Somos
hombres de poca fé, si el meteorólogo de turno te dice que va a nevar, créele,
si te dice que va a salir el sol, créele, si te dice que no va a salir el sol,
seguramente será de noche, da igual, créele! Ayer lo dijeron y yo les creí, me
he dado crema protectora en las piernas y me he quemado, tenían razón, como
siempre.
ComenÇons: a las nueve, después de
sortear los inconvenientes de costumbre (madres llevando los hijos al colegio,
hombres “con cara del que sabe”, policías municipales, fittipaldis, etc.) como
un clavo en “La Chimenea”. El Escalador
se retrasa, -“como no llegue para y diez nos vamos”- y nos hemos ido.
Nos hemos plantado en Urroz sin
mucho esfuerzo, el normal, Aoiz no lo hemos llegado a pisar porque en el cruce
de Olaverri hemos girado hacia la izquierda. El costalón ni tocarlo, justo en
las primeras casas del susodicho se sigue por un camino que discurre paralelo a
la carretera de los túneles y, pese a llevar cubiertas lisas, circular por el camino es relativamente
sencillo, de vez en cuando hay que sortear charcos y recuerdos de las
caballerías pero nada del otro mundo. Sabíamos que estábamos cerca del túnel de
Nagore y que lo teníamos que subir ¡ojo! Cuando digo que lo teníamos que subir, lo digo en el sentido más literal que se
os ocurra: nos hemos situado encima del túnel y, para ello, las lluvias de este
sempiterno invierno nos lo han puesto difícil. La Sierra de Labia se ha quedado
un tanto descarnada y la ascensión resulta fatigosa. Al final lo hemos
conseguido.
Cuando nos dirigíamos hacia Nagore,
todavía en el campo, una señora nos ha dejado el “recado” de que El Escalador
preguntaba por nuestros huesos; eso era señal de que lo llevábamos delante.
¿Sabría reaccionar y tomar la ruta correcta? ¡Lo dudo! En cuanto sacas a Juanjo
de la playa de La Concha, misión perdida, la calle San Fermín no sabe si está
en Pamplona o es una festividad que se celebra por el mes de julio.
Más o menos en el kilómetro 22 se
toma el cruce de Lusarreta, se asciende cerca de 5 kilómetros y se llega a
Esnotz, rápida bajada y alcanzamos Erro. En el Gau-Txori tomamos el café de
costumbre y nos dan nuevas noticias de El Escalador: ha pasado por allí,
seguimos llevándolo por delante, da igual, ya lo veremos mañana.
La entrada a Pamplona la hemos hecho
por el “camino fluvial”. La vuelta de hoy ha sumado 90 kms. Y, entre una cosa y
otra, hemos estado cerca de 5 horas montados encima de una bicicleta, en este
caso de monte.
¿Alguna vez os he contado las
ventajas de andar en una MTB? No pienso desgañitarme repitiéndolas, sólo os
diré que los que no lo hacéis con asiduidad, no sabéis cuánto os perdéis. Una
bici de monte te permite andar por carretera, por pistas, por agua, por cuestas
imposibles y, al final, te trae hasta casa y tan campante, como si nada hubiera
pasado. ¡En fin, pensároslo! Es un consejo de amigo.
Mañana más. Bs.
Qué envidia dais. Y mientras otros dándole a la tecla...
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