Los más avispados del grupo
“chimeneas” me advirtieron de que no era aconsejable hacerse ilusiones para
hoy. Habían investigado en las más precisas aplicaciones meteorológicas y el
vaticinio coincidía: “jueves, 30 de enero
de 2014, día muito chungo”.
Tal vez por la experiencia de
estos últimos días, me resistí a hacerles caso y pensé:
-“no
importa que estéis tiritando, eso es debido al frío de la tarde. Seguro que
mañana entraremos por el hueco de la buena suerte y, pisando charcos,
acabaremos apuntándonos 3 horas de apretada musculatura ¡cenizos!”-
No, no ha podido ser. Ha sido lo
más parecido a jugar al Euromillones; lo mejor de los juegos de azar consiste en
soñar y, puestos a soñar, haciéndolo a lo grande. El resultado del sorteo de
hoy ha sido cruel para los ilusos que pensábamos en fruncir el ceño por el
blanco del Puerto de Erro o zigzaguear por las curvas del Valle de Imoz. ¡Nada!
Tampoco hay que llorar si no se
puede manchar la bicicleta, hay otras oportunidades para tirar por la borda los
kilos que nos sobran. Vuelta a la ropa de andarín; no conviene el paraguas,
mejor una gorra y a la p..ta calle.
Han sido dos horas de paseo por
el pueblo sin salir a extramuros: Vuelta del Castillo, Vista Bella, Casco
Viejo, desayuno en la calle Curia y nueva visita al verde de enfrente de mi
casa. Andar por estos lugares me reconforta; es lo que he conocido desde
siempre cuando los barrios de Pamplona eran huertas o meros atisbos de lo que
vendría mucho después. Pues sí, no me he atrevido a pisar Landaben, San Jorge,
La Rocha, ni la Magdalena, tampoco he tenido ganas de visitar Erripagaina, ni
mucho menos Burlada, Villava o Huarte; hoy me he quedado arriba, donde se podía
ver todo eso y algo más.
Seguiré insistiendo con las cosas
del azar y tal vez la suerte nos deje algo, tampoco pido mucho, parafraseando
una canción de Aute me conformo con dos o tres segundos (horas) de ternura.
Hasta pronto. Bs.
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