complicado, no entiendo nada.
ResponderEliminar¡Ja, ja, Bittor! ¡Te estás volviendo un cascarrabias! ¡Mañana haz la crónica en positivo!
ResponderEliminar¡Qué ya es casi Navidad!
Y yo que pensaba que lo hacia en positivo! Seguiré intentándolo. Ay, qué difícil es esto de la literatura!
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