Hoy
me gustaría empezar por el final, por el punto en el que hablo del GARMIN,
diciéndoos que señalaba 120 kilómetros al llegar a casa, que la velocidad media
ha resultado de apenas 24,4 km/hora, que la velocidad máxima se ha estancado en
71,2 kms/hora y que, sin subir un solo puerto de montaña, el desnivel acumulado
refleja 1248 metros. Estas cosas me hacen reir, ya empiezo a hablar como los
madelman: desnivel acumulado.
Todo empezó ayer, las aplicaciones
meteorológicas decían que hoy la lluvia lloraría a las 3 de la tarde y que el
viento soplaría del norte, así que la solución se presentaba bastante sencilla:
nuestra salida sería hacia Tolosa. Todos los componentes del “trío” nos
mostramos conformes con la propuesta y hoy, a las 8,30, estábamos en Cizur
saludando, con la mejor de nuestras sonrisas hipócritas, a los peregrinos santiagueros. La ruta que seguimos
cuando vamos a Irurzun os la he contado mil veces, así que no os empeñéis en
que la vuelva a relatar.
En el interior de los túneles del
Plazaola los goterones ayudan a despejar la modorra, caen como monedas de 50
euros y penetran, sin problema, hasta la columna vertebral. Conforme nos
acercamos a las estribaciones del alto de Olagain (San Migueltxo) la lluvia
comienza a caer en forma de spray. Es
la manera que tiene de engañar a los ciclistas que se dirigen hacia Lecumberri,
para cuando te das cuenta estás más mojado que un recolector de percebes en
Galicia. La subidita ha estado bien y ha contado con algún alarde que otro.
Las nubes del futuro tenían un color
azul marino y todo hacía presagiar
que por Leiza la cosa estaría muy húmeda. De sabios es rectificar: ante las
peticiones que hemos recibido por parte de los larraundarras, nos hemos
dirigido a Beruete por Aldaz. Resulta que, en mi juventud, pasé bastantes
temporadas en Bilbao y algo se me debió de pegar. Ante la mínima insinuación de
Juanjo y la apuesta de Ignacio, no he tenido mejor ocurrencia que subir la
cuesta de Beruete en plato grande (50x23), podemos decir que equivale a un
34x15 y así no suena tan fuerte. En este punto quiero mandar un saludo al “rey
del plato gordo”: Alfredo Blasco. ¡Ah! He ganado la apuesta e Ignacio ha pagado
el café en Lizaso.
Si, viento a favor y terreno
archiconocido hasta Pamplona y, lo que es peor, no hay manera de hacer subir el
kilometraje; llega un punto en que el 100 se muestra esquivo y no resulta fácil
alcanzarlo. Alguien ha soltado una idea peregrina que, no sé por qué, ha sido
aceptada de inmediato: subida por Miravalles y Vuelta a Aranguren.
Lo que estaba previsto para las 3 de
la tarde, nosotros lo hemos sufrido mucho antes, así que, rectificando,
rectificando, por aquello que dice algo de los sabios, hemos conseguido un kilometraje bastante decente y sin
mojarnos.
Esto es todo por hoy. Bs.
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